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(OPINIÓN) La Comisión Segunda no será cómplice de la improvisación. Por: Nicolás Albeiro Echeverry

En el Congreso uno aprende, a golpes de realidad, que no todas las batallas son personales, pero sí todas son profundamente políticas. Y lo político no se mide en amistades, simpatías o desavenencias individuales: se mide en la capacidad de defender la institucionalidad, la soberanía y los principio

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Redacción IFM
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La Comisión Segunda no será cómplice de la improvisación. Por: Nicolás Albeiro Echeverry

En el Congreso uno aprende, a golpes de realidad, que no todas las batallas son personales, pero sí todas son profundamente políticas. Y lo político no se mide en amistades, simpatías o desavenencias individuales: se mide en la capacidad de defender la institucionalidad, la soberanía y los principios que representamos como partido.

Por eso quiero dejarlo claro: mi voto y mi voz en la elección de la presidencia de la Comisión Segunda no estuvieron marcados por nombres propios ni por rencillas personales. A la senadora Jael, a la senadora Gloria, al senador Iván, les guardo respeto y no tendría jamás una razón para cuestionar sus trayectorias o sus condiciones humanas.

Mi decisión no fue contra ellos, sino contra un modelo de gobierno que ha demostrado, una y otra vez, su desprecio por la palabra empeñada, su inclinación por la trampa y su incapacidad de conducir con responsabilidad las relaciones internacionales de Colombia.

El incumplimiento como estilo de gobierno

El gobierno actual y sus aliados han hecho de la trampa, un modus operandi. En la Comisión Sexta, se irrespetó el acuerdo con el Partido Conservador para la vicepresidencia, que correspondía a la doctora Soledad. En la Séptima, el compromiso con Comunes quedó hecho trizas. En la Cámara de Representantes, se impuso un presidente con maniobras poco transparentes, avaladas desde el propio Ministerio del Interior.

¿Y ahora se pretende que en la Comisión Segunda, la que vela por la soberanía, la defensa y las relaciones exteriores del país, simplemente cerremos los ojos y entreguemos la dirección a quienes han demostrado que no saben honrar la palabra ni proteger los intereses de la nación?

Un presidente que juega con la soberanía

No podemos olvidar que el presidente de la República ha puesto en riesgo la economía y la diplomacia de Colombia con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial.

Tampoco podemos ignorar su ambigüedad frente a la crisis en la frontera con Venezuela, donde parece no haber claridad de si serán nuestras tropas las que crucen la línea o si serán los militares venezolanos quienes ingresen a nuestro territorio.

Esa confusión, esa permanente búsqueda de camorra sin agotar las vías diplomáticas, nos expone como nación. Y si en la Presidencia de la República reina la improvisación, en la Comisión Segunda necesitamos todo lo contrario: sensatez, solvencia moral y defensa férrea de la soberanía.

¿Cómo votar por quienes han agredido a nuestro partido?

Además, sería un contrasentido que el Partido Conservador, víctima directa de la violencia política del gobierno y sus seguidores, entregara la presidencia de esta comisión a alguien que represente esos intereses.

Nuestra presidenta, la doctora Nadia Blel, fue hostigada en la puerta de su casa, con sus hijos presentes, por una turba instigada a partir de las reformas inconsultas del gobierno. ¿Cómo podría yo votar por quienes han permitido semejante atropello? Eso sería traicionar nuestra historia y nuestra dignidad como colectividad.

Dos hombres que garantizan decencia y firmeza

Por eso defendí la postulación de dos hombres que representan lo que necesitamos hoy en la Comisión Segunda:

Mauricio Giraldo, un conservador íntegro, un antioqueño que con más de 110 mil votos y una vida al servicio de la espiritualidad y la empresa familiar, nos da garantías de independencia y carácter.

Manuel Virgüez, del Movimiento Mira, condecorado, exsuboficial de la Armada, un hombre con solvencia moral y compromiso con la institucionalidad.

Ellos, más que representar partidos, representan la decencia, la experiencia y el espíritu de servicio. Y eso es lo que esta Comisión Segunda, en tiempos tan convulsos, necesita para enfrentar los desafíos de la defensa, la diplomacia y la seguridad nacional.

No es un capricho, es una defensa del país

Mi voto no es un capricho. Es un acto de coherencia. Porque cuando se trata de la soberanía de Colombia, de las relaciones internacionales y de la seguridad de nuestras Fuerzas Armadas, no podemos entregarle el timón a quienes improvisan, incumplen y dividen. La Comisión Segunda no puede quedar en manos del desgobierno. Y en eso, no tengo ni tendré un segundo de duda.

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