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(OPINIÓN) Petro el hablador. Por: David Ospina Hernández

La administración de Gustavo Petro parece empeñada en demostrar que no hay fondo que no pueda cavar más profundo.

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Redacción IFM
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Petro el hablador. Por: David Ospina Hernández

La administración de Gustavo Petro parece empeñada en demostrar que no hay fondo que no pueda cavar más profundo. La Ley de Financiamiento, presentada como la salvación fiscal del país, no solo fue rechazada en el Congreso, sino que terminó siendo un espectáculo de ineficacia política.

¿Cómo se explica que un gobierno con ambiciones de cambio estructural sea incapaz de conseguir los votos necesarios para financiar su propia agenda? Tal vez la respuesta esté en la estrategia mágica del Presidente: hablar mucho y negociar nada.

Y si la Ley de Financiamiento fue un desastre, la reforma a la salud es el equivalente legislativo de un paciente en coma. Tras meses de debates estériles y sesiones llenas de insultos y acusaciones, la reforma quedó en el limbo. Pero, claro, el gobierno tiene una explicación perfecta: la culpa es de los “enemigos del cambio”. muy conveniente resulta culpar a otros cuando no se puede ni siquiera garantizar el quórum en la Cámara.

Mientras tanto, el ciudadano promedio observa cómo la inflación le devora el salario y los hospitales se hunden en la precariedad. Petro prometió un cambio estructural, y vaya que lo estamos viendo: un cambio de promesas a excusas, de esperanza a frustración. Las tarifas suben, los subsidios bajan y los discursos vacíos se acumulan como cuentas impagas.

El Presidente insiste en que está del lado del pueblo, pero parece olvidar que el pueblo no vive de discursos ni de sueños revolucionarios. Vive de soluciones reales, de un sistema de salud funcional y de políticas fiscales responsables. Sin embargo, en lugar de resultados, lo único que recibimos son más promesas vacías y un interminable desfile de fracasos legislativos.

¿Es esta la “Colombia Humana” que nos vendieron? Una Nación atrapada entre la incompetencia política y la improvisación legislativa. Si esto es lo mejor que puede ofrecer Petro, tal vez sea hora de admitir que el problema no es el Congreso, ni la oposición, ni los medios, sino un gobierno que parece estar más interesado en construir narrativas que en construir país.

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