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(OPINIÓN) Sin invitación. Por: Enrique Ramírez Yáñez

Uno entiende que por estos días Petro esté histérico, con los ojos más brotados que nunca de la rabia, lanzando maldiciones y pidiendo renuncias a siniestra.

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Redacción IFM
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Sin invitación. Por: Enrique Ramírez Yáñez

Uno entiende que por estos días Petro esté histérico, con los ojos más brotados que nunca de la rabia, lanzando maldiciones y pidiendo renuncias a siniestra.

Alguno de ustedes me podría corregir, diciéndome que se dice “a diestra y siniestra”, pero resulta que, para él, la diestra no existe. Echó al director de la DIAN, un pobre señor que no supo para qué lo pusieron en ese cargo; al famoso coronel Feria, jefe de seguridad de Palacio, conocido por su habilidad para manejar el polígrafo y otras cosillas; al director del Instituto Nacional de Salud, y ya tiene lista la resolución para sacar a dos de los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República – organismo al cual le debemos los escasos éxitos de la economía en este gobierno – para incluir a feroces extremistas dispuestos a seguir al pie de la letra las instrucciones para hacer “decrecer” la economía. En otras palabras, para tirarse el país.

Itero – como dicen ahora algunos magistrados en sus sentencias, que nos descrestan con sus conocimientos lingüísticos, aunque los ciudadanos preferiríamos que, además de leer el diccionario, estudiaran las obras de los grandes maestros del Derecho -. (Iterar significa repetir, lo aprendí en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua). Itero: Petro está histérico, y les cuento por qué:

No es cualquier maricadita que al líder más grande del mundo, al segundo mesías, al único estadista tridimensional que existe en la tierra, al hombre que aspira “polvo de estrellas”, al elegido por Dios para cambiar el curso de la historia y salvar al medioambiente, ese tal Trump, al que nadie conoce, lo ignore hasta el punto de no invitarlo a su posesión.

Algunos comentaristas dicen que Trump tiene una idea muy confusa sobre quién es Petro. Otros informan que lo confunde con el presidente de Nicaragua, aunque, dicen, Elon Musk, el asesor más cercano al nuevo mandatario, le ha explicado varias veces que Petro no es el presidente de Nicaragua, sino de Honduras. La representante a la Cámara María Elvira Salazar, quien, a pesar de que su nombre nos haría pensar que es de Fredonia, en realidad es gringa, opinó que “ni puel chiras” (la china habla español perfecto) iban a invitar a un tipo que seguramente se iba a presentar con sus yines arrugados, en sandalias y con el pelo sucio y pasado de “café”. En conclusión, no lo invitaron.

A los que sí invitaron, y estarán en primera fila, muy sonrientes, tiesos y muy majos, fue a los presidentes Javier Milei, Bukele, Edmundo González, y a la señora Meloni, primera ministra de Italia. Y a la senadora colombiana María Fernanda Cabal, para que se muerdan los codos de la rabia los mamertos criollos. Y Petro, claro.

No sé cuánto “café” tendrá que consumir Petro para calmar su catastrófica frustración. No sé a qué EPS podrá acudir (ya las arruinó a todas), para que le curen su ego agonizante. No sé a cuántos empresarios les confiscará sus legítimos negocios, como está haciendo con los concesionarios del Muelle Trece en Buenaventura, para desfogar su resentimiento.

No sé cómo podrá seguir viviendo después de que vea en la televisión, acaparando cámaras con imágenes que verá el mundo entero, a Milei y a Bukele, las nuevas estrellas del firmamento político latinoamericano…

Mientras él, el más grande, el segundo redentor, tendrá que ver la posesión por Caracol o RCN, en el apartamento de Roy Barreras, que tiene previsto celebrar otro conclave este día….

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