(OPINIÓN) Triunfa Gaviria en Cartagena. El liberalismo se declara en oposición al gobierno. ¿se perfila una Gran Coalición Programática?. Por: Juan José Gómez
Aunque no puede decirse que el resultado de la Convención del Partido Liberal celebrada en Cartagena era inesperado, en realidad si resulta alentador saber que el expresidente César Gaviria Trujillo sigue conservando la sartén por el mango (y el mango también) en materia de jefatura nacional del lib
Aunque no puede decirse que el resultado de la Convención del Partido Liberal celebrada en Cartagena era inesperado, en realidad si resulta alentador saber que el expresidente César Gaviria Trujillo sigue conservando la sartén por el mango (y el mango también) en materia de jefatura nacional del liberalismo, asegurando no solo que retira a su partido del gobierno, sino que elaborará las listas de aspirantes liberales al Congreso y que conserva un sólido respaldo de sus copartidarios para señalar con dedo firme en nombre de la colectividad que preside a quien en representación de los intereses de la centroderecha nacional, en todo superiores a los meramente partidistas, ostentará la candidatura presidencial de la Gran Coalición que para bien de la democracia colombiana, si Dios lo quiere, puede vencer al petrismo, alias Pacto Histórico, en la próxima elección de Presidente de Colombia.
A algunos amigos míos los asusta que faltando todavía varios meses para la iniciación de la temporada electoral estén “echándose al agua” tantos patos y patas que aspiran a dirigir el proceso de aseo y mantenimiento de la casa de Nariño tras el uso y el abuso de cuatro años de desbarajuste gubernamental petrista.
Alegan los asustadizos que mientras más tiempo pase y más recursos se utilicen en campañas unipersonales será más difícil que los y las aspirantes a la jefatura del Estado cedan en sus precandidaturas en favor de un candidato único de coalición programática, que es la más firme opción que tiene la centroderecha de recuperar el poder.
Tendrían razón en ese temor si para la elección presidencial del 2026 se regresara al irremediablemente perdedor sistema de candidatura de partidos o grupos, pero si como todo parece indicarlo los políticos de la centroderecha democrática aprendieron la lección y se van a contentar con una parte del poder ya que no lo pueden obtener todo, entonces me parece que puede descartarse tal temor, entre otras razones porque se supone que los partidos y grupos cívicos que acepten patrocinar, financiar y adelantar campañas uninominales, deberán hacerlo con el previo y público compromiso del precandidato o precandidata de aceptar que sus aspiraciones tendrán la duración y el significado de una especie de primarias, porque la candidatura -la definitiva- será de alianza o coalición o no será. En tal sentido sería bienvenida una declaración pública y solemne del partido y del precandidato.
Y aquí llegamos a una parte muy peliaguda del asunto, porque se trata nada más ni nada menos de decidir cual será el procedimiento para escoger al candidato único de la Gran Coalición Programática Nacional con la demostrada vocación de triunfar en la jornada electoral. Generalmente es en este punto y hora en que se rompen las negociaciones, se dañan las alianzas, se destruye lo construido, se pierde la elección y gana el candidato petrista.
No existe una fórmula mágica que garantice la solidez del proyecto y su continuidad exitosa. Unos dirán que, por encuestas, otros que mediante elección primaria adelantada por la Registraduría y hasta es posible que alguien llegue a sugerir la constitución de un colegio electoral. Todas las fórmulas sirven y ninguna sirve. Lo que si debe descartarse de entrada es dejar para última hora y última decisión ese procedimiento. Si ha de existir una alianza con programa, inevitablemente debe pactarse desde el comienzo cual será la fórmula para escoger al candidato o candidata o de lo contrario no meterse en tantos problemas y dejar en manos de la pseudodemocracia, del gran capital, de la Registraduría, del gobierno y del fracaso todo el problema, en cuyo caso “que entre el diablo y escoja”.
Post scriptum: ¿qué pasó con la Alianza Nacional Republicana propuesta por el expresidente Duque? La idea era y es muy buena y es viable, para lo cual lo único que se necesita es plata y gente. ¿Acaso ya no queda nada ni de la una ni de la otra?

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