(OPINIÓN) Sí, hay que hablar de política. Por: Laura Mejía
A menudo, escucho con preocupación al entorno social y/o laboral al que pertenezco haciendo afirmaciones o cuestionamientos como: «no hablemos de política, qué pereza»; «¿Ya vas a empezar con el tema político?; «¿Para qué vamos a hablar de eso? no nos corresponde». Lo anterior me lleva a una reflexi
A menudo, escucho con preocupación al entorno social y/o laboral al que pertenezco haciendo afirmaciones o cuestionamientos como: «no hablemos de política, qué pereza»; «¿Ya vas a empezar con el tema político?; «¿Para qué vamos a hablar de eso? no nos corresponde». Lo anterior me lleva a una reflexión profunda sobre si verdaderamente hemos entendido por qué es tan urgente conversar del tema. Hablar de política es mucho más que una opción; me atrevería a decir que es una responsabilidad cívica. Hablar de política es una de las formas más poderosas de ejercer nuestra ciudadanía, ¿sabían?
Ahora, es cierto que para algunos hablar de política se convirtió en un deporte nacional al que no le dedican muchas horas de entrenamiento y salen a competir sin estar realmente preparados. También es una realidad que en los cafés y en las reuniones familiares el tema surge inevitablemente; por momentos con pasión, en otros con resignación. Sin embargo, para una gran mayoría la política es vista como «algo ajeno», reservado únicamente para los políticos de carrera y tal vez para los analistas y los medios de comunicación.
A lo anterior, no lo llamaré «percepciones erradas», pero sí me gustaría que hubiera conciencia sobre la afectación que tiene ignorar que la política no es un tema abstracto designado para expertos; pues aunque no lo hayamos notado, impacta en cada uno de los aspectos de nuestra vida cotidiana; desde la calidad y el precio de los servicios públicos y la educación, hasta el acceso a los servicios de salud. Incluso, la política tiende a definir el marco de derechos y libertades en el que vivimos. Desconocerla, es perder la oportunidad de entender cómo podemos participar en la vida cívica, entender el por qué de algunas decisiones y hacer parte de los cambios que mejoran nuestro entorno y bienestar.
El desinterés por la política o la idea de que «todos los políticos son iguales» nos lleva a una peligrosa apatía. El silencio y la indiferencia incremental la polarización y el extremismo, y acentúan los desafíos actuales, impidiéndonos avanzar y fluir hacia el país que soñamos. Además, el riesgo de no estar informados ni de participar, nos hace en algunos casos cómplices de las problemáticas y nos lleva a cederle el control de nuestras vidas a decisiones de terceros que no siempre van a ser sinónimo de nuestros intereses o necesidades.
Sí, hay que hablar de política. Aunque este tema nos sumerja en conversaciones incómodas y difíciles de enfrentar, cuando discutimos cuestiones políticas atacamos la desinformación y tenemos la oportunidad de educar a los demás y de informarnos a nosotros mismos; son estas interacciones las que tienen el verdadero potencial de llegar a soluciones efectivas y duraderas. Afrontar nuestras diferencias de manera respetuosa nos lleva a fomentar un diálogo más inclusivo; a encontrar puntos en común hacia una verdadera transformación de la sociedad, a superar barreras y a construir puentes entre personas con diferentes puntos de vista. Este tipo de conversaciones son cruciales para la cohesión social y para encontrar soluciones equilibradas a los problemas compartidos que hoy tanto nos preocupan.
Cada discusión política es una oportunidad para hacer un doble chequeo de nuestras prioridades; para cuestionar lo que está funcionando y lo que no, y para imaginar nuevas posibilidades. En una sociedad que habla de política, el diálogo se convierte en una herramienta de convivencia; nos permite escuchar a los demás y nos lleva a generar un entorno inclusivo y justo, donde todos tenemos un lugar y una voz.
Hablar de política es, por tanto, hablar de nuestra vida, de nuestras oportunidades y de nuestros derechos. La verdadera democracia radica en la participación continua como ciudadanos en asuntos públicos. Abracemos la conversación sobre política como una herramienta clave para el cambio y el progreso.

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