(OPINIÓN) Eutanasia y suicidio. Por: Luis Fernando Otálvaro Ochoa
Las personas buscan la eutanasia porque desconocen de su inmortalidad cómo seres espirituales, independiente de su creencia o sus convicciones filosóficas.
Las personas buscan la eutanasia porque desconocen de su inmortalidad cómo seres espirituales, independiente de su creencia o sus convicciones filosóficas.
Todos los seres que existimos, vivos con cuerpo y vivos sin cuerpo somos inmortales. Los «muertos», están vivos, la muerte no existe más que en el hecho de perder el cuerpo y quedar el ser perdido, suspendido en el tiempo y en el espacio, sintiendo y viviendo lo que vivió a través de su existencia en el cuerpo físico: dolores, miedos, rabias, venganzas, lujuria, violencia, hambre, deseos y episodios de lo que hizo, sin darse cuenta que se le repiten las situaciones, eso es el infierno, por ejemplo ver cómo mata y mata y el otro no muere o cómo fuma, fuma y fuma, quiere parar y no para.
Ningún ser es consciente del momento de su “muerte”, así como no lo es del momento de nacer. Antes de venir a tomar el cuerpo, todos conocimos la historia de nuestra alma y decidimos, voluntariamente, venir a realizar un aprendizaje y ayudar a resucitar ese pasado álmico, a sanar lo hecho por ellas, por las vidas anteriores del alma, pero no hablo de reencarnación, sucedió que, al bajar la vibración, al pasar del mundo espiritual al mundo físico se nos olvidó el objetivo, aprendemos algo, pero lo otro queda inconcluso.
Al ser se le muere el cuerpo y sigue igual, la “muerte no cambia a ninguno, no lo hace bueno ni lo hace malo, no lo lleva a ningún sitio, queda aquí repartido en el tiempo y en el espacio y pegado de los seres con los que compartió, el ser queda reviviendo lo que vivió a través de su existencia bueno o no bueno, sin darse cuenta.
Una persona muere y las primeras veinticuatro horas sólo tiene miedo, en las siguientes cuarenta y ocho siente algo de dolor, se mezclan dolor y miedo y le generan caos, vive ese caos y a los nueve días empieza a dormirse, se duerme pero vuelve a despertar, revive situaciones cercanas a la muerte y su propio infierno: dolores, miedos angustias, rabias, lujuria, agresividad, lo que haya vivido y llegan sucesos de su vida en forma desordenada, por ejemplo, se le viene algo de su edad madura, luego de su niñez, después de su juventud, luego de los momentos previos a la “muerte” va variando de diferentes estadios de su vida, no entiende qué pasa y se duerme, vuelve a despertar y a revivir algo de lo vivido, se duerme, vuelve a despertar, esa es la vida de los que “mueren”.
Si murieron bajo efecto de drogas siguen drogados, si lo hacen borrachos, siguen borrachos, si murieron agresivos siguen agresivos, murieron con dolor siguen con dolor. La “muerte” del cuerpo no cambia nada. Además, se quedan pegados de los seres con los que compartieron para bien o para no bien; familiares, amigos, enemigos, mascotas, sitios donde vivieron o visitaron, vivencias. Eso sucede hasta que alguien le diga que ya perdió su cuerpo, “murió” y debe empezar el proceso de su resurrección.
Nosotros hemos encontrado forma de ayudarles a que sanen lo vivido, con Impezá perdón, es Impezá el perdón Divino que viene del Creador y se ayudó a germinar y dar frutos con el perdón humano que se tenga, sintiéndose perdonado por ELLO, perdonándose a sí mismo y perdonando y pidiendo perdón a todos los seres y situaciones con las que tuvo que ver, lo debe hacer el mismo ser porque fue su vivencia, ninguno puede hacerlo por otro.
Lo anterior quiere decir que la eutanasia o el suicidio no son opciones para salir de los estados depresivos, de las enfermedades ni de los dolores. Hay que hacer el proceso de sanación y resurrección desde ya, con consciencia, estando vivos en cuerpo, la “muerte” es un estado de inconsciencia y dolor y en la inconsciencia vivimos, sanar lo vivido consciente e inconscientemente, iniciar la propia resurrección, sin importar la creencia. Impezá para todos.

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