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(OPINIÓN) El show de comedia de Petro y la tragedia de Colombia Por: Santiago Valencia

Gustavo Petro no gobierna: actúa. Cada frase suya parece sacada de un libreto de un show de comedia político. A veces habla del “clítoris” como si estuviera en un bar, otras inventa que los “Brayans son vampiros codiciosos”, y en medio suelta un “sí, soy populista” con la seguridad de quien cree que

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Redacción IFM
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El show de comedia de Petro y la tragedia de Colombia Por: Santiago Valencia

Gustavo Petro no gobierna: actúa. Cada frase suya parece sacada de un libreto de un show de comedia político. A veces habla del “clítoris” como si estuviera en un bar, otras inventa que los “Brayans son vampiros codiciosos”, y en medio suelta un “sí, soy populista” con la seguridad de quien cree que todo se le celebra. El problema es que mientras algunos se ríen, otros se indignan y muchos nos angustiamos, él logra lo que quiere: marcar la agenda.

Pero no nos equivoquemos: Petro no improvisa. Cada salida de tono está calculada para mantener viva la conversación, para reforzar su narrativa frente a quienes aún lo siguen, y para desviar la atención del desastre de su gobierno. Detrás de sus frases no hay genialidad, hay estrategia: distraer del desempleo, de la inseguridad, del deterioro de la economía, del desgaste institucional. Mientras el país debate si reírse o llorar con su última ocurrencia, él oculta la falta de resultados y gana tiempo con un libreto de circo.

Y aquí la ironía más cruel: mientras Petro hace de payaso, la oposición hace de público dividido. Se atacan, se insultan, se desgastan entre sí, como si la prioridad fuera demostrar quién tiene el ego más grande y no quién tiene la capacidad de construir una alternativa. En ese teatro, Petro siempre gana: porque mientras los demás pelean entre bastidores, él se queda con el escenario y con los reflectores.

Colombia no puede darse ese lujo. No resiste otros cuatro años convertida en un experimento fallido, ni otros cuatro años en los que el gobierno es un show itinerante mientras la economía se deteriora, la violencia aumenta y la institucionalidad se dobla.

La unidad no es un consejo romántico: es la única manera de derrotar a Petro y a la izquierda que hoy controla el poder y los recursos. Hay que dejar de caer en la trampa del “todos contra todos” y empezar a pensar en lo esencial: cómo construir un país distinto, con instituciones firmes y oportunidades reales. La pregunta no es cómo ganarle al otro candidato de oposición, sino cómo derrotar el proyecto de Petro que, con frases y demagogia, sigue envalentonado.

Porque al final, el show de Petro nos puede dar risa, rabia o angustia. Pero lo que de verdad debería darnos es vergüenza quedarnos callados, divididos y distraídos, mientras él convierte la política en un circo y el país en una tragedia.

La hora exige unidad y sensatez. El tiempo de los chistes se acabó.

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