(EDITORIAL) Un presidente impresentable: Petro, la gran vergüenza nacional
Algunos recuerdan la sustancia de las discusiones, en los mentideros políticos, de una posible candidatura presidencial de José Obdulio Gaviria. En aquel entonces, por allá en el año 2007, muchos propugnaban por la aspiración de Gaviria, mientras otros señalaban la inconveniencia, insuperable en ver

Algunos recuerdan la sustancia de las discusiones, en los mentideros políticos, de una posible candidatura presidencial de José Obdulio Gaviria. En aquel entonces, por allá en el año 2007, muchos propugnaban por la aspiración de Gaviria, mientras otros señalaban la inconveniencia, insuperable en verdad, de poner al primo de Pablo Escobar en el solio de Bolívar.
Eran tiempos en los que importaba la imagen del país. Eran épocas en las que era importante ser honesto y parecerlo. Pero en poco menos de 20 años, en Colombia cambiaron las prioridades, las fronteras éticas y morales fueron corridas a empellones y desapareció la repulsión por los criminales, sobre todo si son difusores de la ideología marxista.
El cambio en el modelo de vida llevó a millones de colombianos a elegir a un expresidiario como presidente, a un sujeto que fue acusado y llamado a juicio, con sus compinches del M-19, por los delitos de rebelión, homicidio, secuestro y falsedad en documento público por la valiente juez Clemencia García de Useche.
Es que la vida del presidente electo ha trasegado casi que, exclusivamente, por la violencia, la criminalidad y el enardecimiento de la población para que emprenda, a nombre del líder, una serie de acciones que terminan por destruir el futuro de las comunidades y de Colombia. No se puede olvidar que Gustavo Petro tiene ahora dos acusaciones ante la Audiencia Nacional de España: una por el secuestro del presentador Fernando González Pacheco y otra, que es una Denuncia Penal Internacional, por ser parte activa y decisiva de un movimiento terrorista en el que lideró delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra.
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Así las cosas, Colombia tiene a un asesino, criminal de guerra y delincuente de lesa humanidad como presidente. Sus víctimas, porque no existen las exvíctimas, tienen que soportar los desvaríos oligofrénicos de la pandilla de advenedizos mediocres que lograron alzarse con el poder y, obviamente, con el botín del erario. Esto, en Plata blanca, es la revictimización de miles de colombianos, quienes ahora, entre humillados y aterrados, contemplan el horror del victimario como administrador de la vida, honra y bienes de toda la nación.
Es una vergüenza nacional. Sin matices. Aunque hoy celebran, porque en su infinita estupidez creen que esto se reduce a ganadores y perdedores, la realidad es que en Colombia, salvo la cúpula del hampa reunida en el Pacto Histórico, nadie ganó y todos, de una y otra manera, perderemos y sufriremos.
Esto dicen algunos medios internacionales, sobre el triunfo apretado de Gustavo Petro:
Analítica: El triunfo de Petro, el inicio de un utopismo irrealista.
El Mundo: Las dictaduras revolucionarias celebran el triunfo de Petro en Colombia.
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