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(OPINIÓN) La ciencia no debe ser privilegio. Por: Isabel Velasco

La ciencia, ese conjunto de conocimientos que nos permite avanzar en nuestra comprensión de cómo funciona el mundo, no puede seguir siendo un lujo al que solo pocos puedan acceder en nuestro país.

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Redacción IFM
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La ciencia no debe ser privilegio. Por: Isabel Velasco

La ciencia, ese conjunto de conocimientos que nos permite avanzar en nuestra comprensión de cómo funciona el mundo, no puede seguir siendo un lujo al que solo pocos puedan acceder en nuestro país. El acceso a hacer ciencia debe entenderse como una inversión, porque de esta nace el futuro que queremos construir. La investigación y la innovación tecnológica son la base para enfrentar los grandes retos que tenemos no solo como nación, sino también como humanidad.

Cuando se recorta el presupuesto destinado a la ciencia, las consecuencias no son inmediatas, pero afectan profundamente nuestra estructura social, nuestras instituciones, nuestra capacidad de innovación y nuestro futuro colectivo. Concretamente, el recorte presupuestal proyectado para el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, para el 2026, implica menos becas para investigadores, menos financiación a proyectos orientados a solucionar problemas reales de nuestro territorio, menos vínculos entre universidades y organismos internacionales y, finalmente, menos oportunidades para las personas que creen firmemente que el país se transforma con conocimiento.

El mundo avanza rápidamente, y la reducción en el presupuesto de la ciencia significa que dependemos del conocimiento y tecnología que otros países desarrollen para nosotros adoptarlas. Sin embargo, esto no siempre es conveniente, puesto que las realidades ambientales, sociales y económicas son diferentes y las soluciones y tecnologías no responden directamente a nuestras necesidades, siendo ineficientes en nuestros contextos. Adicionalmente, el recorte presupuestal al Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación no solo afecta proyectos concretos o sistemas de becas puntuales, sino que profundiza en el problema de la falta de articulación entre ciencia, educación, tecnología y sociedad. Si no conectamos cada uno de estos mundos, las investigaciones se quedarán en los laboratorios sin llegar a las aulas, a las empresas o a las comunidades que requieren de este desarrollo de conocimientos. Los recortes presupuestales solo aumentan, aún más, estas distancias que permitirían una integración de todos los agentes esenciales para que la ciencia transforme vidas.  

Es por esto por lo que reducir el apoyo a la ciencia no solo puede verse desde el punto de vista económico o como un ajuste presupuestal. Esto implica negarle la oportunidad a nuestra generación y las generaciones futuras, la posibilidad de vivir en un país que desarrolla ideas propias y que no depende de los otros para resolver sus necesidades.

Colombia no avanzará al paso que avanza el mundo cerrando la puerta a la ciencia. Crecerá cuando decidamos seguir impulsando el conocimiento, porque un país que apuesta por la ciencia progresa, se libera de la dependencia, resuelve sus propios desafíos y empieza a trazar su propio futuro.

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