(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 19, por Luis Camilo Osorio Isaza
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 19 titulado «Encuentro con la historia grande, Uribe Vélez».
IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 19 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.
Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 19 titulado «Encuentro con la historia grande, Uribe Vélez», escrito por el exfiscal General de la Nación Luis Camilo Osorio Isaza. A continuación, se transcribe el texto mencionado:
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ENCUENTRO CON LA HISTORIA GRANDE, URIBE VÉLEZ
Por: Luis Camilo Osorio Isaza, exfiscal General de la Nación.
“En la terrible crisis en que nos hallábamos hacía falta energía y audacia. Se necesitaba a un hombre que de haberle preguntado después de su misión si había transgredido alguna ley, fuera capaz de responder como Cicerón o Mirabeau: ‘juro haber salvado la república’”. Napoleón.
La epopeya de su obra está a cargo de la Historia grande de Colombia.
Del presidente Uribe puedo decir: salvó la República, cumplió la ley, honró la función ¡y se colmó de gloria!
Mi testimonio del líder auténtico y talentoso, del personaje épico, del caudillo excepcional, se complementa en el encuentro con el ser humano sencillo, desprevenido, inteligente y sabio, que inspira e irradia confianza con su carácter firme, transparente y directo en el trato.
En los años 80 asistíamos al encuentro anual de los paisas en El Pórtico; mi padre, al presentármelo, me dijo “hijo, este joven va a ser presidente de Colombia”. Después, lo volví a encontrar en el Congreso; en mis funciones como registrador nacional, el entonces senador Uribe lideraba lo que sería la Ley 100, el mejor sistema de salud, pensional y de seguridad social integral del Continente.
Años más tarde, lo visité en la Gobernación de Antioquia; ya era un importante dirigente regional conocedor de la problemática de la guerrilla, fortaleció las capacidades de Estado para proteger a la gente de bien, en momentos en que los líderes nacionales preferían concertar con los subversivos.
Uribe proyectó su plan: la misión formidable del bienestar ciudadano, consolidando las condiciones de lo que ha sido su obsesión; la inversión para generar empresas que procuren las bases de acceso al trabajo estimulando los factores de competitividad y productividad. Que más colombianos tengan acceso al trabajo con remuneración adecuada, en un Estado austero y eficiente: fusionó ministerios y entidades descentralizadas, suprimió las inútiles, concentró embajadas.
Ya como precandidato lo encontré a principios de 2002 en casa del periodista Julio Sánchez y le hablé de la preocupación por un procedimiento más garantista y con mejores herramientas para la investigación y el juicio. Posteriormente, en reunión con su grupo de trabajo expliqué lo mismo que al resto de las campañas.
Propuse a los candidatos mejores condiciones de transparencia y seguridad jurídica, el abandono del modelo perverso en el que un fiscal puede dictar medidas privativas de la libertad sin intervención de un juez; el fortalecimiento de la capacidad punitiva del Estado, la profundización de la función investigativa y acusatoria de la Fiscalía, la cadena de custodia para preservar las evidencias y elementos materiales probatorios, la autorización judicial para ordenar escuchas telefónicas y otras comunicaciones y el fortalecimiento de funciones de las autoridades de policía judicial.
Destaco que el mayor interés y análisis en la materia de reforma judicial, lo percibí en quien sería después el presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, aunque también, recibí el apoyo inicial y decidido del entonces presidente Pastrana.
No fue en vano la gestión ante el candidato Uribe. Ejecutivo como el que más, nominó tempranamente ministro de Interior y de Justicia a Fernando Londoño Hoyos, para adelantar lo que sería una empresa exitosa legislativa: Fernando comprometió a sus propios aliados y adversarios, con la sola conveniencia del perfeccionamiento de la justicia, lo cual condujo al Acto Legislativo 3 de 2002, y con el concurso de Jaime Granados Peña, se consolidó lo que sería la revolución de las instituciones penales y, con ella, la nueva política criminal.
Protocolaria y gentilmente fui invitado a la instalación del nuevo Gobierno en la plaza de Bolívar; el presidente Uribe “barrió” en la votación de primera vuelta -ballotage-, hazaña sólo repetida por él mismo en las siguientes elecciones. En mitad de la ceremonia escuché los “rockets” que dieron con la vida o la integridad de más de 100 desvalidos habitantes de la calle, vecinos del Palacio Presidencial; enseguida me desplacé para verificar el curso de otro de los artefactos que milagrosamente no estalló. Esa misma tarde, imperturbable, el presidente Uribe me invitó a acompañarlo, a partir de las 6 de la mañana del día siguiente, al periplo de recuperar el territorio patrio de manos de la guerrilla y del resto de la criminalidad. Aterrizamos una hora después en Valledupar, el primero de muchos viajes en que lo acompañé en consejos comunitarios, de seguridad y los de orden público. Con él recorrí el país, de norte a sur, desde el Pacífico al Orinoco… donde también era necesario recuperar soberanía y ocupar socialmente el territorio.
“Puede hacerse todo con las bayonetas, salvo sentarse en ellas”.
Una mañana, el Presidente, me informó que los taxistas tenían planeado el bloqueo de los principales cruces de carreras y avenidas para inmovilizar a Bogotá, a cuyo efecto se convino con Antanas Mockus realizar el desalojo de quienes impedían que ciudadanos de bien pudieran concurrir al trabajo; entonces, como ahora, “fuerzas oscuras” estaban detrás de la desestabilización.
Con la misma decisión, otro día, aguas arriba por el Putumayo, tenía bien ubicado donde operaba a Raúl Reyes, y cómo este sujeto pasaba de un lado al otro de la frontera porosa, por la desidia, indiferencia o complicidad de Correa en Ecuador, ordenó desactivar esa bomba de tiempo, con la operación en caliente que desmanteló el campamento con observación de principios humanitarios y la debida recolección de elementos materiales probatorios (que permanecen sin su debida valoración y eficacia).
La propuesta de paz del presidente Uribe fue tan efectiva como sabia: que los alzados en armas las entreguen y se reintegren a la vida ciudadana, ¡y los cabecillas, que respondan! Y simultáneo a ello, que los recursos estatales sirvieran para generar confianza entre la comunidad y los empresarios azotados por la subversión, trabajando en equipo con instituciones como el Sena, el Bienestar Familiar, y con cantidad de entidades públicas y privadas, ¡como el empresariado antioqueño que lo quiere y lo respeta! Así se desmanteló el paramilitarismo, con los cabecillas, primero aislados en Ralito, luego en cárceles de seguridad y, para los que continuaban delinquiendo, con la extradición a los Estados Unidos. También debo destacar los resultados en reducción de la propia guerrilla, porque sigue diciéndose, sin verdad, que ese proceso fue para el paramilitarismo, cuando bajo el mismo también se reintegraron más de 20.000 guerrilleros.
Al finalizar su primer período, con buena parte del orden público bajo el imperio de la ley; el rechazo a los bandidos, el respeto y la confianza de la ciudadanía en la autoridad (Invamer Gallup, registró 80% de respaldo a las Fuerzas Militares, seguidas por la Fiscalía y la Policía con cerca del 70%; mientras el prestigio del presidente Uribe superaba la barrera del 90%), se volvería a repetir la hazaña de la primera elección, ¡con el voto favorable de más de la mitad de los colombianos en primera vuelta! ¡oh tempora, oh mores!
El resto de la criminalidad advirtió la respuesta del Estado y la recuperación del orden y del territorio sometido a la aplicación de las leyes, por lo que bajaron sustancialmente los indicadores del resto de delitos. También con ayuda del Plan Colombia, y el trabajo conjunto y mancomunado con la entidad a mi cargo -que compartió los propósitos superiores de combatir la criminalidad-, se obtuvieron inigualables resultados contra el narcotráfico en número de extradiciones y la erradicación de más de tres cuartas partes de los cultivos ilícitos.
Ahora, después de una década, reciclados carteles de de narcotraficantes, el brazo armado o disidencia Farc y desde luego el Eln, causan dolor, lágrimas, muerte y destrucción todos los días…
“Mandar es estar solo.” Napoleón.
Con motivo de la posesión del presidente Calderón en México viajó el presidente Uribe a acompañarlo; fue el único de América del Sur. Concluida la ceremonia, se organizó una reunión especial para los latinoamericanos, a la que no pudo asistir el presidente Uribe, pues informado de la muerte de una docena de soldados resolvió regresar, encargándonos con el consejero presidencial José Obdulio Gaviria, asistir en su nombre. El vocero nicaragüense, sin habernos identificado, hablaba por Panamá (que tampoco asistió) y con el asentimiento de Manuel Zelaya y otros, pedían al presidente de México no apoyar la interconexión eléctrica de gas y la apertura de la vía Panamericana, única unión del continente americano, de polo a polo, que el presidente Uribe, con visión de estadista y hombre universal, venía promoviendo. Nosotros teníamos la misión, contrario sensu, de continuar impulsando con los vecinos el acuerdo Puebla-Panamá. Pero una vez más, ganó el aislamiento por cuenta de la Izquierda.
Lo internacional siempre fue desafío para el Presidente, pero midió su altura de hombre de Estado cuando el resto de Latinoamérica (excepto Chile, con la llegada de Piñera) clamaba por hacer frente común con Chávez quien los había “agendado” y continuaba esparciendo el socialismo del siglo 21. Es anécdota pública que cuando nuestro presidente invitó a Calderón a formar frente común y éste le preguntó “Pero, ¿con quién Presidente?”, la respuesta inmediata de Uribe fue “Empezamos los dos y así vamos sumando”. Efectivamente poco después adheriría Chile.
En 2010, en el marco de la Cumbre de Río, en Cancún, el presidente Uribe había pedido que se incluyera en el orden del día la reclamación en favor de los empresarios colombianos de una cuantiosa cartera que Chávez impedía cancelar. En el almuerzo previo a la plenaria de los presidentes, Raúl Castro pidió incluir también una querella de censura a los Estados Unidos, lo que inmediatamente el presidente Uribe asoció con el reclamo de la deuda de Venezuela a los empresarios colombianos; fue entonces, cuando Chávez se levantó de la mesa, ya de pie en actitud de abandonar el lugar, protestó contra Uribe para dar por terminado el tema, a lo que el presidente Uribe le respondió de inmediato, en tono mayor, también de pie, reclamando que Chávez era muy valiente con los contrincantes para insultar y denigrar de los ausentes, pero muy cobarde para enfrentar responsabilidades de frente… Chávez habiéndose devuelto furioso, con dirección a Uribe, fue físicamente detenido por Raúl Castro, quien con su menuda figura se le atravesó en el camino, mientras el presidente Uribe se plantó, rodeado entre otros por el presidente Martinelli de Panamá, ante el asombro de Lula y Calderón, que en vano intentaron aplacar los ánimos. Después de unos minutos, terminó el almuerzo y se indicó a los embajadores ocupar los puestos de la plenaria. Así, el ministro Fernando Araújo se quedó lidiando la encerrona que lideraba el canciller Maduro para convencer a la mayoría de adelantar pasos para acabar la OEA y fundar otro organismo con el liderazgo de Chávez, Evo Morales, Lula, Kirchner y Correa (y de paso excluir a Estados Unidos y Canadá) y con escenarios propios para la Comisión de Derechos Humanos (de Washington) y la Corte Internacional (con sede en Costa Rica). Ausentes los líderes, la cumbre se desarrolló lánguidamente, evitando lo tramado por Chávez. El presidente Uribe había tenido otro logro internacional.
“La característica de la verdad es que no necesita otra prueba que la verdad.” Jeremy Bentham.
El caso del presidente Uribe no es el relato de una “muerte política anunciada” como algunos pretenden. El denunciado pasó a ser víctima y ostenta privilegio para buscar testigos; pero el presidente Uribe en cambio es impedido para verificar esas acciones.
La única conducta cierta y visible del presidente Uribe ha sido luchar por casi 50 millones de colombianos que quieren sacudirse del yugo de la subversión, del narcotráfico y su criminalidad. En buena hora la mayoría de los colombianos ¡creemos en el presidente Uribe! El sistema acusatorio, juicio oral, en audiencia pública, servirá para hacer justicia; juicio justo, que ¡honrará la conducta honesta del presidente Uribe y le preservará su gloria!
No queda grande la evocación de los grandes, en su actuación sencilla e inspirada en otros grandes como Abraham Lincoln, de quien se puede advertir que trabajó desde la periferia y regiones alejadas, y no desde el escritorio. Tampoco es despropósito traer a la memoria a Winston Churchill “el más grande de los británicos”, el mismo que ofreció a su país la victoria, pero con sacrificios, dolor y lágrimas; y establecer semejanza con nuestro austero líder que se comprometió a recuperar la dignidad de la Nación, con sacrificios y trabajo de todos, y la valentía de la fuerza pública para derrotar a los criminales ¡y lo logró! También de Churchill, se dijo “tiene algunos detractores… pero ninguno ha dejado excesiva huella en la opinión del ciudadano”.
Para finalizar, una vez hago mías las palabras de Napoleón a un grande, y se las dirijo a otro grande, Uribe: “Le debo todo el aprecio que se merecen los hombres de su talento, con una amistad que mi corazón, hoy más viejo y conocedor en profundidad de los hombres, no siente por ninguna otra persona”.
Fin del capítulo.

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