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(OPINIÓN) La alternativa del diablo- parte II. Por: Nicolás Martínez

Ya no hay vuelta atrás, con certeza todo será muy diferente para Colombia a partir de ayer. Poseemos los colombianos una atávica, insólita e inexplicable vocación suicida, queremos el cambio sin importar si el barco naufraga, asesinamos o desechamos a aquellos que nos plantean una transición suave h

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Redacción IFM
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La alternativa del diablo- parte II. Por: Nicolás Martínez


Ya no hay vuelta atrás, con certeza todo será muy diferente para Colombia a partir de ayer. Poseemos los colombianos una atávica, insólita e inexplicable vocación suicida, queremos el cambio sin importar si el barco naufraga, asesinamos o desechamos a aquellos que nos plantean una transición suave hacia las transformaciones que necesitamos, lo queremos todo ya, sin que nos afecte perderlo todo mañana. En ese espeso fango de la nueva política terminó cayendo Colombia, nos toca ahora elegir en segunda vuelta entre Chávez y Trump, escoger la opción de Daniel Ortega o la de Bolsonaro… tomar el camino del abismo o abrir una caja de Pandora de insospechadas consecuencias.

Formamos ahora parte del poco honroso grupo de países que han caído en las garras del peligroso populismo que lleva al absolutismo, a la decadencia, al marchitamiento de la democracia. Escribí estas palabras el treinta de mayo de 2022, cuando pasmados, veíamos como el país comenzaba a transitar al borde del precipicio. LA ALTERNATIVA DEL DIABLO, así titulé mi columna de ese día en WordPress, semanas después, el diecinueve de junio de ese año, en la segunda vuelta presidencial, elegíamos tomar el camino del abismo, escogíamos el sendero lóbrego, abrupto, infecundo, corrosivo, de Hugo Chávez.

Hoy, a punto de cumplirse los dos años de decidir transitar en las tinieblas, todos nuestros temores se han confirmado. Gustavo Petro quiere tomarse por asalto todo en Colombia, la institucionalidad, el Fondo Nacional del Café, los dineros de la salud, los de las pensiones y los del petróleo.

La administración Petro ha entregado el país a la guerrilla y a las bandas criminales, ha llevado al estado colombiano a capitular ante los asesinos que pretenden destruir sus instituciones. Petro decapitó a la Cúpula Militar y de la Policía Nacional, años de experiencia y servicio tirados a la basura, Petro desbarató la Inteligencia Militar y Policial, cegó frente al narcotráfico, la guerrilla y el crimen a nuestros soldados y policías, destruyó una de las más eficientes, profesionales y experimentadas unidades de inteligencia en la región. Los aviones y helicópteros están hoy en tierra, no hay repuestos, el presupuesto de las Fuerzas Armadas fue vilmente cercenado para dejar inermes e inmóviles a nuestros soldados y policías.

No existe hoy política oficial en infraestructura, comunicaciones, trabajo, energía, salud, relaciones exteriores, defensa, vivienda, cultura, turismo, ciencia y tecnología, justicia o educación. El que sí anda muy activo cazando lentejos por los corredores del Congreso de la República, ofreciendo puestos, prebendas y contratos es el ministro de la política, los adormilados e inútiles adoctrinados del gabinete de ministros petrista solo se despiertan cuando reciben la instrucción desde el Palacio de Nariño de ofrecer prebendas o privilegios a cambio de vender el alma y los principios al diablo.

Es este el gobierno de la mediocridad, la mentira, la inacción, la improvisación, la trampa, la maña y el fraude, pero es este gobierno también el de la infamia, la impudicia, la indecencia, la ilicitud y la amoralidad. Además de la torpeza generada por su soberbio radicalismo, su pérfido proyecto político se basa en la eliminación y supresión de la democracia, de su sistema de pesos y contrapesos. Primero, Petro ordenó sitiar a los jueces para que ellos obedecieran a sus caprichos, ahora quiere borrar al poder legislativo, que no se somete a sus delirios imperiales y de carambola doblegar a la justicia para que esté alineada a sus ambiciones dictatoriales. Petro, el dictador, propuso una Constituyente para confeccionar una Constitución a su medida, él sabe que el proceso a través de la legalidad le es incómodo, porque este es, como todo proceso institucional de cambios constitucionales, mesurado, complejo y consensuado, ingredientes de la institucionalidad que Petro aborrece y a la vez, teme.

Ahora Petro, el tirano en embrión, quiere soslayar el proceso institucional para armar una Constituyente, pretende sortearlo, inventándose un atajo, un sofisma, el constituyente primario… está orquestando a través del Ministerio de Justicia un decreto para estructurar el crimen institucional, ello a través de un filoso puñal, las asambleas populares, una mezcla de primera línea y paramilitares del régimen, una especie de Frankestein popular para un buen día colocar a sus secuaces en el centro de convenciones del hotel Tequendama y después de ello tomarse por asalto el poder.

Petro ya nos mostró sus garras, ya nos está confirmando de qué es capaz. Si el Congreso o la justicia no son serviles a sus desvaríos y manías, él, que en medio de sus regios delirios se cree la encarnación del pueblo, cerrará el Congreso y las Cortes, y sin talanqueras que obstaculicen sus extravagancias imperiales, hará lo que le venga en gana. Si no me aprueban la reforma a la salud, igual la llevo a cabo, afirma el engendro de déspota, no importa si hay muertos por ello, aquellos que perderán sus vidas de forma inexorable en las calles, haciendo largas colas para implorar atención médica. Ya expropió una EPS, Sanitas, y se tomó el control de los dineros de la Nueva EPS, vienen más expropiaciones, afirma sin pudor su beodo ministro de salud.

Sí, vienen más expropiaciones, disfrazadas de intervención estatal, vienen más atropellos a la democracia, vienen restricciones a nuestras libertades. Ya lo indicaba yo en mi columna del treinta de junio de 2022, tenemos los colombianos una enfermiza e inexplicable vocación suicida, queremos el cambio sin importar si el barco naufraga, asesinamos o desechamos a aquellos que nos plantean una transición suave hacia las transformaciones que necesitamos, pero adoramos a los opresores disfrazados de mesías.

Y, sin embargo, a pesar de esa enfermiza vocación, de las guerras fratricidas, de nuestra endémica violencia, hemos transitado en nuestra vida republicana a través de una frágil, pero estable, institucionalidad. Un delicado ordenamiento que nos ha salvado, en nuestros peores momentos, de la anarquía y el caos, estamos hoy a punto de perder esa débil, delicada piel que nos garantiza vivir en un estado de derecho, disfrutar de la vida en democracia.

Colombia es un país que pasó de estar a la deriva entre 2022 e inicios de 2024, a un estado sin norte y bajo asedio del autoritarismo. De manera lenta e inexorable, como Venezuela en el año 1999, los colombianos hemos iniciado en este 2024 el peligroso recorrido hacia la dictadura, ¿estamos a tiempo de evitarlo? La respuesta es, sí. ¿Cómo? La institucionalidad de hoy no es suficiente garantía de ello, Petro no dudará en borrarla del camino, no tendrá remordimiento alguno en perseguir, encarcelar, enlodar legalmente a todos aquellos que se le opongan.

Hay que utilizar, por supuesto, todos los mecanismos que la democracia nos otorga para oponernos a las aventuras antidemocráticas de Petro. Movilización social, protestas ante sus incompetentes ministerios, en especial el de la salud, es vital la acción de los organismos de control para investigar y castigar a los adoctrinados funcionarios de esta malhadada administración. Es fundamental desplegar todas las acciones legales ante los tribunales para impedir la destrucción de nuestras instituciones. Es esencial, en fin, la vigilancia ciudadana a los devaneos tiránicos de Petro.

¿Es todo esto suficiente? No, en mi opinión. Ello nos coloca en el título de mi columna; al escoger los colombianos en 2022 el peor camino, el de tener que enfrentar al gobierno de lo ruin, nos enfrentamos de nuevo, a la alternativa del diablo, caer en la dictadura o hacer hasta lo impensable para evitarlo. Parafraseando a Álvaro Gómez, que tanta falta nos hace en estos momentos, el presidente Petro no se puede caer… pero tiene que irse…

La alternativa del diablo… no queda duda, ¿cómo lograrlo? ¿cómo librarnos de la tiranía sin romper la institucionalidad que tanto defendemos? de nuevo, el camino institucional para sacar a un presidente del cargo no es suficiente si el que enfrenta el proceso es un tirano. Entonces… ¿cómo? Tal vez, en medio de la ilicitud y la trampa que empiezan a conformar el turbio régimen de Petro, la respuesta pueda ser, de alguna forma, extralegal, sin ser violenta.

Una especie de legitima defensa, excepcional y transitoria, para preservar nuestra democracia, ¿cuál sería esta? Hurgando en nuestra historia, podría existir un camino, una vía para hacerlo.

En 1957, la Nación colombiana se enfrentó al dictador, sin miedo y sin violencia. El país paró, se paralizó como una medida de respuesta al autoritarismo, paró hasta librarse de la anomalía institucional que quebrantaba la vida en democracia. Todo se detuvo, los bancos cerraron sus puertas, también la industria dejó de operar, al igual que el comercio, el transporte, los colegios y las universidades, los colombianos se quedaron en sus casas o salieron a marchar reclamando la salida del dictador. Y Gustavo, el del año 57 del siglo pasado, se fue, se tuvo que ir, necesitamos que el Gustavo de hoy, si continúa por el sendero de lo autoritario, si reconfirma su condición de anomalía democrática, también se vaya.

Sin duda hay asuntos por mejorar, nuestra democracia no es perfecta, pero funciona, hay que preservarla hoy, para después, mejorarla. Tenemos que, como sociedad, determinar en esta encrucijada en que decidimos colocarnos en 2022, si nos dejamos llevar por el camino de Venezuela, el de la dictadura, el del hambre, de la insalubridad, de la restricción de libertades, el del exilio, el de la ignominia, o si tomamos, a pesar de los riesgos, como lo hicimos en 1957, la valiente decisión de pararlo todo, de dejar de hacerlo todo, el de protestar en medio de esa pausa, el tiempo que sea necesario, hasta que Gustavo Petro y toda su corte de incompetentes salgan del poder.

¿Qué vendrá después? Ya veremos, una junta militar, una junta de gobierno, elecciones generales, ya se decidirá en su momento, lo importante hoy es remover el lastre, impedir el sangriento camino de la tiranía, ahorrarnos el sufrimiento del futuro. Sí, se trata ni más ni menos que de la alternativa del diablo… y, sin embargo, bien vale la pena tomarse el riesgo si lo que está en juego son nuestras libertades, nuestra democracia, nuestra calidad de vida y, sobre todo, nuestra dignidad. Usaré, para terminar, la frase imperecedera de otro gran colombiano, inmolado, asesinado, como Álvaro Gómez, por los sicarios al servicio del narcotráfico que este gobierno corrupto e inepto cohonesta, Galán expresó, con la valentía y el amor que lo invadían por nuestro hermoso país, por Colombia, siempre adelante, ni un paso atrás y lo que fuere menester, sea.

Posdata: Si estás de acuerdo, réplica este escrito, compártelo con tu familia y amigos, necesitamos parar, necesitamos generar la masa crítica para movilizar a los colombianos y salvarnos del precipicio de la dictadura.

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