¿Periodistas o influenciadores?
Por Laura Mejía Sanín He descubierto que definitivamente, tengo una relación “tóxica” con las redes sociales y los términos que han surgido alrededor de este “boom” mediático que se ha convertido en un arma de doble filo para quienes nos sumergimos en él y a veces perdemos “la cordura”. En el año 19

Por Laura Mejía Sanín
He descubierto que definitivamente, tengo una relación “tóxica” con las redes sociales y los términos que han surgido alrededor de este “boom” mediático que se ha convertido en un arma de doble filo para quienes nos sumergimos en él y a veces perdemos “la cordura”.
En el año 1997, cundo apenas tenia 10 años, Andrew Weinreich, un empresario estadounidense, lanzó al mercado una plataforma llamada SixDegress, convirtiéndose entonces, en el pionero de las redes sociales. En ese entonces, había una fuerte presencia de las compañías “puntocom”, y Winreich, como todo un visionario, aprovechó el momento para crear a Seis Grados, un directorio electrónico que tenía el objetivo de conectar a los usuarios con los “conocidos”. Sin embargo, en ese entonces, la conexión a internet no era tan maravillosa como lo es ahora, y el simple hecho de funcionar a través del teléfono, hacía que la operatividad de esta red no fuera óptima. ¿Se acuerdan de que cuando uno estaba en internet haciendo consultas en Encarta o tal vez conversando con sus amigos, y cuando llamaban a la casa, inmediatamente se perdía la conectividad? ¡Era frustrante y me enfurecía!
Pero aunque había un sin número de obstáculos, lo que sí no debemos ignorar, es que la función que tenía SixDegress, era lo que hoy en día es el objetivo del Social Media a través del Inbound Marketing: conectar, crear comunidad, atraer y generar empatía por medio de contenido de valor; ¿Se dan cuenta?
Lo mismo ocurrió cuando en el 2004, Mark Zuckerberg siendo un estudiante de Harvard, al ver que el internet empezaba a tener mucha fuerza, toma las riendas del asunto y trae la maravillosa creación llamada Facebook, una red horizontal que hoy, 18 años después, continúa siendo la número uno en el mundo con alrededor de 3 000 millones de usuarios activos.
Pero ¿qué había de malo en ese entonces con todo esto? ¡Todo parecía perfecto! Y era hermoso ver cómo establecíamos vínculos con personas que hacía mucho tiempo les habíamos perdido el rastro. Lo que no nos imaginábamos, es que años más tarde, ya con Instagram, YouTube, TikTok, y otras más al aire, estas plataformas se iban a convertir en herrramientas realmente “aspiracionales” en las que a nivel personal y profesional, se ven vidas “perfectas”, que de alguna u otra manera, han llegado a ser una “tortura” para quienes convierten en ídolos, a aquellos que con un “número de seguidores alto”, han llegado a llamarse “influenciadores”; un concepto que cada que se menciona, causa en mí un pitó en el oído y un sentimiento extraño que no he podido descifrar si es positivo o negativo.
¿Por qué me ocurre esto? Porque aunque no demerito la labor que gran parte de generadores de contenido realizan por medio de estas redes, sí considero que los periodistas no podemos ser “remplazados” por una cifra numérica llamada “likes o followers”, que según algunas personas, transmite credibilidad y es incluso, más confiable que la labor investigativa que realizamos quienes nos dedicamos al periodismo; y aquí sí qué hay una delgada línea, pues debemos tener claro que los protagonistas no somos nosotros, es la noticia, o en el caso de los “embajadores”, la marca.
Este mundo se ha vuelto inherente a nuestras vidas, y el universo, se ha obsesionado con las redes sociales. Nos “peleamos” y discutimos constantemente por obtener “vistas”, comentarios positivos, aplausos, y un sin número de elogios que sin darnos cuenta, afectan nuestro diario vivir…
No es un secreto, que al vivir literalmente de este océano digital, se nos van las luces completamente y llegamos a querer “inflar nuestro ego” por medio de estas herramientas del marketing digital; mostrar una imagen “idealizada”, y en algunos casos, hasta buscar información para tener con qué atacar a esas personas que no tenemos “en nuestro llavero”.
¿Es eso coherente? No, es absolutamente tóxico.
Por mi parte, a pesar de haber estudiado sobre la innovación y la comunicación online, he dado toda la papaya del universo a través de mis “desaciertos” o de mostrar “más de la cuenta”, para que por medio de todas estas RRSS, haya sido crucificada en más de una ocasión; pero tampoco puedo ser injusta en quedarme solo con lo “malo”, pues también he alcanzado grandes logros en ellas, lo que me ha llevado a cumplir mis metas, superando expectativas. Entonces, es aquí en dónde me cuestiono si verdaderamente amo lo digital o lo “odio”, y la respuesta se me asemeja en muchas ocasiones a la que todos hemos dado cuando estamos en una relación de pareja y sabemos que la persona con la que estamos “nos hace daño”, pero al mismo tiempo, la adoramos y esto es lo que decimos: “Sé que a lo mejor no me convenga, pero me muero por él y aunque no siempre se ha portado bien, también ha hecho cosas increíbles por mí, y eso pesa”. Se están riendo, ¿cierto? Lo sé, insisto, es tóxico.
Por eso, seamos quien seamos, debemos ser lo suficientemente responsables para no afectar “la veracidad” por medio de lo que comunicamos en estos canales, y entender que es más importante y bonito cuando nos dejamos de preocupar por una “fachada” y nos enfocamos en hacerle caso a los “algoritmos”, publicando así, información educativa, ética y responsable.
Es supremamente importante no caer en la pérdida de la autenticidad y estar más “alfabetizados” en cuanto a cómo funciona la información que vemos en internet, pues compartir algo sin leer o sin tener la confianza y certeza de dicha fuente, es un error enorme que lleva a la desinformación y a la viralización de lo inadecuado.
Recuerden, mucho de lo que compartimos se convierte en el paso a paso a seguir de demasiadas personas que están detrás de nuestros perfiles, así que está en nuestra manos impactar de manera positiva o negativa.
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