Lamentable opacidad
La transparencia es un valor que los empleados públicos, incluido el Presidente, deberían- siempre- practicar

Por: Jorge H. Botero
La transparencia es un valor que los empleados públicos, incluido el Presidente, deberían- siempre- practicar
Es notoria la impuntualidad -cuando no la ausencia absoluta- del presidente Petro en el cumplimiento de las tareas que él mismo se ha impuesto. Naturalmente, es una falta de cortesía y respeto con sus interlocutores. Cuando obliga a esperar durante horas a un conjunto de funcionarios -por ejemplo, los que asisten al Consejo de Ministros- se afecta la eficacia del gobierno. La falta de buenas maneras en las relaciones con los estamentos judiciales y castrenses ha generado resentimientos difíciles de superar. Por fortuna, dirán algunos…
No importan mucho las largas horas de antesala aplicadas a los empresarios nacionales pues en fin de cuentas no se van a ir del país. Esos desaires, junto con los frecuentes discursos insultantes, están en línea con el anhelo de que el motor de la economía sea el Estado y no los particulares, de modo tal que si la inversión cae, como lo muestran las cifras, ese es un fenómeno que será revertido en el corto plazo.
Satena, el Banco Agrario y la ADRES en breve lapso serán los líderes en el transporte aéreo, la banca y el sistema de salud. Esperemos un poco y veremos surgir una poderosa industria automotriz. El turismo sustituirá los hidrocarburos a pesar de las burlas malintencionadas de quienes desprecian a los y las nadies. La paz en los territorios avanza a buen ritmo. O eso nos dicen.
Distinto posiblemente sea el efecto cuando el presidente deja plantados a un conjunto de empresarios extranjeros, tal como sucedió en España hace poco. A menos que integren un combo masoquista, pues de todo se ve en la viña del Señor,quizás el desaire infligido no haya sido un buen estímulo para que se decidan invertir o ampliar las inversiones en nuestro país.
Las consecuencias pueden ser de mayor entidad cuando tardanzas y ausencias ocurren en reuniones programadas con autoridades de otros países. Faltar a las reglas de la diplomacia adoptadas para la comunidad de las naciones ofende no solo al representante sino al país representado. Desvanece la presunción de que todos los Estados, dada su condición soberana, son iguales entre sí. “Si te obligo a esperarme es porque nosotros somos más importantes que ustedes”.
De otro lado, tratar a las patadas al gobierno del Perú, luego de que su Congreso destituyera, con apego a la Constitución, a un gobernante golpista, a lo mejor no ayude a forjar una alianza entre los países de la región en defensa de la Amazonía.
Vayamos a otra dimensión del anómalo comportamiento presidencial del que mucho se especula en privado, pero que es necesario debatir en público: su frecuente desaparición durante días y noches enteras. Tanto fuera del país -Francia, por ejemplo-, al regresar de un viaje internacional -de Alemania, para no ir más lejos-, o sin que exista, que podamos conjeturar, otro factor desencadenante. No solo ocurre que no se sabe dónde está, sino qué hace en ese sitio recóndito en el que ha decidido refugiarse. Esta es una conducta insólita. Lo más parecido que puedo recordar son las breves escapadas nocturnas del Presidente Valencia (1962-66) para visitar unas señoritas del vecindario que mucho le divertían…
En un Estado democrático como lo es el nuestro, la prensa, los ciudadanos y el Parlamento, tenemos derecho a conocer información fundamental que hoy no se encuentra disponible. La opacidad es absoluta. En contra de esta tesis podría anotarse que una lectura literal de la Constitución daría pie para afirmar que el derecho a la intimidad personal y familiar -que nos permite mantener bajo reserva un cierto ámbito de la vida- es un derecho absoluto del que todos gozamos por igual. La tesis correcta es la contraria.
Todos tenemos ese derecho. Pero al asumir responsabilidades públicas, en especial las altas magistraturas, perdemos parte de esa esfera de protección. El estado de salud, que el ciudadano particular puede mantener en secreto, en el caso de quienes gobiernan es de interés público y, por lo tanto, puede ser indagado por ciertas autoridades y, eventualmente, divulgado en público.
Recuérdese que la función primordial del Vicepresidente de la Republica consiste en reemplazar al Presidente en sus faltas temporales o absolutas, lo cual puede ocurrir, entre otras, por razones de salud. Si hay indicios de que no está en condiciones de desempeñar el cargo podría ser constreñido a que se someta a exámenes médicos, Si de ellos se concluyere que su estado de salud le impide ejercer el cargo, el Vicepresidente deberá asumir la jefatura del Estado ante el Congreso.
Ocurre lo mismo -la atenuación del derecho a la intimidad- cuando se pretende establecer si el Presidente, u otros altos funcionarios, son dignos o no de permanecer en sus cargos. La potestad de decidir sobre esta espinosa cuestión corresponde, de manera incuestionable, al Senado de la República. Por supuesto, para que pueda juzgar en esta materia con adecuados elementos de juicio no le es oponible el derecho a la intimidad.
No existen en Colombia, que yo sepa, precedentes sobre el derecho a la intimidad en las dos situaciones que he mencionado. Pero hay uno muy interesante, ocurrido en un ambiente constitucional semejante. El proceso de destitución adelantado en 1998 contra el Presidente Clinton en los Estados Unidos, que fue acusado de mantener relaciones sexuales inapropiadas con una joven funcionaria (curioso adjetivo sobre el que no voy a especular). Aunque fue absuelto, jamás se puso en duda que sus jueces estaban facultados para conocer aspectos esenciales de su intimidad.
Nada conozco sobre la salud de nuestro presidente. Nada sé sobre su conducta intima. Ignoro los rumores que corren. Me limito a decir que tenemos derecho a conocer, de manera oficial, aquellos elementos de su vida personal que tengan incidencia en el ejercicio de la Presidencia. En esto la prudencia obliga a ir con calma. Podría comenzarse por un debate parlamentario al comenzar la próxima legislatura.
Briznas poéticas. De Francisco José Cruz, poeta español:
Si fuera así la vida,
en pos de su destino, pero lenta, sin salirse un instante
de los férreos raíles
hasta llegar al final del trayecto.
Si fuera así la vida,
Viendo pasar distraído el paisaje
Tras un amplio cristal
…
Si fuera así la vida,
monótona, segura, como el tren
que se deja llevar
en pos de su destino,
¿Quién en verdad la querría vivir?

Noticias relacionadas
Obispos de Antioquia llaman a votar con responsabilidad y rechazan el odio y la polarización en Colombia
Las Provincias Eclesiásticas de Medellín y Santa Fe de Antioquia emitieron un mensaje conjunto de…
Valle de Aburrá registró temperaturas por encima de los niveles habituales durante la última semana
El Área Metropolitana del Valle de Aburrá y el SIATA reportaron un incremento inusual de las…
Cuarta Brigada desplegará cerca de 5.900 militares para garantizar la seguridad electoral en Antioquia
El Ejército Nacional confirmó la activación de un amplio operativo de seguridad en Antioquia con…