(OPINIÓN) María, Madre fiel, no corredentora. Por: Diego Arango O
Inicio este artículo bajo la premisa de que soy un profundo mariano, no solamente por la devoción infundida por mi abuela, mi madre, mi esposa y mis hijas, sino por auténtico amor y gratitud a la Madre fiel, la Madre de Cristo y la Madre nuestra. Tengo un enorme agradecimiento con ella como interces
Inicio este artículo bajo la premisa de que soy un profundo mariano, no solamente por la devoción infundida por mi abuela, mi madre, mi esposa y mis hijas, sino por auténtico amor y gratitud a la Madre fiel, la Madre de Cristo y la Madre nuestra.
Tengo un enorme agradecimiento con ella como intercesora ante su hijo, debido a que me curó de una terrible enfermedad que se me originó a muy temprana edad. Estaba sobre los 6 años de edad, mis padres y hermano comenzaron a notar en mí una progresiva inhabilidad muscular, consultaron a los médicos y me practicaron exámenes, diagnosticando que había adquirido una grave enfermedad conocida como poliomielitis una enfermedad tropical degenerativa, cuyo tratamiento era incipiente para aquella época, la vacuna llevaba pocos años de experiencia y no era aplicada con frecuencia en países tropicales como Ecuador donde residíamos. Esta enfermedad tropical ataca el sistema inmune, la parte nerviosa, afecta los músculos y termina con la parálisis del cuerpo, ya mis síntomas se iniciaban, según los médicos.
Un día mi madre me lleva a la Catedral de Guayaquil a pedirle a la Virgen de Fátima una imagen peregrina llevada desde Portugal. Recuerdo que ella me dijo: “Mijo, debes pedirle con toda fe a la Virgencita que te cure, ella a su vez le pide a su hijo Jesucristo y Él lo hace”. Me tomó de la mano y me llevó a la iglesia. Me arrodillé con dificultad y en mis simples palabras, pero con mucha fe, le hice la petición a la Virgen.
En los siguientes días mi condición fue mejorando, los médicos se sintieron admirados, desde luego me aplicaron medicamentos paliativos mientras investigaban y pedían la vacuna y las medicinas adecuadas, pero mi recuperación fue muy rápida sin necesidad de un tratamiento a fondo, pues al volver a practicar los exámenes certificaron que el polio virus, había desaparecido sin necesidad de vacuna ni los antibióticos necesarios que aún no los tenían. Hoy 70 años después puedo decir que mi condición física como atleta que he sido es formidable, habiendo corrido más de 120 mil kilómetros con mis piernas gracias a la Madre fiel que intercedió ante su hijo para curarme.
Ahora bien, pasando de lo anecdótico a lo objetivo, hoy se discute si la Santísima Virgen es Corredentora, mediadora o intercesora. El Papa León XIV en Mater Populi Fidelis, afirma claramente que Cristo es el único Redentor: “no hay co-redentores con Cristo”. (Vatican). María cooperó en la obra de la salvación, pero su papel es siempre subordinado al de Jesús, no es paralelo ni equivalente. (Vatican). La nota señala que usar el título “corredentora” puede generar confusión y oscurecer el papel exclusivo de Jesús en la redención.
Bases bíblicas que fundamentan esta posición:
El documento del Papa se soporta en la Biblia para explicar por qué María no puede llamarse “co-redentora” de manera literal o igual a Cristo, veámoslos:
- Hechos 4,12: “No hay salvación en otro; no hay otro nombre…” Esto subraya que Jesús es el único mediador salvador.
- Lucas 1,38: María dice al ángel: “Hágase en mí según tu palabra”: su “sí” es obediencia humilde, no un acto con poder redentor por sí misma.
- Juan 2,5: “Haced todo lo que él os diga”: en Caná, María nos dirige hacia Cristo, no hacia sí misma.
¿Por qué el Papa León XIV ha hecho esta precisión? Porque:
- El Vaticano ha recibido muchas peticiones y consultas sobre títulos marianos en las últimas décadas, especialmente sobre “corredentora” y “mediatriz”. (Vatican Press)
- El papa y el Dicasterio para la Doctrina de la Fe consideran que algunas expresiones requieren demasiadas aclaraciones, y cuando un título necesita muchas explicaciones “no presta un servicio a la fe del Pueblo de Dios”. (Vatican)
- Más que quitarle honor a María, se trata de proteger la centralidad de Cristo: para León XIV, honrar a María significa reconocer que ella nos lleva siempre a Jesús.
- Es más apropiado pensarla como Madre de los creyentes, alguien que intercede con ternura y nos conduce a Jesús, en lugar de presentarla como “co-salvadora”.
Este enfoque busca un equilibrio: valorar la devoción mariana, pero sin eclipsar la obra única de Cristo.

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