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Primer puesto al secretario de Cultura más malo

Por: Juan Carlos Mazo Fácil, fácil el secretario de Cultura de Medellín, Alvaro Narváez, pasará a la historia como el más malo que ha tenido la cultura en la ciudad. Al igual que el resto de la administración de Quintero, él tampoco podía ser la excepción en el entramado que raspó la olla y como [&h

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Redacción IFM
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Primer puesto al secretario de Cultura más malo

Por: Juan Carlos Mazo

Fácil, fácil el secretario de Cultura de Medellín, Alvaro Narváez, pasará a la historia como el más malo que ha tenido la cultura en la ciudad. Al igual que el resto de la administración de Quintero, él tampoco podía ser la excepción en el entramado que raspó la olla y como dice Fico, “hasta se la llevó”.

En este cuatrenio la desfinanciación de los proyectos, la interrupción de los procesos, los escándalos brillaron en su opaca gestión cuando por ser un personaje que venía del sector cultural se creía que museos, teatros y artistas, iban a tener un buen futuro. Sin embargo, su falta de gestión, de carácter y el deseo de beneficiar a ciertos amigos, hizo que todo quedara muy bonito en el papel.

El período comenzó con Lina Gaviria, una gestora cultural con conocimiento que pronto se dio cuenta de la manera como la administración municipal manejaba las cosas con la corrupción por dentro y poniéndola a ella como “firmante”, en la misma figura que trajo tantos problemas a la Secretaria de Educación, y rápidamente renunció, para dejar el puesto a Narváez, quien no le daba la cara a las instituciones, no aparecía cuando se le citaba, todo eran trabas y procedimientos para dilatar todo y poderlo acomodar a sus intereses, poniendo a todo el sector cultural a sufrir con la esperanza de que llegaran los recursos de la Alcaldía.

Y, entonces, por poco no se hace el Festival de la Trova, por un lío de unas ex empleadas por miedo al escándalo. Si no es por los mismos trovadores por primera vez en la Feria de las Flores no se hubiera hecho Festival, el cual sufrió un proceso de desnaturalización y de ser el concurso más importante pasó a ser el más criticado por los mismos trovadores.

Y ni qué decir de la protesta de los silleteros, quienes también se sintieron mal tratados por esta administración municipal. Ellos, símbolo de la región y de la Feria de las Flores, tuvieron que salir a desfilar, pero para protestar por recortes presupuestales, por temas logísticos fácilmente solucionables, en fin, por simple desorden. Estos, los trovadores y los silleteros fueron dos sectores que por primera vez tuvieron que alzar la mano para defender sus derechos adquiridos.

Los mismo pasó con el programas de Formación de Públicos, que estaba enfocado a entregar boletas para que las personas de los estratos 1, 2 y 3 ingresaran a teatros y museos y esta administración dilató tanto la cosa que el tiempo de ejecución, que era de un año terminó en pocos meses y transformó totalmente la esencia del programa en “Públicos Dinámicos”, que no era otra cosa que obligar a las instituciones a llevar programación cultural a los barrios, es decir, a hacer la tarea que le correspondía a la misma Secretaría de Cultura Ciudadana y, lógicamente reduciendo el presupuesto con la excusa de que la marrana se había partido entre más. Efectivamente a las instituciones les llegó un valor mínimo y les multiplicó las tareas por 6.

Otra perla de la administración de Quintero y Narváez fue la despedida de la directora de La Piloto, una institución amada por los paisas y mal tratada por esta administración. Y ni qué decir de un secreto a voces en donde los amigos del secretario se beneficiaron con contratos mientras las demás instituciones le pedían recursos a gritos para subsistir.

Tal vez, Quintero tuvo escándalos mucho más sonados, como Buen Comienzo que tuvo muy mal final o toda la corrupción de Metroparques, pero la cultura no estuvo ajena a ese mismo sistema de franquicia, donde el presupuesto se tercerizaba, donde se le daba, por ejemplo, la organización de una actividad a una JAL y del 100% del presupuesto a la actividad le llegaba un 20% porque lo demás se iba perdiendo en el camino.

Para seguir con el listado de desaciertos está la Feria de las Flores, mal organizada, sin sacar los permisos a tiempo, improvisada, hecha a última hora. Recordemos que esta última una semana antes no se sabía ni la programación, como si no supieran que cada año la primera semana de agosto se le dedica a esta festividad.

Cuando se empiece a hacer el empalme con las entrantes personas del área de Cultura muy seguramente se empezarán a conocer más escándalos y la manera como se dilapidaron los recursos. Hasta ahora este tema está calladito y sin doliente, pero este será otro de los guardados que tiene este administración que se va.

Hacer proselitismo con la cultura es muy fácil y barato. Seguramente Narváez saldrá a defenderse sacando un montón de ejecutorias mirando hacia los más pobres y el acceso a la cultura de las comunidades más vulneradas, pero la verdad es que con él la cultura de Medellín retrocedió, las medidas tomadas contra el Museo de Antioquia ni se diga y más de malas, que durante este período murió un ícono como el maestro Fernando Botero y el día del homenaje, todo a cargo de la Gobernación de Antioquia en Plaza Botero la sociedad civil y los estamentos le mostraron el repudio a la administración de Quintero en general, quien para mayor embarrada llegó preguntando quiénes eran los hijos de Botero. Ni si quiera sabía quién era quién y el secretario de Cultura, un convidado más.

Narváez se va enemistado con el sector cultural, desde hace rato las instituciones grandes y pequeñas no lo tienen como un aliado, como un facilitador, como una solución y su impronta durante este periodo se puede resumir en una palabra: ineptutud, para ser generosos.

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