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(OPINIÓN) Que Dios perdone a los electores de Petro el mal que le hicieron a Colombia. Por: Juan José Gómez

No negaré que la democracia es el sistema de gobierno que permite a los ciudadanos de un país votar por quien o quienes consideren más aptos para gobernar o legislar, pero este derecho debe ejercerse siempre en conciencia, es decir, teniendo presente que el bien general prima sobre el particular y q

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Redacción IFM
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Que Dios perdone a los electores de Petro el mal que le hicieron a Colombia. Por: Juan José Gómez

No negaré que la democracia es el sistema de gobierno que permite a los ciudadanos de un país votar por quien o quienes consideren más aptos para gobernar o legislar, pero este derecho debe ejercerse siempre en conciencia, es decir, teniendo presente que el bien general prima sobre el particular y que la elección debe recaer en personas que según el recto criterio del votante garanticen que poseen las condiciones morales e intelectuales que los hacen dignos de este honor que, a su vez, implica una gran responsabilidad.

¿Se dieron estas condiciones en la elección de Gustavo Petro Urrego como Presidente de Colombia? Me temo que no. Una gran cantidad de electores votaron por las promesas del candidato de hacer cambios, pero que quede claro que no se trataba de cambios que implicaran retrocesos ni saltos al vacío, sino cambios positivos y favorables, que
intentaran acabar con la tremenda inequidad que reina en Colombia y que ofrecieran beneficios personales, sociales y económicos a quienes vivían en condiciones altamente desfavorables.

Otra parte de la población, la de los jóvenes especialmente, votó por ese espíritu de franca rebeldía que al parecer es parte de la falta de años, de conocimientos y de experiencias de sus integrantes o producto de una deficiente educación, como es la que ofrecen muchos
docentes poseídos de insanos sentimientos de envidia, rencor y frustración.

Queda por mencionar ese otro segmento poblacional conformado por los izquierdistas radicales, los admiradores y seguidores de los hermanos Castro de Cuba y de su sucesor Diaz-Canel; de Maduro, Cabello, Padrino y los Rodríguez de Venezuela; del diabólico
matrimonio nicaragüense de Daniel Ortega y Rosario Murillo; de Pedro Sánchez el déspota presidente del Consejo de Ministros de España y en términos institucionales del Grupo de Puebla, el heredero del Socialismo del Siglo XXI inicialmente difundido por el Foro de Sao
Paulo.

Nunca se mencionó en la irregular campaña presidencial del Pacto Histórico que se haría un cambio en el aceptable sistema de salud que desde hace cerca de 30 años rige en Colombia para sustituirlo por el que terminó aplicándose por el corrupto e ineficiente Seguro Social, ni que desde la entidad que maneja los fondos de la salud pública y el Ministerio y la Superintendencia del ramo se intentaría marchitar a las EPSs que operando en armonía con los principios de la administración eficiente ha mejorado sustancialmente el servicio que se presta a los usuarios. Tampoco se explicó que se intentaría una reforma laboral que más que la creación de nuevas fuentes de empleo pretendería aumentar los beneficios a quienes hoy gozan de la fortuna de estar laborando y obteniendo crecientes salarios para el sostenimiento familiar y personal.

Si en el año 2021, por la tramitación ante el Congreso de un proyecto de reforma tributaria que era muy inferior a los dos que presentó y sacó adelante el gobierno del Pacto Histórico, se registró la peligrosa y sangrienta asonada, liderada por personajes de máxima importancia en el gobierno nacional de la actualidad, que en última instancia lo que
pretendía era tumbar al presidente Duque, como se explica que esos mismos dirigentes, que casi repiten su hazaña en contra de la Corte Suprema de Justicia tratando de presionarla y encerrarle para que eligiera una fiscal amiga, cuando se trata de un gobierno que reputan como suyo hagan y deshagan con el pobre pueblo colombiano que se ve obligado a tolerarlos, ponga el grito en cielo ante las protestas populares por sus dos gigantescas reformas fiscales y por no estar de acuerdo con sus impopulares reformas a la salud y al trabajo?

Mucho menos se anunció que desde el gobierno de Petro se pretendería mantener en constante ebullición a los sectores inconformes del cuerpo social, ni que el presupuesto nacional se emplearía en gastos suntuarios en el sector diplomático y consular, o en gastos de la familia presidencial o en crear burocracia para emplear a los “angelitos” del M-19 y muy especialmente en comprar conciencias y votos de congresistas y en el de crear apetitosas oportunidades para que la corrupción creciera y se adueñara del ámbito oficial en todo el territorio nacional.

Haber elegido Presidente al señor Petro fue un terrible error que hoy está pagando dolorosamente buena parte de la sociedad colombiana y a pesar de que hay muchas voces en el sector petrista que admiten su equivocación y juran y perjuran que en las próximas elecciones de Congreso y Presidencia enmendarán su error, no por eso cesan los perjuicios causados al pueblo colombiano por estas personas que actuaron con ligereza, imprudencia o malicia.

¿Cómo podía esperarse que el señor Petro, una persona que jamás ha tenido un empleo donde pueda decirse que aprendió buenos modales, a falta de otra cosa, tenía condiciones de gobernante? ¿Cómo suponer que un guerrillero, soberbio e insensible como debió ser Petro a juzgar por sus rabietas, insultos y salidas de tono, al que se le acusa, ignoró si con razón o sin ella, de actos tan inhumanos como el de defecar sobre los “prisioneros” o más precisamente secuestrados que mantenía en agujeros subterráneos en los sangrientos tiempos del M-19, poseería las virtudes que deben adornar a un mandatario, con mucha mayor razón si se precia de ser demócrata?

¿Cómo imaginar que la persona que lleva una vida tan caótica como es la que a veces evidencia nuestro actual Presidente con sus desapariciones no explicadas y su admisión de la dependencia del “café”, goza del equilibrio emocional que es absolutamente Indispensable para un hombre que tiene enorme influencia sobre la vida de más de 50 millones de colombianos?

Lo último que ha sucedido con el presidente Petro es lo más diciente de todo: Como el Senado de la República no les ha marchado a sus tan cacareadas reformas a la salud y laboral, entonces amenaza, en compañía de su ilustre y benemérito Ministro del Interior (hay que tener mucho cuidado con el interior del Ministro) que convocará una consulta popular. ¿Creen el par de funcionarios que el mismo Senado que al parecer archivará esas reformas le dará su aprobación a dicha convocatoria? En el caso de que así fuera, ¿de dónde de saldrá el dinero para costearla? ¿Acaso no dizque estamos en estado de
insuficiencia económica? Pero supongamos que el Senado dice que si y que la Corte Constitucional también dice que si y que el Ministerio de Hacienda obtiene el dinero, aunque sea con una nueva contribución fiscal. ¿Cómo será el texto de la pregunta, por cierto, necesariamente técnica y extensa que se le hace al electorado?

¿Es que se pueden expedir leyes a través de consultas populares? Avancemos todavía
más en las suposiciones. Todo lo anterior se logra, pero ¿cree el gobierno que puede obtener la participación electoral de cerca de 13.6 millones de votos?

Al llegar a este punto, no sé por qué recuerdo dos versos de “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca: “Que toda la vida es sueño /y los sueños, sueños son”.

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