Saltar al contenido

¿Acaso hay un manual para vivir la tusa?

Por Laura Mejía Sanín En una sociedad en la que todo es motivo de chisme, burla o acusación, me he llegado a cuestionar qué es lo que realmente nos ocurre a los seres humanos que no somos capaces de “quedarnos callados” sin tener que meternos en lo más profundo de la herida ajena. Y no, …

R
Redacción IFM
5 min lectura
Escuchar artículo
IFM Noticias

Por Laura Mejía Sanín

En una sociedad en la que todo es motivo de chisme, burla o acusación, me he llegado a cuestionar qué es lo que realmente nos ocurre a los seres humanos que no somos capaces de “quedarnos callados” sin tener que meternos en lo más profundo de la herida ajena. Y no, no es que “calladitos nos veamos más bonitos”, es que sencillamente, tenemos una vida propia y esa es la que debemos transitar.

Hace aproximadamente 70hs, el mundo se volcó alrededor de una canción de una de las artistas más famosas del universo, y más aún, de nuestro país; pero lo que más me ha impactado, no es la acogida que ha tenido el tema, sino la cantidad de mensajes en contra que claramente, superan las frases que ella menciona en su tema, y de las que tanto nos estábamos quejando.

Yo no entiendo por qué estamos acostumbrados a querer solucionar lo que consideramos “ilícito” con lo que también es realmente, “ilícito”; es decir, Shakira les pareció a muchos una descarada, grosera, altanera y mil calificativos negativos adicionales por haberle sacado “los trapitos al sol” a Piqué, pero resulta que sí era válido señalarla a ella de esa misma manera, y al parecer, ahí no había “ningún insulto”, ¿Me hago entender? Nos molesta lo que hace el otro pero lo que hacemos nosotros no puede ser juzgado. No comprendemos que los demás son espejo de lo que nosotros mismos debemos analizar en nuestro interior.

Ahora, yo me pregunto, ¿En qué momento resolvimos que nosotros somos dueños y jueves de los demás? O lo que es peor aún, ¿Quién escribió un manual de cómo se deben hacer las procesos y de lo que está bien o mal? Hablar desde el trono, es definitivamente, un privilegio que nos enceguece brutalmente.

De los mismos creadores de este tema que ya se está volviendo cansón, llegó hace un tiempo, el famoso guion de cómo debemos manejar las emociones y que además, las que no son tan cómodas de sentir, son consideradas negativas. ¿En serio somos tan primarios y básicos? Las emociones no son ni buenas ni malas, simplemente son, y manifestarlas, es la única forma de sanarlas. Y sí, aquí también cabe ese discurso machista de considerar a un hombre “débil” si llega a derramar una lágrima. ¡Cuánto nos falta!

Ahora, los procesos que cada persona atraviesa de manera diferente y en los que las opiniones “no pedidas” no caben bajo ninguna causa, pues cada uno hace lo que puede con lo que tiene y de puertas para adentro nadie sabe nada.

La pérdida trae un duelo y cada uno de ellos es único, así como la misma persona que lo vive. Según la sicología, durante ese camino, se viven distintas emociones como tristeza, rabia, impotencia, vacío, miedo e incluso, culpa. Además, eso que sentimos puede ser totalmente cambiante y contradictorio y aún así, se vale.

No hay un manual de tusas. En ninguna parte está escrito y validado cuál es el paso a paso para afrontarla, ni mucho menos, cuál es la forma acertada. Hay personas que se les facilita expresar sus sentimientos, pero también hay a otras como en mi caso, que se nos dificulta hablar de ellas y i buscamos distintas maneras de hacerlo, a través de palabras escritas, de mensajes, cartas o canciones. ¿Y saben? Es tan válido como el que tiene una inteligencia emocional avanzada y tiene la capacidad de aceptar y soltar de una manera consciente sin tener que acudir a otro tipo de ayudas que nos permiten desahogarnos.

Lo que sí es muy cierto, es que lo que en algún momento fue amor, puede convertirse temporalmente en enojo o tristeza, pero eventualmente, eso cambiará y se transformará.

Hay millones de estudios que hablan sobre las etapas que sin duda alguna, vivimos cuando tenemos un duelo por superar, y aunque repito, cada uno es dueño de su propia vida y de cómo lo procesa, sí me he llegado a sentirme identificada con esos puntos que aquí les menciono:

  1. La depresión, esos momentos en los que creemos que no nos vamos a despertar al otro día, que el aire nos falta, que el llanto nos ahoga…
  2. La negación, ese punto en el que no nos cabe en la cabeza cómo pudo haberse terminado y buscamos distintas estrategias para recuperar al otro.
  3. Rabia, el dolor ha bajado y ahora nos invade la impotencia y el resentimiento acompañados del ego que seguramente hará tomar pésimas decisiones.
  4. Aceptación: empezamos de nuevo a sonreír, ya nos sentimos capaces de salir, conocer nuevas personas e incluso, hablar del tema sin derramar lágrimas.

Pero, ¿Cómo se enfrentan cada uno de estos puntos?

Aquí vuelvo a las primeras líneas, cada uno lo hace como cree que debe ser, como lo siente; a veces con torpeza y en otras ocasiones, con más racionalidad. Pero a la final, todos tenemos nuestras propias manchas y eso nos quita toda posibilidad de reclamarle al otro de por qué lo hizo de x o y manera.

Recordemos que vivir no es fácil, que nunca lo habíamos hecho antes, que estamos improvisando y que cuando en medio de estos pasos en falso que damos “herimos a otro’, siempre hay que intentar entender cuál es la razón por la que se llegó a ese resultado, pues siempre hay un detrás de, una trayectoria, un camino a veces rocoso y una historia que nosotros, desconocemos.

Vivamos y dejemos vivir. Que este 2023 nos llene de más empatía, generosidad y solidaridad.

Compartir:

Noticias relacionadas