(OPINIÓN) Lo que 2.300.000 votos nos están diciendo. Por: Carolina Restrepo Cañavera
No son solo cifras. Son señales. Más de 2.300.000 colombianos participaron en una consulta que, aunque no define el poder, sí revela el estado mental y emocional del electorado.
No son solo cifras. Son señales. Más de 2.300.000 colombianos participaron en una consulta que, aunque no define el poder, sí revela el estado mental y emocional del electorado.
Y dentro de esos 2.3 millones de votos hay dos datos que deberían preocuparnos más que cualquier resultado presidencial: 1.300.000 votos por Iván Cepeda, un hombre que ha sido, sin matices, defensor político, jurídico y simbólico de las FARC, incluso en sus capítulos más atroces.
Más de 600.000 votos por Carolina Corcho, la ideóloga de la demolición del sistema de salud colombiano, quien convirtió la política sanitaria en un instrumento de revancha ideológica y de captura burocrática.
No se trata de odios personales. Se trata de una erosión ideológica. Cuando un país premia con el voto a quienes representaron la defensa del terrorismo y la destrucción institucional, lo que está fallando no es la política: es la memoria colectiva.
Pregunta ya no es quién ganará en 2026. La pregunta es qué tipo de país estamos formando: uno que romantiza el extremismo, que confunde justicia con resentimiento y que llama “transformación” a lo que en realidad es destrucción organizada.
El problema no es que voten. El problema es por qué votan así. Porque detrás de esos números hay un país dispuesto a justificar cualquier cosa si se disfraza de “lucha popular”, aunque le cueste su salud, su economía o su libertad.
Y si la derecha, la centro-derecha y el liberalismo serio no entienden esto a tiempo, no habrá narrativa que nos salve. Porque lo que está cambiando no es el mapa electoral. Es la mente del votante.

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