(OPINIÓN) Recuperar a Venezuela es salvar a Colombia. Por: Santiago Valencia
Recuperar a Venezuela es salvar a Colombia. Esa es la verdad incómoda que pocos se atreven a decir en voz alta, pero que la realidad grita con fuerza. Por eso resulta tan grave que el presidente Gustavo Petro niegue la existencia del Cartel de los Soles, al que calificó como una “excusa ficticia” cr
Recuperar a Venezuela es salvar a Colombia. Esa es la verdad incómoda que pocos se atreven a decir en voz alta, pero que la realidad grita con fuerza. Por eso resulta tan grave que el presidente Gustavo Petro niegue la existencia del Cartel de los Soles, al que calificó como una “excusa ficticia” creada por la extrema derecha para derribar gobiernos que no obedecen a los intereses de Washington. Con esa afirmación, Petro no solo repite la narrativa de Nicolás Maduro, sino que desconoce las pruebas, investigaciones y sanciones internacionales que desde hace años han identificado a ese cartel como una de las organizaciones criminales más peligrosas del continente.
Estados Unidos lo ha declarado organización terrorista, documentando la participación de altos mandos militares y políticos del régimen venezolano en el negocio de la cocaína. Ecuador, Paraguay y Argentina también lo reconocen como una amenaza regional. En Colombia, incluso, han sido capturados operadores del cartel, como Yazenky Lamas, ex guardaespaldas de la primera dama venezolana, o el general retirado Clíver Alcalá Cordones, hoy entregado a la justicia norteamericana. La evidencia es abrumadora. ¿Cómo puede alguien sostener que todo es una invención?
El asunto va más allá de las pruebas. El Cartel de los Soles ha convertido al ELN y a la Segunda Marquetalia en socios estratégicos, con refugio, armas y rutas aseguradas en territorio venezolano. Desde allí consolidan sus operaciones y fortalecen su capacidad de desestabilización en Colombia. Por eso resulta tan peligrosa la propuesta de Petro de crear una “zona binacional”: en la práctica significaría legalizar un espacio donde operan guerrillas, narcotraficantes y militares corruptos, bajo la complacencia del régimen de Maduro. Esa zona no sería un puente de cooperación, sino una entrega de soberanía colombiana al crimen organizado.
La pregunta es inevitable: ¿qué intereses defiende Petro cuando niega lo que el mundo entero reconoce? ¿Por qué insiste en proteger políticamente a Maduro y arriesgarse a enfrentar los intereses de Estados Unidos y de la comunidad internacional? Defender a Venezuela no es defender a Maduro; por el contrario, defender a Maduro es ponerse del lado de un régimen señalado por narcotráfico, corrupción y crímenes de lesa humanidad.
No se trata de promover aventuras militares ni de alimentar fantasías de intervención, pero sí de advertir que el futuro de nuestra democracia depende en buena medida de lo que ocurra en Caracas. Cada kilo de cocaína que sale de Venezuela fortalece a las guerrillas que desangran nuestro país. Cada gesto de Petro a favor de Maduro debilita la causa de la libertad en la región. Negar la existencia del Cartel de los Soles no lo hace desaparecer; al contrario, lo consolida.
Venezuela se convirtió en un Estado mafioso, y mientras siga en pie ese régimen, Colombia seguirá pagando las consecuencias. La historia y la geografía nos unen en el destino: recuperar a Venezuela es salvar a Colombia.

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