(OPINIÓN) No coma cuento. Por: María Clara Posada
En el país de “Nunca Jamás”, donde los relojes marcan la hora que conviene al poder y de las nubes llueven decretos, el gobierno del Líder Intergaláctico logró lo que parecía imposible: ser, simultáneamente, el más impopular y el más dañino de la historia.
En el país de “Nunca Jamás”, donde los relojes marcan la hora que conviene al poder y de las nubes llueven decretos, el gobierno del Líder Intergaláctico logró lo que parecía imposible: ser, simultáneamente, el más impopular y el más dañino de la historia. Nadie había conseguido tanto estrago con tan poco talento, porque si hay algo claro, es que hasta para hacer daño se necesita método. Pero la realidad da cuenta de que pese a su indisciplina y bajas pasiones, su legado es demoledor.
Sin embargo, y aunque muchos en el pueblo alertaban negras predicciones -en su mayoría materializadas-, las instituciones de “Nunca Jamás” han resistido; heridas, sí, pero no vencidas.
Al principio del mandato del Líder Intergaláctico, el establishment se rindió con entusiasmo servil. Le votaron proyectos, le eligieron fiscales y magistrados a la medida, y poblaron las ías de amigos genuflexos. Pero cuando el astro político empezó a apagarse, los cortesanos recordaron que la supervivencia también es una forma de inteligencia. Y como en toda fábula, huyeron.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeConsciente de su ocaso, el Líder buscó prolongar su reinado por vías más creativas: constituyentes espurias, asambleas populares, coqueteos con “guardias” que más tarde se llamarán colectivos y hasta un careo de reelección con tintes mesiánicos. Todo, con un objetivo: aplazar las elecciones, o mejor aún, abolirlas, pues, la supervivencia del Líder, está ligada a su impunidad. Y su impunidad, a la prolongación de su modelo.
Y así nació la Consulta Intergaláctica. Una consulta cuando nadie consultaría nada, con la chequera estatal abierta y el discurso a todo volumen. Sin ley de garantías que impidiera que el gobierno transase con alcaldes necesitados. Votos a cambio de contratos, favores o “proyectos de interés regional”.
La escena fue digna, más que de fábula, de tragicomedia. Tres precandidatos dantescos: La Doctora Muerte, apóstol de la medicina ideologizada que arrebata vidas; El Heredero, el romántico guerrillero de salón que nunca se desmovilizó, pero que posa con sonrisa de “reconciliador” a la que, por cierto, poco daño le haría visitar un odontólogo de vez en cuando; y AlíBabá, el bufón que otrora se coló en la corte en Ciudad Primaveral, maestro del espectáculo político. Tres villanos compitiendo por un trono en ruinas.
El plan parecía perfecto: inflar los números de la consulta intergaláctica, declarar la resurrección política del Líder, y en marzo del 26, cuando las urnas hablaran sin subsidios artificiales, gritar “¡fraude!”. Así tendrían herramientas para justificar su propósito culmen: Convencer a los habitantes de “Nunca Jamás” de que el pueblo clama por una constituyente y que las elecciones deben suspenderse “por el bien de la democracia”.
Pero la realidad, cambió el libreto. El Líder ya no convoca multitudes, sino carcajadas. Sus mítines se vacían más rápido que las arcas de la UNGRD, y ni los aplausos enlatados logran cubrir la apatía. En la escena internacional, su nombre inspira vergüenza ajena. Hasta AlíBaba, que tiene olfato de ladrón, y anticipando el penoso resultado de la Consulta Intergaláctica, decidió unilateralmente abandonarla, robándole a las gentes de “Nunca Jamás” alrededor de 123 mil millones en lingotes, invertidos en la Consulta.
Siendo así, a los Intergalácticos huestes del Líder solo les quedaba un recurso: la eterna estupidez ajena, que Einstein con indulgencia-consideraba infinita. De allí el último movimiento del tablero: convencer a los “Inocencios” de que, para frenar al Heredero o a AlíBabá, deben votar por la Doctora Muerte. Una táctica magistral: trabajar gratis para el enemigo, creyendo que se defiende la patria.
Pero un sabio de “Nunca Jamás”, uno de esos que aún conservan la cordura entre tanta neblina moral, levantó la voz: “No seremos nosotros quienes inflemos sus mentiras. Dejen que su fracaso se exhiba solo. Ellos dirán que llovió, que el CNE los persiguió, que la oligarquía los acorraló, que María Corina y Trump… pero nada, nada, podrá esconder su derrota. Cuando esa derrota se confirme, será el momento de los demócratas. No para celebrar, sino para activarse. No para sentirnos triunfantes, sino para evitar repetir el hechizo intergaláctico en el 26”.
Moraleja: No coma cuento. Y el domingo 26 de octubre, quédese en su casa.

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