Síntesis de la verdadera historia del M19 y sus integrantes
Por T. Coronel Gustavo Roa C.* A raíz de la llegada a la Presidencia de la República del primer guerrillero, ex integrante del movimiento denominado M 19 y conscientes de que varios políticos de la izquierda moderada han gobernado al país, por años, bajo el manto del liberalismo «progresista», encar
Por T. Coronel Gustavo Roa C.*
A raíz de la llegada a la Presidencia de la República del primer guerrillero, ex integrante del movimiento denominado M 19 y conscientes de que varios políticos de la izquierda moderada han gobernado al país, por años, bajo el manto del liberalismo «progresista», encarnado en personajes como los López, Santos, Samper, Gaviria, Gaitán Ayala, incluso del conservador Belisario Betancur, hay que reconocer que este proceso de «toma del poder» ha sido analizado, planeado y estructurado, durante más de 40 años, con la sagacidad propia de la izquierda radical y moderada, para llegar a este preciso momento de la historia.
Es importante recordar que integrantes de ese movimiento armado, luego de su desmovilización, conformaron casi el 60 % de los miembros de la asamblea nacional constituyente de 1991, la cuál reformó nuestra carta magna y que ha sido tan criticada por sus mismos gestores, dando origen a la actual y vigente Constitución nacional.
Sin el ánimo de sugerir mayores divisiones en un país, profundamente polarizado, sino como una ventana a la certeza y a la veracidad, ya que están tan de moda los recientes informes de la llamada «comisión de la verdad», es conveniente repasar y conocer parte de la historia oculta y olvidada del M 19, que muy seguramente el actual gobierno, tratará de evitar a toda costa la revelación de su realidad, con el fin de mantener esa hegemonía del «buenísmo», practicado hábilmente por la oligarquía comunista.
Conocer verdades históricas, para enfrentar la falacia, mentira y distorsión de la «filosofía del engaño», exitosa estrategia de la izquierda, así como esa perversa dialéctica histórica, que oculta y descontextualiza la verdad, es lo que ha permitido que los colombianos seamos engañados, por politiqueros populistas.
Bajo estas indiscutibles premisas, es entonces conveniente, oportuno y necesario recordar su génesis, más aún, cuando sus exintegrantes se convierten en servidores y personas públicas y desean inculcar sus pretensiones políticas y sociales en aquellos colombianos que siempre hemos estado dentro del Estado social de derecho. Este es el momento de evocar el dicho popular que dice: «El zorro pierde el pelo, pero nunca las mañas», es por esta razón que la verdad se debe construir en un axioma necesario, para entender las pretensiones del actual gobierno.
Veamos una corta sinopsis de la historia del movimiento subversivo del M 19:
La creación del M19, el 19 de abril del año 1970, con el liderazgo y mentalidad de una persona como Bateman Cayón, tenía aparentes fundamentos ideológicos sólidos y de alguna manera razonables. Pero en una organización donde algunos de sus integrantes profesan fines criminales, surgen muchos intereses, es por eso que seguramente, fue asesinado con la participación intelectual de algunos integrantes y colegas de su movimiento guerrillero, a través de un montaje como supuesto accidente aéreo, que luego fue desvirtuado por expertos forenses aeronáuticos, pero la versión del atentado, tampoco fue desvirtuada como tal. Jaime Bateman, Álvaro Fayad, Iván Marino Ospina y Luis Otero Cifuentes, entre otros cabecillas fueron perdiendo su poder ideológico dentro de la dirección de la organización a causa del crecimiento de intereses generados por el narcotráfico, específicamente del cartel de Medellín a órdenes de Pablo Escobar, que influyó de gran manera en su estructura jerárquica.
Años después del robo de la espada de Bolívar, la misma que orgullosamente Petro pidió traer a su posesión como presidente, mas como un desafío, que como mensaje de reconciliación nacional. Luego vino el robo de armas del Cantón Norte y varios secuestros y asesinatos, como el de Marta Nieves Ochoa y José Raquel Mercado, los cuáles convierten al M 19 en el movimiento más sanguinario incluso que las mismas FARC, EPL, ELN, Quintín Lame y otros, estimulados por intereses de las tres tendencias comunistas de la época (años 60 y 70): la maoísta, la marxista y la de Cuba.
Luego aparecen en el ámbito nacional, acciones genocidas y criminales realizadas por el M19, con tristes episodios como el de Tacueyó, aquél sangriento escenario con más de 164 bárbaros asesinatos contra indígenas, seguidos de otros actos criminales en campos y pueblos de los departamentos del sur del país. Complementan el prontuario del M19, de la época, la toma de la embajada de la República Dominicana en Bogotá (1980).
Veámos a continuación, algunas de sus violentas acciones:
Secuestro del Avión Curtis C-46 de Aeropesca (1981)
Hundimiento de El Karina (1981)
Secuestro de Martha Nieves Ochoa (1981)
Ataque a la Casa de Nariño (1982)
Batalla de Yarumales (1984)
Toma del Palacio de Justicia (1985)
Batallón América (1986)
Secuestro de Álvaro Gómez (1988)
Secuestro y asesinato de algunos políticos, empresarios, ciudadanos extranjeros, industriales, ganaderos, campesinos y periodistas.
Más de 48 sangrientas tomas guerrilleras a poblaciones y medios de comunicación, intervenciones terroristas bajo amenazas en Radio y Televisión.
Ataques a diferentes batallones militares, puestos de policía y embajadas.
Robo de camiones de leche y otros alimentos, como acciones populistas, para ser distribuida en sectores populares.
Quedaría pendiente el recuento de las violentas acciones de este grupo en las principales ciudades del país y también en los departamentos del sur y de occidente de Colombia, donde sus habitantes sufrieron los embates de sus ataques, casi siempre signados con acciones cobardes, que buscaban espectacularidad periodística.
En la sangrienta y mal recordada toma del Palacio de Justicia, bajo las instrucciones del cartel de Medellín y su cabecilla Pablo Escobar, es necesario hacer una corta recapitulación.
En este hecho sin precedentes, en una acción casi suicida, fueron incinerados, desaparecidos y asesinados, magistrados, abogados, visitantes, empleados, policías, guardas de seguridad y humildes colombianos, así como todos los expedientes, investigaciones y archivos, que evidenciaban los vínculos y acciones narcoterroristas del M19, con el Cartel de Medellín. Fue una violenta reacción de este grupo terrorista contra el débil gobierno de Belisario Betancur. Este violento episodio de la historia nacional, donde según la justicia permeada por la izquierda de la época, dictaminó irracionalmente que el único responsable había sido el Ejército Nacional, argumentando la utilización de la «fuerza desproporcionada», en este sanguinario y reprochable acto, para restablecer la democracia.
Este acto criminal y cobarde, donde inexplicablemente sale fortalecido el grupo terrorista M 19, enmarca el verdadero, triste y sanguinario prontuario, aún hoy desconocido por algunos colombianos, especialmente de generaciones posteriores, sobre este supuesto grupo con filosofía «seudonacionalista».
Esta organización criminal resultó demostrando años más tarde, no ser solo un vulgar grupo de terroristas, con intereses económicos y narcotraficantes, sino que por presión hacia el Estado colombiano, tiempo después y ante triquiñuelas jurídicas, logró la firma de paz con el presidente Virgilio Barco, sin pagar un solo delito, contra los daños ejecutados en contra de la democracia y de toda la sociedad colombiana.
Desde entonces, todos los antiguos integrantes de ese movimiento se han beneficiado burocráticamente del establecimiento y de la oligarquía, a la cuál tanto criticaron y combatieron con ferocidad y sin contemplaciones, convirtiéndose irónicamente en activistas de la nueva «oligarquía comunista».
Colombia eligió a uno de sus integrantes que, a lo largo de más de 20 años, había buscado con un desesperado frenesí, convertirse en huésped de la Casa de Nariño y ocupar el solio de Bolívar con estrategias políticas, sociales y de comunicación, que dieron resultado.
Y lo lograron a través de unas elecciones atípicas, muy parecidas a las que supuestamente dio origen a la creación de este mismo movimiento, cuando el frente nacional y otras fuerzas políticas decidieron colocar como presidente a Misael Pastrana Borrero y no al General Gustavo Rojas Pinilla del la Alianza Nacional Popular, ANAPO.
Los desmovilizados del M 19 han realizado un ingente y dedicado trabajo de adoctrinamiento, dirigido hacia las nuevas generaciones de colombianos, fortaleciendo el proceso de adoctrinamiento e historias mendaces, de la mano de Fecode y llegando masivamente a colegios y universidades públicas y privadas.
El trabajo sicológico se ha extendido también a capturar ideológicamente a los ignorantes históricos, clases populares, sectores con amplio descontento social y los llamados grupos minoritarios «istas», feministas, ecologistas, ambientalistas, radicalistas y grupos Lgtb, prometiéndoles una amplia participación en la dirección del Estado.
Esta labor los ha logrado convertir en «prohombres de la ética y moral nacional» a los ex integrantes y antiguos guerrillero, hasta lograr conseguir el cargo de presidente de la República, de congresistas, ministros, jefes de entes de control, sectores jurídicos, directores y gerentes de las empresas del Estado, gobernadores, alcaldes y otros institutos que le permitan al «nuevo progresismo» obtener un poder casi omnímodo.
Han utilizado política e irónicamente sentimientos populares de supuesta «igualdad» fundamentados en el odio, resentimiento y venganza, contra el sector productivo, el cual permite mantener políticas laborales a pesar de los altos impuestos y populistas medidas proteccionistas que tendrá que afrontar en el futuro.
Con sus actitudes y talante, se puede prever que Petro no ha podido superar traumas y concepciones ideológicas extremas, adquiridas desde su época de militante en el movimiento M 19.
Ojalá estos sentimientos se decanten en los espíritus de sus delirantes fanáticos y seguidores, incluido su nuevo presidente, pues si no ocurre así, la división ideológica, política y social que incentivan desde el mismo gobierno, integrantes de la oligarquía comunista, nos llevarán sin duda, a días aciagos para nuestra democracia.
*Consultor SGCN.

Noticias relacionadas
(OPINIÓN) Señora Ministra. Por: Alberto Piedrahíta
Con el debido respeto. Y mi contundencia y coherencia de siempre .. Anuncia usted, señora Ministra,…
(OPINIÓN) Paloma y Abelardo tienen que gobernar juntos. Por: Héctor Hoyos Vélez
Los comunistas llevan más de 60 años de terrorismo, sangre, dolor y muerte, y de trampas políticas…
Medellín se alista para recibir la séptima edición de StartCO, la subasta de startups más grande de Latinoamérica
Medellín se prepara para recibir la séptima edición de StartCO, la subasta de startups en vivo más…