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La “Slow TV” gana espacio entre padres que buscan contenidos más tranquilos para sus hijos

Especialistas en salud infantil y familias de distintos países impulsan una tendencia que apuesta por programas infantiles de ritmo pausado y menor estimulación visual. El fenómeno, conocido como “Slow TV”, revive clásicos de décadas pasadas y abre un debate sobre el impacto de los contenidos digitales en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños.

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La “Slow TV” gana espacio entre padres que buscan contenidos más tranquilos para sus hijos
Foto: Cortesía

Los padres regresan a las series clásicas para reducir la sobreestimulación infantil. Cada vez más familias están dejando de lado las producciones infantiles modernas de ritmo acelerado para volver a programas clásicos que marcaron generaciones anteriores. La tendencia, conocida internacionalmente como “Slow TV”, busca ofrecer a los niños contenidos audiovisuales más tranquilos, educativos y menos estimulantes.

Series como Winnie the Pooh, Franklin, Little Bear, Autobús Mágico, y Rolie Polie Olie han comenzado a recuperar popularidad entre padres que consideran que parte de la programación infantil actual puede generar efectos negativos en el comportamiento y la capacidad de concentración de los menores.

La tendencia no responde únicamente a la nostalgia. Especialistas en salud mental infantil aseguran que el ritmo, los sonidos y la velocidad de las escenas pueden influir directamente en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños pequeños.

La psiquiatra infantil y adolescente Zabina Bhasin, conocida como la doctora Zee en Estados Unidos, explicó que la exposición constante a contenidos rápidos y altamente estimulantes puede afectar la capacidad de autorregulación emocional de los menores.

Según la especialista, este tipo de programación puede contribuir a problemas de atención, irritabilidad e impulsividad, debido a que el cerebro infantil aún se encuentra en etapa de desarrollo.

Los programas infantiles modernos suelen utilizar cambios rápidos de escena, efectos sonoros intensos y tramas dinámicas diseñadas para captar la atención constante de los niños.

Sin embargo, especialistas consideran que esta sobreestimulación puede hacer que los menores se acostumbren a niveles muy altos de estímulo visual y auditivo, dificultando posteriormente actividades más tranquilas como la lectura, el juego independiente o la concentración en tareas cotidianas.

La doctora Bhasin señaló que algunos estudios han encontrado relación entre los contenidos de ritmo acelerado y dificultades para manejar transiciones emocionales o periodos de calma.

Además, explicó que los programas más pausados ayudan a disminuir niveles de estrés y favorecen una sensación de estabilidad emocional en los niños.

La creadora de contenido Hazel Tsukano, quien comparte experiencias de crianza en redes sociales, relató que comenzó a notar comportamientos de hiperactividad, irritabilidad y alteraciones del sueño en su hijo tras consumir programas infantiles modernos de alta estimulación.

Esa situación la llevó a buscar alternativas con ritmos más suaves y narrativas más tranquilas.

Según explicó, luego de incorporar programas clásicos y reducir la intensidad del contenido audiovisual, observó mejoras en la conducta y en las rutinas diarias de su hijo.

Tsukano indicó que empezó a priorizar programas con menos ruido, menos cambios bruscos de escena y mensajes educativos centrados en valores como la empatía, la cooperación y la resolución pacífica de conflictos.

Los expertos sugieren que los padres revisen cuidadosamente el tipo de contenido que consumen los menores y prioricen programas con narrativas sencillas, transiciones suaves y estímulos moderados.

También recomiendan evitar contenidos centrados exclusivamente en hiperactividad, conflictos constantes o efectos visuales excesivos.

Entre los programas más recomendados dentro de esta tendencia aparecen Franklin, Little Bear, Winnie the Pooh, DuckTales, Bluey, Rolie Polie Olie, El Autobús Mágico, entre otros.

La especialista indicó además que la transición hacia contenidos menos estimulantes debe hacerse de manera gradual, acompañándola de actividades fuera de pantalla como juegos al aire libre, lectura o espacios creativos.

Aunque muchos padres continúan utilizando pantallas dentro de sus dinámicas familiares, la tendencia “Slow TV” propone un uso más consciente y equilibrado de la tecnología.

Para numerosas familias, el objetivo no es eliminar completamente el tiempo frente a las pantallas, sino seleccionar contenidos que contribuyan al bienestar emocional y al desarrollo saludable de los niños.

En medio de una era dominada por la inmediatez digital, esta corriente busca recuperar una relación más tranquila con el entretenimiento infantil y promover espacios audiovisuales menos agresivos para las nuevas generaciones.

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