(OPINIÓN) A memoria de Violeta Chamorro. Por: Diego Arango Osorio
Tuve la oportunidad de conocer a Violeta, fui observador internacional en las elecciones de Nicaragua en 1990 donde ella a todo pronóstico de triunfo del comandante Daniel Ortega, quien para aquella época era el Presidente, pero por fuertes presiones políticas, embargos financieros, situación económ
Tuve la oportunidad de conocer a Violeta, fui observador internacional en las elecciones de Nicaragua en 1990 donde ella a todo pronóstico de triunfo del comandante Daniel Ortega, quien para aquella época era el Presidente, pero por fuertes presiones políticas, embargos financieros, situación económica y social deplorable durante su gobierno que llevaba cinco años, se vio obligado a convocar elecciones bajo la premisa que él iba a resultar vencedor, pero la realidad de los hechos fue otra, Violeta lo venció.
Aún recuerdo que como observador internacional recorrí Nicaragua auscultando a la gente, quienes de manera tímida expresaban que iban a votar por el comandante, pero advertíamos que algo en el trasfondo de esas expresiones iba en contra de Ortega.
No obstante, lo anterior me tocó presenciar tres días antes del día electoral, una inmensa manifestación promovida por Ortega con cientos de buses repletos de gente y banderas del sandinismo y a la llegada del comandante portando un gallo en sus manos, la gente lo aclamaba fervorosamente, mientras las reuniones de Violeta eran más bien lánguidas y bajas de emoción.
Otra anécdota que registro, fue que durante esa semana de observación yo salía todas las mañanas a correr como ha sido mi costumbre, un día me topé con una cordada que también trotaban y en el centro observé que iba el comandante Ortega, me acerqué a uno de los escoltas del círculo y le dije que era observador internacional, que me gustaría saludar al comandante, se trasladó al círculo cercano y le consultaron a Ortega quien asistió y tuve la oportunidad de trotar con él durante unos minutos, hasta que le conté que venía como observador de Violeta, ahí me dijo: “pierdes tu tiempo, yo voy a ganar”, me despedí separándome del grupo y quedé pensando en esa sentencia, ya que por lo que se veía, todo indicaba que esa iba a ser la realidad.
Pero no, el día electoral los comicios se desarrollaron con normalidad. La sede de Violeta se veía vacía y se sentía triste; en cambio, la de Ortega, animada con tarimas y música, esperando anunciar el triunfo. En el centro de convenciones, Olof Palme, donde estaba concentrada toda la prensa nacional e internacional esperando a Ortega que fuera a proclamar su triunfo, mientras en la sede de Violeta solo unos pocos periodistas y algunos partidarios.
Entonces fuimos como observadores a la Registraduría y al Consejo Electoral, el ambiente era tenso y con mucha reserva, pero para sorpresa nuestra veíamos en los conteos que casi en todas las mesas Violeta superaba a Ortega, de inmediato dije a los otros observadores que estaban conmigo que fuéramos a casa de Violeta a informarla y que fuera a la sede a proclamar su triunfo, pero ella no quiso hacerlo, entonces salimos en busca del vicepresidente Virgilio Godoy y lo presionamos a declarar el triunfo, así lo hizo y de inmediato toda la prensa se volcó a la sede de Violeta y al rato ella apareció para declarar al país y al mundo su victoria. Sobre la media noche apareció Daniel Ortega en el Olof Palme a reconocer su derrota.
Violeta, una mujer ya madura proveniente de una familia rica de Nicaragua, poderosa por parte de su esposo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, un célebre periodista, escritor y político, nieto de un expresidente del siglo diecinueve del que tomó su mismo nombre, su esposo quien fuera asesinado en 1978 por el régimen del dictador Anastasio Somoza, convirtiéndose en un símbolo de resistencia a la tiranía.
Ella como su esposa tomó las banderas de resistencia contra el régimen de Somoza e integró el frente de Revolución Sandinista y Reconstrucción Nacional, pero luego se separó y con 14 partidos fundaron la UNO Unión Nacional Opositora al régimen de Daniel Ortega y gobernó su país por 6 años. A sus 95 años de vida en San José de Costa Rica, partió a la vida eterna, mujer católica, conservadora, esposa, madre, empresaria, periodista y política. Deja un legado para la historia de su país.

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