Saltar al contenido

Enigmas económicos

Por Jorge H. Botero Dijo el Presidente en la Asamblea de la Andi que su gran propósito es la creación de riqueza, propósito del cual depende el éxito de las políticas para distribuirla de mejor manera. ¡Bien por él! Luego añadió que entiende por tal la producción industrial y agropecuaria. Sin embar

R
Redacción IFM
6 min lectura
Escuchar artículo
IFM Noticias

Por Jorge H. Botero

Dijo el Presidente en la Asamblea de la Andi que su gran propósito es la creación de riqueza, propósito del cual depende el éxito de las políticas para distribuirla de mejor manera. ¡Bien por él! Luego añadió que entiende por tal la producción industrial y agropecuaria. Sin embargo, quizás las actividades de transformación de minerales (petroquímica, metalurgia, por ejemplo), por ser parte del despreciable extractivismo, no sean, según su visión, generadoras de valor para la sociedad. Dijo sí con claridad que los servicios financieros, comerciales y de logística -el sector terciario de la economía- no incrementan el acervo colectivo (no constituyen «riqueza»), pero le concede ese atributo al turismo que no es parte de las actividades manufactureras y agropecuarias… Se lleva uno la impresión de que no solo quiere transformar la política sino también la teoría económica.

Consecuente con estos postulados, señaló que le pedirá al director del Dane que desarrolle una metodología propia para determinar lo que llamó la economía real. Esa sugerencia podrá cumplirse, aunque sin dejar de calcular el PIB bajo las reglas de uso universal. De lo contrario, dejaríamos de ser -gobierno y empresarios- sujetos de crédito internacional; y el país destino atractivo para los inversionistas, nacionales y foráneos. Nadie invierte o presta a ciegas; en materias contables la ortodoxia es ineludible.

Cree nuestro nuevo mandatario que el país se ha desindustrializado, afirmación que no es correcta. Aunque la industria ha perdido participación en el PIB, porque otros sectores han crecido a tasas más elevadas, salvo en años terribles como el 2020 no ha dejado de crecer. Lo mismo acontece en la generalidad de los países. Por este motivo, los empleos que necesitamos con urgencia en buena parte provendrán de sectores diferentes a la industria. En Estados Unidos, para sólo citar un caso, desde 1970 solo uno de cada diez empleos nuevos proviene del sector manufacturero.

A mediados del pasado siglo, se impuso la tesis de que el sector industrial debería liderar la economía y que, por lo tanto, el Estado tendría que estimularlo. Así surgieron un conjunto de políticas: la protección del mercado interno, la inversión pública en la industria pesada, reglas de preferencia para el suministro de bienes al gobierno, programas andinos de integración industrial, acceso a crédito «de fomento», asignaciones preferenciales de divisas en el contexto de estrictos controles cambiarios, etc.

En Colombia y otros países de la región el fracaso fue contundente. Las industrias que durante décadas intentamos desarrollar no fueron capaces de subsistir sin cuantiosos subsidios, no se apropiaron de las tecnologías que las harían competitivas, los consumidores, carentes de la capacidad de elegir, fueron obligados a pagar precios excesivos, la banca estatal se dedicó a rescatar empresas quebradas de personas bien conectadas. Por eso la política dominante en la actualidad consiste en proveer mecanismos que faciliten el desarrollo empresarial, sin conceder preferencias a sectores, y, menos aún, a empresas. Ese paradigma se condensa en la fórmula «el Estado no escoge ganadores».

Nuestro novel gobierno parece moverse en una dirección distinta, basada en políticas preferenciales, tanto para la industria como para el agro. Más todavía, si hemos entendido bien, se supone que habrá una interrelación estrecha entre ambos sectores, de manera tal que el desarrollo industrial se realizaría a partir de materias primas nacionales provenientes del campo para producir alimentos. Este paradigma solo tiene sentido si existen condiciones propicias. Suiza trasforma cacao importado de países tropicales. Nuestra industria avícola ha logrado un éxito colosal en el suministro masivo de pollo y huevo gracias a que importa el maíz amarillo que no producimos en las cantidades, calidades y precios adecuados.

En reciente columna Dani Rodrik, un reconocido experto en temas de desarrollo, anota que ahora vuelve a estar de moda que el gobierno juegue un papel protagónico en el crecimiento de la industria. Añade que los gobiernos que quieran tomar ese camino tendrán que evaluar con gran cuidado los fracasos del pasado antes de actuar. En el caso nuestro se precisa establecer la compatibilidad del herramental que se diseñe con los compromisos internacionales vigentes; no hacerlo podría dar lugar a represalias contra nuestras exportaciones y a una crisis consecuencial en la balanza de pagos. Igualmente, los costos fiscales de esos mecanismos que hoy carecen de fuentes presupuestales. Y, por último, las consecuencias redistributivas de unas políticas que, años atrás, fueron altamente regresivas.

En la actualidad, en este país y en muchos otros, el objetivo de la política económica asigna especial importancia a propiciar el crecimiento, objetivo complementado con estrategias redistributivas de naturaleza fiscal. Para su realización se requiere poca intervención estatal, salvo para garantizar la transparencia y eficiencia de los mercados, asegurar la provisión de bienes y servicios básicos, y proteger el medio ambiente. Un paradigma diferente, que suponga metas de crecimiento diferenciales para los distintos sectores, implica un grado alto de intervencionismo estatal. Habrá que ver si ese modelo es coherente con el previsto en la Constitución y le conviene al país. Sin duda, tendremos que estar atentos a las propuestas que contenga el Plan Nacional de Desarrollo. Puede ser una caja de Pandora.

Los ímpetus estatizantes de Petro son corolario de su desconfianza por la economía de mercado. Dijo en el foro de la Andi que si la dejamos operar con libertad sólo produciremos petróleo y cocaína, los únicos productos en los que radican las ventajas competitivas de Colombia, un pobre concepto de lo que somos capaces de producir.

Según me dicen, los aplausos que recibió el Presidente al final de su exposición fueron de mera cortesía. No sorprende dada la audacia de sus planteamientos.  Como una sólida alianza entre el Estado y la sociedad civil es indispensable para que el país progrese, hay que persistir en el diálogo. La presencia del Presidente en ese foro es una señal alentadora de su disposición a escuchar y a buscar acuerdos.

Briznas poéticas. De Ana Blandiana, gran poeta rumana: Caballos y poetas / Belleza de un mundo / vencido por la técnica, / Seres que el tiempo / deja atrás / Aprisionados en su propio hálito / Caballos y poetas, / Cada vez más escasos / Cada vez más inestimables.

Compartir:

Noticias relacionadas