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“Absolutamente nada se logra sin apoyo”: David Escobar insistió en la cooperación como base del desarrollo en Asamblea de Comfama

En la Asamblea 2026 realizada en el Teatro Comfama Alfonso Restrepo Moreno, el director de la entidad expuso un balance de gestión y planteó la necesidad de fortalecer la confianza y el trabajo colectivo para enfrentar los retos sociales del país.

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“Absolutamente nada se logra sin apoyo”: David Escobar insistió en la cooperación como base del desarrollo en Asamblea de Comfama
David Escobar

Durante la Asamblea de 2026 de Comfama, realizada este 17 de abril, el director de la entidad, David Escobar, presentó un discurso que se ha consolidado como una práctica recurrente en su gestión, al repetirse cada año a lo largo de la década que lleva liderando la organización.

El encuentro tuvo lugar en el Teatro Comfama Alfonso Restrepo Moreno y reunió a empresarios, directivos y colaboradores. En la apertura, Escobar agradeció la participación de los asistentes y el respaldo histórico a la institución: “Muy buenos días. Gracias por estar acá y por hacer posible, ustedes y sus antecesores empresarios, desde hace 72 años, que Comfama exista y continúe realizando su esencial labor para la comunidad antioqueña”.

A lo largo de su intervención, el directivo planteó una reflexión centrada en la imposibilidad de construir logros individuales sin el apoyo de otros.

“¿Alguno de los acá presentes ha logrado algo solo, absolutamente solo, en la vida?”, preguntó, para luego afirmar: “Nada. Absolutamente nada se logra sin apoyo, sin aliados y sin la inmensa red que nos acompaña”.

Escobar cuestionó la idea del éxito individual y señaló que detrás de cada trayectoria existen redes de apoyo familiares, laborales y sociales. “Nadie se hace a sí mismo. O por lo menos no enteramente”, expresó, al tiempo que citó al monje vietnamita Thich Nhat Hanh con la frase: “Somos porque intersomos”.

En su explicación, el director indicó que la sociedad puede entenderse como una red sostenida por promesas, las cuales, al cumplirse, generan confianza. Sostuvo que relaciones como el trabajo, el comercio o la democracia se basan en compromisos que, al reiterarse, consolidan vínculos entre personas e instituciones.

El discurso incluyó referencias históricas sobre procesos de cooperación en Antioquia. Mencionó la creación de la Sociedad de Mejoras Públicas en 1899, la fundación del Hospital San Vicente de Paúl en 1913 y el surgimiento de Proantioquia en 1975, como ejemplos de iniciativas que partieron de esfuerzos colectivos.

En cuanto a la gestión reciente, Escobar destacó proyectos como la Clínica Panamericana en Apartadó, el trabajo articulado para la conservación del Cerro Tusa y el desarrollo de Biosuroeste, iniciativa que involucra a entidades públicas, privadas y comunidades.

También presentó resultados de 2025, entre ellos el acompañamiento a 9.000 familias en procesos de vivienda, más de 200.000 estudiantes en cursos de Comfama, 6.000 en Cosmo y 87.000 en Cesde. A esto se suman cerca de nueve millones de participaciones en actividades culturales, tres millones de visitantes a parques, dos millones de afiliados en servicios de salud en alianza con Sura y la colocación de más de 300.000 millones de pesos en créditos. Asimismo, señaló que 137.000 personas accedieron a empleo a través de redes empresariales e institucionales.

El director advirtió sobre los niveles de desconfianza en el país. Citó la Encuesta Mundial de Valores, según la cual “solo 4 de cada 100 colombianos cree que se puede confiar en la gente”, y comparó esta cifra con el 65% registrado en países del norte de Europa.

En ese contexto, afirmó que problemáticas como el hambre, el cambio climático, el empleo o la salud requieren respuestas colectivas. “El hambre no se resuelve por iniciativa de una persona. El cambio climático no se detiene porque alguien lo decida”, señaló.

En la parte final de su intervención, planteó interrogantes sobre los retos del país en materia de salud, vivienda, educación, crecimiento económico, producción de alimentos y sostenibilidad ambiental. “¿Para qué nos vamos a juntar esta vez? ¿Qué vamos a tejer juntos en esta Colombia de hoy?”, expresó.

El discurso concluyó con un llamado a fortalecer la cooperación, la confianza y el trabajo conjunto entre instituciones, empresas y comunidades como base para enfrentar los desafíos sociales y económicos.

Así fue su discurso:

"Muy buenos días. Gracias por estar acá y por hacer posible, ustedes y sus antecesores empresarios, desde hace 72 años, que Comfama exista y continúe realizando su esencial labor para la comunidad antioqueña. Por supuesto, un saludo para mis compañeros de lo que llamamos la comundiad de idealistas de Comfama y para el equipo directivo que lidera la organización. Es un gusto caminar con ustedes.

Quiero comenzar con una pregunta directa: ¿alguno de los acá presentes ha logrado algo solo, absolutamente solo, en la vida? Les voy a ahorrar la respuesta. Nada. Absolutamente nada se logra sin apoyo, sin aliados y sin la inmensa red que nos acompaña. Se habla mucho del self-made man, del empresario hecho a sí mismo. Quizá ustedes son de los que piensan que su trabajo, su estudio y su creatividad individual han definido su éxito laboral o empresarial. El esfuerzo, el ingenio y el compromiso importan, desde luego.

Pero déjenme decirles que no es suficiente. Piensen por un momento: ¿hubo una madre, hubo un padre, un maestro que los marcó? ¿Un amigo en cuyo hombro se apoyaron cuando les temblaron las rodillas? ¿Alguien les dio la primera oportunidad de trabajo? ¿Tienen empleados, socios o proveedores clave? Miren su ropa, ¿quién la hizo? Piensen en su desayuno de hoy, ¿quién lo produjo en el campo?, ¿quién lo preparó? Nadie se hace a sí mismo. O por lo menos no enteramente. Somos animales sociales, cada uno de nosotros es apenas un nodo en una red infinita de personas, organizaciones y comunidades.

El monje vietnamita Thich Nhat Hanh lo dijo mejor: "Somos porque intersomos”. Piénsenlo así: si la sociedad fuera una red de pesca, cada persona, cada organización, sería un nudito. ¿Y qué mantiene unidos esos nuditos? Una idea vieja, repetida y simple: las promesas. Una pareja se casa y se hace promesas de amor y lealtad. Votamos en democracia porque creemos que las promesas serán cumplidas. Compramos un producto porque alguien nos prometió una funcionalidad. Vamos a trabajar porque el empleador prometió una paga y un espacio digno. Dos empresas hacen un negocio y sus promesas recíprocas mantienen unido el tejido. Y, cuando las promesas se cumplen reiteradamente, cuando sabemos que el otro cumplirá su parte, ocurre algo extraordinario: nace la confianza y aparece la complicidad. Esa palabra, complicidad, que viene del latín complicare, significa plegar con otro, entrelazar, hacer doble con alguien más. Es una palabra que, en vez de hablarnos de un acuerdo fácil o de una afinidad automática, nos regala la imagen del momento en el que decidimos doblarnos un poco, ceder para vincularnos, para trenzarnos. Entonces, ser cómplices, ser aliados, ser socios, es estar "trenzados con otros”.

Cada promesa cumplida anuda un hilito con el siguiente. Así se teje, o se desgarra, poco a poco, imperceptiblemente, una sociedad.Antioquia lo sabe. Lo ha sabido desde hace mucho. La historia de la cooperación y la confianza la hemos visto con hospitales, empresas, teatros, universidades, cajas, museos y fundaciones. Déjenme contarles unas pocas en menos de un minuto. 9 de febrero de 1899: Carlos E. Restrepo y Gonzalo Escobar reúnen ciudadanos para asumir, desde la iniciativa privada, lo que nadie más iba a hacer. De esa decisión nacen luego el acueducto de Medellín, Bellas Artes, la Biblioteca Pública Piloto, el Parque de la Conservación, el Museo de Antioquia. Es la historia de la Sociedad de Mejoras Públicas. 16 de mayo de 1913: Alejandro Echavarría convoca en el Palacio Arzobispal a 36 personas —representantes de la industria, la banca, el comercio, la Iglesia y el cuerpo médico— con una sola certeza: la ciudad necesita un hospital grande, muy grande.

Después de más de diez años de construcción, abre sus puertas el Hospital San Vicente de Paúl, que hoy sigue atendiendo a pacientes no solo de Antioquia, sino de toda Colombia. 1 de julio de 1975: 12 empresarios entienden que el progreso no ocurre solo en las empresas ni solo en el Estado, sino en el encuentro entre ambos. De esa intuición nace Proantioquia, que medio siglo después sigue siendo ese puente. ¿Qué tienen en común estos ejemplos, entre muchos? Todos comenzaron con la misma decisión: la decisión de no actuar solos. Y es que las grandes instituciones casi nunca se construyen a punta de genialidades individuales. Son las persistencias compartidas las que nos hacen progresar, cuidarnos mejor, soñar en grande.

Esa misma intuición la vivimos nosotros en Comfama. Van tres historias concretas de los últimos años: La primera es de salud. “El mejor hospital de Urabá es el aeropuerto”, decían. Si una persona se enfermaba debía salir para Medellín. Fue así que en 2011 un grupo de empresarios encabezados por Jaime Henríquez, Adolfo Zapata y Francisco Martínez buscaron a mi antecesora, María Inés Restrepo, para fundar la Clínica Panamericana en Apartadó. La región tiene hoy uno de los mejores centros hospitalarios del país a su servicio. La segunda es Cerro Tusa, montaña sagrada de Antioquia, símbolo de identidad y memoria. Para cuidarla, la Gobernación de Antioquia, Activa, la Alcaldía de Venecia y más de veinte organizaciones nos pusimos a trabajar juntas con el mismo propósito. En 2025 la visitaron casi 30 mil personas. Nunca ha sido un espacio tan público como lo es ahora, con tantas madrinas. Y la tercera, la que más me emociona, es Biosuroeste.

Este proyecto tiene un origen que no puede olvidarse, el lote era de la mafia. Para avanzar en el proceso de extinción de dominio tuvieron que participar el Gobierno Nacional, Proantioquia, los alcaldes de Valparaíso y Támesis. Solo ese primer paso ya es un símbolo: sobre el dolor se puede construir esperanza. Luego vinieron muchos años y aliados: la Fundación Bancolombia, la Fundación Nutresa, la Fundación Aurelio Llano, Interactuar, la Fundación Berta Arias, Cartama, Acoganar, empresas de cítricos, comunidades campesinas, municipios, entre otros. Un tejido de años y de gente que decidió, una y otra vez, quedarse en la mesa. Biosuroeste no es un proyecto. Es una demostración de que la cooperación no es un ideal romántico, es una tecnología para hacer posible lo que parece imposible. Y eso mismo hicimos en 2025 con 9 mil familias que “caminan” hacia su casa, con más de 200 mil estudiantes en los cursos Comfama, 6 mil en Cosmo y 87 mil en Cesde, los casi 9 millones de personas en nuestros encuentros culturales y casi 3 millones en los parques, los casi 2 millones de afiliados a nuestra red de salud con Sura, los más de 300 mil millones de pesos prestados para cumplir proyectos y sueños, con los casi 570 mil afiliados en la ruralidad, con las 137 mil personas que encontraron trabajo gracias a una red de empresas e instituciones, con la lucha contra el hambre que emprendimos junto a empresas, la Gobernación y bancos de alimentos a través de los programas Comer es primero y Arrullos, con las sedes de Apartadó y Amagá, con la biblioteca Débora Arango en Envigado, y con Antioquia Emergente, ese proyecto que, junto a Proantioquia, Breakthrough y EAFIT, imagina el futuro del agro, la industria, el turismo y la economía creativa de nuestra región. Nada de esto ni de lo que omito por cuestiones de tiempo, absolutamente nada, lo hicimos solos.

Y sin embargo… Y sin embargo vivimos tiempos en los que esos nuditos se están soltando. La Encuesta Mundial de Valores —que Comfama patrocina en Colombia desde hace varios años— dice que solo 4 de cada 100 colombianos cree que se puede confiar en la gente. Cuatro. ¿Ustedes hacen parte de ese 4%? ¿O del 96% al que le cuesta confiar? Yo a veces me pregunto en cuál de los dos grupos me levanto cada mañana. Para ponerlo en perspectiva: en Europa del Norte mismo indicador de confianza en los demás ronda el 65%. Tenemos casi 16 veces menos confianza que ellos. Este no es un dato cultural simpático. Es un problema que afecta la economía, la convivencia y pone en jaque el futuro. No es difícil entender por qué. Hay todo un ecosistema —podcasts, libros, gurús de Instagram, algoritmos— que nos repite incansablemente que el camino es individual. Que cada uno debe arreglárselas solo, producir sus propios resultados, reinventarse, ser su mejor versión. Lo colectivo, cuando aparece, suele presentarse bajo sospecha: lento, burocrático, romántico. Ineficiente. Ideologizado.

Pero esa promesa se quiebra fácil cuando la realidad nos atropella. "Una golondrina no hace verano”. El hambre no se resuelve por iniciativa de una persona. El cambio climático no se detiene porque alguien lo decida. No basta con un buen médico para que un sistema de salud funcione. El empleo digno no aparece solo porque uno se gradúe de la universidad. Son problemas colectivos. Y los problemas colectivos necesitan respuestas colectivas. Alfonso Restrepo Moreno, el primer director en propiedad de Comfama cuyo nombre lleva este teatro, decía que este modelo de la compensación familiar tenía algo del milagro de la multiplicación de los panes. Sigue siendo cierto. La cooperación, bien diseñada y ejecutada, produce efectos que el individualismo simplemente no puede producir. Cuando los recursos, las capacidades y la confianza se organizan solidariamente, su eficacia se multiplica. Ni la solidaridad ni la cooperación deberían ser un plan B.

Recordemos que la especie humana no es exitosa por fuerte, por grande, por rápida, sino por su particular habilidad para la asociación. Cooperar siempre fue el plan A del Homo Sapiens. Este fragmento de un poema de Neruda lo cuenta mejor: me gusta el pan, lo muerdo, y entonces veo el trigo, los trigales tempranos, la verde forma de la primavera, las raíces, el agua, por eso más allá del pan, veo la tierra, la unidad de la tierra, el agua, el hombre, y así todo lo pruebo. Hoy es un día para mirar más allá del pan. Más allá de los logros, las cifras y los resultados. Para reconocer las manos y las lluvias que lo hicieron posible: las conversaciones, los acuerdos, los desacuerdos, los aprendizajes e incluso los retrocesos que nos obligaron a pensar mejor antes de avanzar.

Así llegamos a la pregunta que quiero dejarles. Una invitación: ¿para qué nos vamos a juntar esta vez? ¿Qué vamos a tejer juntos en esta Colombia de hoy? ¿El siguiente nivel de nuestro sistema de salud, con un esquema humano, cercano y cuidador? ¿Un nuevo modelo de hábitat que conecte vivienda, comunidad y territorio? ¿Una transformación educativa que forme al mismo tiempo para el cuidado y para el progreso? ¿Que la clase media sea al menos el 70% de la población? ¿Que el PIB colombiano crezca al 5% anual? ¿Un país productor de alimentos para sí y para el mundo? ¿La protección sin titubeos de nuestros ecosistemas esenciales? ¿El fin del hambre inaudito? ¿La desaparición de la violencia atávica?... ¡Tareas tenemos! Todas estas preguntas tienen algo en común: no las respondemos solos. Necesitan escucha, acuerdo, colaboración, instituciones, coordinación… liderazgo y persistencia.

En síntesis, un tejido paciente, cariñoso y riguroso. Ahora sí, para despedirme… A ustedes, gracias por ser —como en el poema— la tierra, el trigo, el agua, la levadura, la sal y la primavera. Gracias por hacer posible que las cajas de compensación familiar sigan siendo, ante todo, una de nuestras más bellas formas de tejer. Feliz día."

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