Astronautas de Artemis II regresan hoy a la Tierra: Reingreso a alta velocidad pondrá a prueba sistemas y decisiones de la NASA
La misión Artemis II entra en su fase más exigente con el regreso de la nave Orión a la Tierra, un procedimiento que concentra las mayores exigencias técnicas del programa.
Asimismo, expone decisiones adoptadas tras fallas detectadas en pruebas anteriores. El descenso, previsto para este 10 de abril, implica un reingreso atmosférico a más de 40.000 kilómetros por hora, con temperaturas externas cercanas a los 2.700 grados Celsius y una secuencia de maniobras que no admite desviaciones.
La cápsula, que completó un recorrido superior a 1,1 millones de kilómetros alrededor de la Luna, transporta a los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes enfrentan una etapa en la que el control automatizado y la precisión del diseño estructural determinan el resultado del operativo.
El procedimiento inicia con la separación del módulo de servicio, lo que deja expuesto el escudo térmico, componente central en esta fase. La nave debe ingresar a la atmósfera con un ángulo cercano a los -5,8 grados. Este parámetro define la estabilidad de la trayectoria: una variación mínima puede provocar desde la pérdida de control hasta un incremento en la carga térmica y estructural. La maniobra ocurre tras ajustes implementados por la NASA luego de observar desprendimientos de material en el escudo durante la misión no tripulada Artemis I.
El reingreso genera un entorno de plasma alrededor de la cápsula, fenómeno que bloquea las comunicaciones durante varios minutos. Este punto, descrito por los equipos de control como uno de los más sensibles, deja a la tripulación sin contacto con tierra mientras la nave atraviesa la fase de mayor fricción. La protección depende de un recubrimiento compuesto por bloques de material ablativo diseñados para degradarse progresivamente y disipar el calor.
Superada esa etapa, la desaceleración se apoya en un sistema de paracaídas que se despliega en fases. A más de 7.000 metros de altura se activa un primer conjunto, seguido por los principales a menor altitud, reduciendo la velocidad de más de 500 kilómetros por hora a cerca de 27 kilómetros por hora antes del impacto con el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego.
El operativo de recuperación contempla una zona de amerizaje amplia, con apoyo de la Armada de Estados Unidos, helicópteros, buzos especializados y aeronaves en alerta. La cápsula puede caer en distintas posiciones, lo que obliga a verificar condiciones de seguridad antes de cualquier aproximación. Entre los riesgos considerados se incluyen restos estructurales y posibles fugas de sustancias del sistema de enfriamiento.
El cronograma establece el amerizaje hacia las 19:07 hora de Colombia. A partir de ese momento, los equipos de rescate cuentan con un margen reducido para asegurar la cápsula y trasladar a la tripulación al buque designado para evaluaciones médicas.
La maniobra concentra las principales modificaciones técnicas del programa tras los resultados de Artemis I, donde el comportamiento del escudo térmico obligó a revisar la trayectoria de ingreso. La decisión de optar por un descenso más directo reduce el tiempo de exposición al calor, pero incrementa la exigencia sobre los sistemas de navegación y control.

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