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Un partido para el récord: 10 goles dejó la final de consuelo más goleadora en la historia de los Mundiales y un goleador consolidado

Con un marcador final de 6-4 a favor de la selección francesa, el duelo se transformó en el partido con más goles en la historia de las fases finales de un Mundial, con 10 anotaciones repartidas entre ambos equipos. Pero los récords fueron mucho más allá, al libro mundialista tocó añadirle más páginas.

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Un partido para el récord: 10 goles dejó la final de consuelo más goleadora en la historia de los Mundiales y un goleador consolidado
Foto: Cortesía FIFA

Con un marcador final de 6-4 a favor de la selección francesa, el duelo se transformó en el partido con más goles en la historia de las fases finales de un Mundial, con 10 anotaciones repartidas entre ambos equipos. Pero los récords fueron mucho más allá, al libro mundialista tocó añadirle más páginas.

El partido no pudo tener un inicio más vertiginoso. Apenas a los tres minutos de juego, Declan Rice puso en ventaja a los ingleses con una definición que quedará marcada en la memoria colectiva del fútbol británico. Se trató del segundo gol más rápido anotado por un jugador de Inglaterra en la historia de las Copas Mundiales de la FIFA, solo superado por la anotación de Bryan Robson, quien en 1982 necesitó apenas el primer minuto de juego para marcarle a un rival que, curiosamente, también fue Francia. La coincidencia entre ambos hitos, separados por más de cuatro décadas pero unidos por el mismo rival, le añadió un condimento histórico especial al partido.

Lejos de relajarse por el tempranero gol, Inglaterra siguió con una contundencia que terminó reescribiendo los libros de estadísticas del Mundial. El combinado galo logró algo que ninguna otra selección había conseguido antes: convertirle tres goles a Francia en el primer tiempo de un partido de Copa del Mundo. Es decir, este encuentro marcó la primera vez en la historia de los Mundiales de la FIFA que un rival, en este caso Inglaterra, le anota tres tantos a los franceses antes del descanso, un dato que ilustra la vulnerabilidad defensiva que mostró el equipo europeo en esa fase inicial, mientras remontaba con su propio ataque.

Un partido para el récord: Inglaterra 4-6 Francia dejó la final de consuelo más goleadora en la historia de los Mundiales

Foto: Cortesía FIFA

Si hubo un protagonista individual en esta locura de goles, ese fue Kylian Mbappé. El delantero francés firmó un doblete que le permitió alcanzar una marca que muchos consideraban casi inalcanzable: con esas dos anotaciones, Mbappé se convirtió en el máximo goleador en la historia de las Copas Mundiales de la FIFA, con un total de 22 goles en la competición. La cifra lo coloca por encima de leyendas históricas del certamen y confirma el dominio absoluto que el atacante ha tenido sobre los Mundiales desde su explosiva aparición en Rusia 2018, cuando apenas era un adolescente de 19 años.

Un partido para el récord: Inglaterra 4-6 Francia dejó la final de consuelo más goleadora en la historia de los Mundiales

Foto: Cortesía Mundial Rusia 2018

Los partidos por el tercer puesto suelen quedar relegados a un segundo plano dentro de la narrativa de un Mundial, opacados por la expectativa que genera la gran final. Sin embargo, este Inglaterra-Francia rompió esa tendencia gracias a una combinación de factores histéricos: el arranque fulminante de Rice, los tres goles ingleses antes del descanso, y la consagración estadística de Mbappé como el máximo artillero de la historia mundialista. Diez goles en un solo partido no es una cifra cualquiera en el contexto de una fase final, donde la tensión y el desgaste físico suelen imponer partidos más cautelosos y de menor producción ofensiva.

Al final, aunque el trofeo de campeón se definirá en otro escenario, este partido por el tercer lugar deja una lección clara: incluso los duelos considerados "menores" dentro de un Mundial pueden convertirse en citas inolvidables cuando se combinan el orgullo deportivo, la calidad individual y esa dosis de historia que solo el fútbol es capaz de escribir en 90 minutos.

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