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Pequeñas centrales hidroeléctricas: la apuesta que gana fuerza para fortalecer la seguridad energética y el desarrollo regional

El profesor de la universidad nacional, Oswaldo Ordóñez, geólogo y Ph. D. de la Facultad de Minas, analiza el desafío de Las pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH), que vuelven a ocupar un lugar relevante en el debate sobre el futuro energético de Colombia. Expertos consideran que el país cuenta con la experiencia, el potencial hídrico y la capacidad técnica para convertir este tipo de proyectos en un eje estratégico de la transición energética, la competitividad regional y la diversificación de la matriz eléctrica mediante una política pública de largo plazo.

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Pequeñas centrales hidroeléctricas: la apuesta que gana fuerza para fortalecer la seguridad energética y el desarrollo regional
Foto: Cortesía

Las PCH recuperan protagonismo en el debate energético

Durante décadas, el desarrollo económico de numerosas regiones colombianas estuvo estrechamente ligado al aprovechamiento de los recursos hídricos mediante pequeñas centrales hidroeléctricas. Mucho antes de la consolidación del Sistema Interconectado Nacional y del predominio de las grandes hidroeléctricas, estas infraestructuras permitieron llevar electricidad a municipios, industrias y sectores productivos que impulsaron el crecimiento económico en distintas zonas del país.

Aunque con el tiempo las prioridades del sector eléctrico cambiaron y los grandes proyectos pasaron a ocupar el centro de la política energética, el potencial de las pequeñas centrales permanece vigente. Así lo plantea el geólogo Oswaldo Ordóñez Carmona, profesor de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, quien sostiene que el recurso hídrico, el conocimiento científico y la experiencia acumulada durante décadas siguen representando una ventaja competitiva para Colombia.

Una infraestructura de menor escala con alto impacto

En Colombia, una pequeña central hidroeléctrica corresponde, en términos generales, a un aprovechamiento energético con una capacidad instalada de hasta 20 megavatios (MW). Aunque su dimensión es considerablemente inferior a la de las grandes centrales, su capacidad de aporte resulta significativa.

Según el análisis del experto, una PCH puede generar suficiente energía para abastecer una ciudad cercana a los 50.000 habitantes y, al mismo tiempo, respaldar actividades industriales, agroindustriales, mineras, comerciales y de servicios que fortalecen las economías regionales.

Entre sus principales ventajas se encuentran los menores tiempos de construcción, inversiones más accesibles y, en muchos casos, impactos ambientales y sociales más reducidos frente a proyectos hidroeléctricos de gran escala.

Pequeñas centrales hidroeléctricas: la apuesta que gana fuerza para fortalecer la seguridad energética y el desarrollo regional
Profesor Oswaldo Ordoñez

Una tecnología que ha evolucionado con el sector eléctrico

Lejos de convertirse en una alternativa del pasado, las pequeñas centrales hidroeléctricas han evolucionado junto con las transformaciones del sistema energético colombiano.

Durante las dos últimas décadas, las reformas regulatorias, la participación del sector privado, la incorporación de nuevas tecnologías, la automatización de los sistemas de operación y la necesidad de diversificar las fuentes de generación permitieron que este tipo de proyectos experimentara un nuevo impulso.

Actualmente, Colombia cuenta con cerca de 130 pequeñas centrales hidroeléctricas conectadas al Sistema Interconectado Nacional, responsables de aproximadamente el 6 % de la generación eléctrica del país, una participación que evidencia su aporte dentro de la matriz energética nacional.

Ciencia, ingeniería y conocimiento del territorio

El desarrollo de una PCH implica mucho más que la construcción de una obra de infraestructura. Cada proyecto requiere estudios especializados que integran diversas disciplinas científicas y técnicas.

Entre ellas se encuentran la geología, la geomorfología, la hidrología, la hidrogeología y los análisis geotécnicos, además de criterios relacionados con la gestión del riesgo, el diseño de obras civiles, la instalación de equipos electromecánicos y la planificación ambiental.

A ello se suma el conocimiento de las dinámicas sociales y económicas de las regiones donde se ejecutan los proyectos, con el propósito de que estas inversiones generen beneficios sostenibles para las comunidades.

Desde esta perspectiva, las pequeñas centrales representan un ejemplo de integración entre investigación científica, ingeniería y planificación territorial.

Un motor para la innovación y el desarrollo regional

El análisis plantea que las PCH también pueden convertirse en una plataforma para fortalecer la investigación aplicada, la innovación tecnológica y la formación de talento humano.

Una política nacional enfocada en este tipo de infraestructura estimularía la participación de universidades, centros de investigación, empresas de ingeniería y proveedores especializados, promoviendo la transferencia de conocimiento y el desarrollo de nuevas capacidades técnicas.

Además de producir energía, estos proyectos podrían impulsar cadenas productivas regionales, generar empleo especializado y fortalecer la competitividad de distintas zonas del país.

La propuesta de una política nacional para las PCH

El planteamiento central consiste en avanzar hacia una Política Nacional para las Pequeñas Centrales Hidroeléctricas, integrada con la planificación energética y el desarrollo territorial.

Esta estrategia debería involucrar a entidades como el Ministerio de Minas y Energía, la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), el Servicio Geológico Colombiano (SGC), las autoridades ambientales, las universidades, las entidades territoriales, las empresas del sector y las comunidades.

Entre sus objetivos estarían identificar las cuencas con mayor potencial hidroeléctrico, fortalecer la investigación científica, impulsar la formación de profesionales especializados, promover la innovación tecnológica y facilitar nuevas modalidades de inversión.

El documento también plantea la posibilidad de incorporar mecanismos modernos de financiación, incluyendo esquemas de participación comunitaria y, cuando el marco regulatorio lo permita, la tokenización de activos de infraestructura, una herramienta que permitiría fraccionar el valor económico de los proyectos en participaciones digitales para ampliar las opciones de inversión y fortalecer el vínculo entre las comunidades y las iniciativas energéticas.

Una estrategia para la seguridad energética del país

El debate sobre las pequeñas centrales hidroeléctricas ya no gira, según el análisis, alrededor de demostrar su utilidad, sino sobre la manera de convertir esa experiencia acumulada en una estrategia nacional de largo plazo.

Colombia enfrenta el desafío de consolidar una matriz energética más segura, resiliente y diversificada, y en ese escenario las PCH aparecen como un complemento estratégico a los grandes proyectos de generación.

El país cuenta con una trayectoria de más de un siglo en el aprovechamiento del recurso hídrico, dispone de empresas especializadas, talento humano calificado y un importante potencial natural que permanece disponible.

Por ello, el principal reto ya no sería tecnológico, sino institucional: construir una política pública capaz de articular el conocimiento científico, la ingeniería y la planificación del territorio para convertir las pequeñas centrales hidroeléctricas en un instrumento de desarrollo económico, fortalecimiento regional y seguridad energética para las próximas décadas.

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