El adiós al ritual de las láminas y el aroma a tinta de Panini
Hay noticias que se reciben con la frialdad de un boletín financiero, pero hay otras que golpean directamente en la nostalgia, en el niño que fuimos y en la tradición que juramos heredar. La confirmación de que la FIFA firmó un acuerdo exclusivo con Fanatics a partir de 2031 no es solo un cambio de socio comercial
Hay noticias que se reciben con la frialdad de un boletín financiero, pero hay otras que golpean directamente en la nostalgia, en el niño que fuimos y en la tradición que juramos heredar. La confirmación de que la FIFA firmó un acuerdo exclusivo con Fanatics a partir de 2031 no es solo un cambio de socio comercial; es el acta de defunción de uno de los rituales más sagrados del fútbol mundial: el álbum de láminas de Panini.

Desde México 1970, la empresa italiana no solo imprimió cromos; imprimió ilusiones. Durante más de medio siglo, la llegada de un Mundial no la marcaba el calendario gregoriano, sino el día en que el álbum aparecía en los quioscos. Hoy, esa historia tiene fecha de caducidad.
Para quienes crecieron intercambiando “laminitas” "monas", "figuras" o "estampas", Panini era el primer contacto real con la Copa del Mundo. Era la forma de aprenderse las banderas de países lejanos, los nombres impronunciables de los defensas de Europa del Este y los rostros de las leyendas que solo verían por televisión semanas después.

El ritual era innegociable: el sonido del sobre al rasgarse, el aroma a tinta fresca y pegante, y la adrenalina de buscar esa "difícil" o el escudo brillante de la selección. El mercado de "las repetidas" en los parques y colegios es la primera lección de economía y diplomacia. Todo eso, ese ecosistema de papel y cartón, parece destinado a ser reemplazado por coleccionables digitales y parches de camisetas.
La única luz en este túnel de melancolía es que Panini tendrá la oportunidad de despedirse en la cumbre. El Mundial de 2030, el del centenario, será el escenario para el último álbum oficial de la casa italiana bajo el sello FIFA. Será, seguramente, la edición más buscada de la historia, el cierre de un círculo que empezó en blanco y negro y terminará en una celebración global.
Será el momento de llenar los últimos recuadros, de sentir por última vez esa satisfacción de completar un equipo y de guardar el libro como un tesoro familiar. A partir de 2031, se entrará en la era de Fanatics, una empresa estadounidense enfocada en la modernidad, la digitalización y el comercio a gran escala. Y aunque el progreso es inevitable, el fútbol pierde un poco de su alma artesanal.

“¿Cómo le explicaremos a las nuevas generaciones lo que significaba esperar cuatro años por un libro de papel?” aseguró un aficionado en redes sociales. La transición hacia lo digital y los acuerdos exclusivos podrá ser más rentable para las arcas de la FIFA, pero deja un vacío en el corazón de los hinchas románticos.
Panini fue el hilo conductor que unió a abuelos, padres e hijos en una misma mesa, comparando números y pegando láminas con una precisión casi quirúrgica. Es el adiós de una tradición que sobrevivió a guerras, crisis y cambios de milenio, pero que no pudo ganarle la partida a la frialdad de los activos digitales.
El fútbol seguirá, las finales se jugarán y los goles se gritarán igual, pero cuando llegue el 2034 y no haya un sobre de Panini que abrir, se sentirá que al Mundial le falta una pieza. Esa pieza que, por más que se busque en el mercado de la nostalgia, ya no tendrá cambio. Nos vemos en el 2030 para la última pegada.

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