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Vivanco de nuevo le dicta la línea a Iván Duque

Por Eduardo Mackenzie ¿Marta Lucía Ramírez, la Vicepresidenta y nueva ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, fue a Washington a recibir órdenes del polémico señor José Miguel Vivanco? Cabecilla de una Ong particularmente hostil contra Colombia, el chileno se cree con derecho a perorar y darl

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Redacción IFM
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IFM Noticias

 Por Eduardo Mackenzie 
 
¿Marta Lucía Ramírez, la Vicepresidenta y nueva ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, fue a Washington a recibir órdenes del polémico señor José Miguel Vivanco?  Cabecilla de una Ong particularmente hostil contra Colombia, el chileno se cree con derecho a perorar y darle línea a la ministra Ramírez. Vivanco, aprovechó, en efecto, la entrevista que ella le concedió para repetirle su monserga obsesiva contra las fuerzas del orden: que el gobierno de Iván Duque debe hacer una “reforma de la policía nacional”  y  “sobre todo del Esmad”.

¿Qué respondió a eso Marta Lucía? No se sabe. En su resumen del encuentro, El Espectador no citó frase alguna de ella sobre ese tema. Si no rechazó esa recomendación es legítimo deducir que la Vicepresidenta  se dejó sermonear en Washington por el activista, en una materia vital y estratégica para la seguridad de Colombia.

Es posible que Marta Lucía haya rechazado la presión de Vivanco. En ese caso,  ella debería explicar qué dijo exactamente durante ese dialogo. ¿Le habló ella de la heroica labor de la fuerza pública, sobre todo en estas semanas de huelgas subversivas y de lucha desigual contra agitadores, incendiarios y pistoleros entrenados por las FARC y el ELN?

El hecho de que la ministra Ramírez haya aceptado hablar con Vivanco en Washington, al mismo tiempo que con destacados miembros del establecimiento norteamericano, es ya muy mal índice. Vivanco es de los que dice que contener a los violentos en las protestas insurreccionales de este mes es “grave e irresponsable”.
El hombre no hace sino difamar al gobierno de Duque. Es de los que difunde el embuchado de que ese gobierno es de “extrema derecha”. Culpa al gobierno de ser el responsable, por acción y omisión, de “las 66 masacres registradas en Colombia durante el 2020” y del “asesinato de 421 líderes de derechos humanos”.

En enero de 2021, cosa rarísima, Vivanco se ganó un fuerte regaño de Emilio Archila, Consejero para la Estabilización, por haber declarado: “En Colombia se levanta una piedra y sale un sicario”, es decir que ante cada protesta de jóvenes radicalizados el gobierno responde a bala, con “sicarios”. Es la técnica de la alusión subliminal que le da a Vivanco óptimos resultados. Hasta allá llega el fanatismo de ese personaje.

El 3 de mayo de 2019,  Vivanco estuvo a punto de morir de apoplejía  cuando el embajador Alejandro Ordóñez dijo en la OEA que la “migración” de venezolanos es “parte de la estrategia” de Nicolás Maduro para “irradiar en la región el socialismo del siglo XXI”.  Vivanco calla el hecho de que decenas de migrantes venezolanos fueron capturados en Colombia mientras destruían buses, asaltaban gente, incendiaban  y disparaban contra los policías. Vivanco sabe que entre ese millón de personas que entró a Colombia, unos cientos llegaron con la orden de explotar las “protestas sociales” para saquear, incendiar y matar, hasta que Maduro y Cabello lleven al poder a uno de sus títeres en Colombia.  

Mientras eso ocurría en Washington, en Cali la policía que HRW quiere desmantelar capturaba a 13 terroristas de las FARC-“Segunda Marquetalia” por cometer “agresiones a la fuerza pública y bloquear vías” y por otros actos de vandalismo en esa ciudad, según informes de RCN y del diario El País, de Cali.

Cuando Vivanco trataba de enviarle instrucciones a Iván Duque, los pistoleros de “primera línea” –banda financiada en parte por el grotesco senador Gustavo Bolívar,  quien hace tómbolas para eso–, incendiaban  los palacios de justicia de Bogotá, Cali, Bucaramanga, Cartagena,  Medellín, Tuluá, Neiva, Pasto, Popayán, Santa Rosa de Viterbo, La Plata y Villavicencio, según El Tiempo. Vivanco se mantiene mudo como una ostra ante tal devastación.

Durante su encuentro con la ministra Ramírez, Vivanco se mostró no sólo como el patrón del HRW, sino también como el vocero de un organismo arrimado a la OEA, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que tiene asimismo un negro historial en Colombia. Vivanco le exigió a Marta Lucía Ramírez que permita “una pronta visita a Colombia de la  CIDH” para que ésta “evalúe las denuncias” de “violencia policial en diferentes regiones del país.” 

Hablar de “violencia policial” es incurrir en fraude retórico y jurídico. El objetivo de esa frase es hacer creer que la policía no puede usar la fuerza legítima para proteger a la sociedad de los violentos; es abogar por el desmantelamiento de las fuerzas del orden; es dejar al Estado y a la sociedad a la merced de la barbarie. Si hay más de 835  policías heridos y más de 703 civiles heridos en estas cinco semanas en Colombia es por culpa de esa ideología.

Vivanco cree que eso es luchar por los derechos humanos. Cree que debe hacer entrar a la CIDH para que invente un sainete sobre las infamias cometidas por Duque durante las “marchas pacíficas” de abril-mayo 2021, y sobre los nobles gestos de los “jóvenes” que, como “primera línea”, están en la “lucha social” en Colombia.
¡Y Marta Lucía Ramírez saludó tal propuesta!

¿Qué es la CIDH? Esa oficina le atribuye al Ejército y a la Policía  de Colombia los asesinados de “líderes sociales” en el sur del país y los desplazamientos forzados de indígenas.

Nadie olvida que la CIDH se ridiculizó en 2011 cuando las autoridades colombianas descubrieron que tres personas que la CIDH había presentado como “víctimas” de la Masacre de Mapiripán (Meta), cometida por paramilitares en 1997, por lo cual la tal “corte” había condenado al Estado colombiano, en 2005, gozaban de excelente salud, o habían muerto sin relación alguna con esa matanza. La CIDH, en lugar de reconocer ese fraude, trató de trasladar la culpa al gobierno de Colombia. Así el ridículo se sumó a la infamia.

Colombia teme que ocurra algo semejante con la demanda por las víctimas de la UP.
Adriana Guillén, directora de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, advirtió que en ese expediente se podrían haber colado “falsas víctimas” que pretenden reclamar dinero. “Cuando presentaron la demanda había cerca de 500 víctimas y hoy estamos en más de 5.000”, reveló. Guillén trabaja para establecer quién es víctima y quien impostor.

La CIDH no denuncia jamás las atrocidades de las bandas narco-terroristas. Con su conocida técnica de la calumnia improbable, la CIDH  hace años abandonó su deber de neutralidad y objetividad en sus valoraciones y se convirtió en un arma arrojadiza de la izquierda latinoamericana.

Por esa razón, Francisco Maltés, jefe del misterioso “comité del paro” que desató los asaltos sangrientos de estas semanas, le pidió a Duque dejar entrar al país a la CIDH para “garantizar el cumplimiento de los protocolos en medio de las manifestaciones”, y “acompañar las denuncias contra la fuerza pública por abuso de autoridad contra los manifestantes”.

Con gran cinismo, el mamerto le dijo a Duque que no debe temer que gente de ese grupo “venga a Colombia a hacer lo que le corresponde”. Ante tales antecedentes, Colombia tendría que mirar dos veces la cosa. 

En twitter, un observador  ironizó sobre las movidas del chileno: “Vivanco tiene razón. Urge una reforma a la policía. Hay que equiparlos con la última tecnología, darles luz verde para disparar en defensa propia y para proteger bienes públicos y privados. Que ni un solo policía sea agredido ni asesinado.”

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