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(OPINIÓN) El último bastión. Por María Clara Posada

La apuesta de Petro por hacerse a las instituciones del país se ha ido ejecutando sin prisa, pero sin pausa. Con la paciencia de cualquiera que se haya formado en las tesis marxistas- leninistas del “Estado y la Revolución”, el Señor de Palacio ha sabido esperar el tiempo oportuno para construir un

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Redacción IFM
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El último bastión. Por María Clara Posada

La apuesta de Petro por hacerse a las instituciones del país se ha ido ejecutando sin prisa, pero sin pausa. Con la paciencia de cualquiera que se haya formado en las tesis marxistas- leninistas del “Estado y la Revolución”, el Señor de Palacio ha sabido esperar el tiempo oportuno para construir un plan lo suficientemente sólido que vulnerara las bases del Estado de Derecho y le permitiera hacerse, como sucedió aquel fatídico 19 de junio de 2022, al poder.

Esfuerzo, planificación, mentiras repetidas las veces que ameritasen para convertirse en verdades; sangre, dolor y en general, un alarde perenne de la combinación de todas las formas de lucha, fueron elementos necesarios en la estrategia del (ex) militante del M-19 para cumplir con su objetivo de convertirse en gobernante de los colombianos e instaurar, a futuro, un régimen ideológico de izquierda radical en el país.  

Cierto es que, en virtud del principio de separación de poderes contemplado en el artículo 113 de la Constitución, los expresidentes han aspirado a garantizar el respaldo y la coordinación entre las distintas ramas del poder, como palanca para el desarrollo de sus planes de gobierno. Cierto también es que, con excepción del robo del plebiscito, en términos generales los deseos del presidente de turno se han sometido a los designios de la Constitución y al sistema de pesos y contra pesos, respetando la autonomía de los distintos órganos y entendiendo que, aunque su anhelo fuera controlarlo todo, hay fronteras impenetrables. Finalmente, también es cierto que el caso del autodenominado Gobierno del Cambio es distinto, muy distinto, por su carencia absoluta de formas y escrúpulos, así como su grotesco desafío permanente al equilibrio de poderes. 

Con pleno conocimiento de los costos asumidos hasta ahora y de lo cerca que está de materializar sus sueños autócratas, Petro es consciente que su proyecto político no podrá sobrevivir a menos que logre corroer el modelo institucional colombiano, permeando cada uno de los cuerpos que lo conforman.  Esa es la cruzada que lidera en este momento y como lo dijimos al principio de estas líneas y en otros escritos de este periódico, algo de éxito ha tenido. La Cámara de Representantes es suya; La Fiscalía, también lo es; el poder judicial, le ha sido generoso y las altas Cortes, no le han sido del todo esquivas; las superintendencias convertidas en su KGB personal y las Universidades públicas, cediendo en su autonomía universitaria para ganar en Petripuntos.

Pero no todo es color de rosa, incluso para Gustavo Francisco. En ese periplo que ha recorrido, hay una Institución que es elemento sine qua non de su rompecabeza y que esta semana con sorpresa conoció, no le era propia de sus filas, pese a que en sus cálculos la historia era otra. La Junta del Banco de la República, cuyo control era menester para influir en la política económica, dio en días pasados muestra valiente de su independencia al votar por mantener la tasa de interés en 9,5%, contrariando -responsablemente- los caprichos populistas del último de los Aurelianos.  

Como era de esperarse, no tardó en llegar la amenaza pública del líder del Gobierno a los codirectores de la entidad. En su reality ministerial dejó en evidencia su desprecio por la autonomía del Banco diciendo -sin una pizca de vergüenza- que pese a que ya debería tener mayorías en la Junta, la delegada que él puso el año pasado no quiso hacerle caso. Y bueno, como ya es costumbre cada vez que pierde un pulso o que da cuenta de su minúscula capacidad para dirigir el país, cerró señalando a la mayor parte de la junta de uribista.

Sean los señalamientos de Petro, motivo de celebración. Dándole credibilidad a sus acusaciones no queda de otra entonces, que agradecerle a la Junta por ser el último bastión de la democracia, a la doctora Olga Acosta, por no hacerle caso al presidente y priorizar el cumplimiento de su mandato constitucional y al uribismo, por nuevamente ser el responsable de que al señor que hoy nos gobierna, entienda que aún no estamos en una dictadura y que resistiremos con todas nuestras fuerzas para que nunca lo estemos.  
Postdata: De bastión también ha servido la Comisión séptima del Senado. Que sea este momento para agradecerles y recordarlo.

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