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De buñuelos y empanadas a siete sedes y una futura en EEUU: la historia de 50 años de El Rancherito

Medio siglo de historia respalda a El Rancherito, la cadena de restaurantes que nació en 1975 de la mano de Mary Noreña y Gregorio Alzate, y que hoy celebra sus 50 años con siete puntos de venta en Antioquia y una reciente expansión a Miami con el formato “Alegría by El Rancherito”.

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Redacción IFM
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De buñuelos y empanadas a siete sedes y una futura en EEUU: la historia de 50 años de El Rancherito

Medio siglo de historia respalda a El Rancherito, la cadena de restaurantes que nació en 1975 de la mano de Mary Noreña y Gregorio Alzate, y que hoy celebra sus 50 años con siete puntos de venta en Antioquia y una reciente expansión a Miami con el formato “Alegría by El Rancherito”.

El origen de esta historia se remonta a un fogón de leña en una tienda de paja, muy cerca de Amagá, donde Noreña y Alzate comenzaron a vender buñuelos, empanadas, pasteles de pollo y chocolate caliente. Según relató su fundadora, la idea surgió de un sueño que describió como “un milagro que Dios me regaló”. Con escasos recursos, pero con la determinación de no dejar que las ganas de salir adelante se agotaran, convirtieron ese pequeño “ranchito” en lo que hoy es una marca reconocida en Antioquia.

La clave ha sido mantener las recetas tradicionales que, como recuerda Noreña, “los abuelos y mi mamá dejaron en su estado virgen”. Esa fidelidad a la cocina antioqueña se traduce en platos que forman parte de la memoria colectiva: frijoles con chicharrón, sancocho, mondongo, mazamorra y la bandeja paisa.

“La motivación detrás de esta rigurosa preservación no es solo culinaria, sino también cultural: existe un profundo deseo de no dejar morir las raíces de la tradición de la comida antioqueña. No solo somos un restaurante, somos un custodio cultural. Al preservar estas recetas vírgenes y la esencia de la tradición, ofrecemos más que una comida; estamos conectando con el pasado, con los lazos familiares y con la identidad regional. Esto se traduce en lealtad generacional”, señaló Manuela Montoya, gerente.

Esa lealtad se ha construido también a partir de la retroalimentación de los clientes. Noreña recuerda una de las anécdotas que marcaron el rumbo del menú: “ocho hermanitas que visitaron el restaurante y comieron pasteles de pollo, buñuelos, arepa de chócolo, empanadas y chocolate. Quedaron tan encantadas que regresaron quince días después, pidiendo específicamente frijoles con chicharrón, y yo se los preparé”. Ese diálogo con los comensales se convirtió en parte de la identidad de la marca.

La continuidad en el liderazgo familiar ha sido otro factor decisivo. El paso de generación en generación asegura que la visión original, los valores y la calidad no se pierdan. Hoy El Rancherito no solo es un referente de la gastronomía típica, también es una empresa que genera 390 empleos directos, impactando a 1.150 personas en su grupo familiar.

En este aniversario, El Rancherito reitera que su compromiso es mantener la calidad, la autenticidad y la experiencia familiar que lo caracterizan. Su expansión internacional demuestra que preservar la tradición no significa quedarse en el pasado, sino proyectarla hacia el futuro, escalarla y profesionalizarla para garantizar su vitalidad en los próximos 50 años.

Medio siglo después de aquel primer fogón de leña, El Rancherito se consolida como un símbolo de la herencia culinaria antioqueña que no solo mira hacia atrás con gratitud, sino también hacia adelante con una visión de crecimiento continuo.

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