(OPINIÓN) El narcogobierno mata y deja matar. Por: Enrique Gómez
Que sea esta la hora para reflexionar sobre los costos de la deriva ética y moral de la Nación. Con dolor infinito registra Colombia la partida de un joven excelso como Miguel Uribe Turbay. Estudioso, trabajador incansable, ecuánime, comprometido sin dubitaciones con la democracia y la seguridad, in
Que sea esta la hora para reflexionar sobre los costos de la deriva ética y moral de la Nación.
Con dolor infinito registra Colombia la partida de un joven excelso como Miguel Uribe Turbay. Estudioso, trabajador incansable, ecuánime, comprometido sin dubitaciones con la democracia y la seguridad, insobornable, poseedor de una cultura amplia y decidido a entregarlo todo, todo de verdad, por esta patria ingrata que se entrega con tanta facilidad a la perversión y la corrupción, pero que merece todo de nosotros.
Los narcogobiernos matan y dejan matar. Fue así con Samper y Álvaro Gómez. Es así con este gobierno, que como lo hemos venido reiterando es un narcogobierno, comprometido a fondo con la promoción del cultivo de coca, la entrega territorial a terroristas y traquetos, y que busca —a toda costa, con la gestión ejecutiva del ministro de Justicia, el comisionado de paz y la senadora Isabel Zuleta, entre otros— la implementación de un sometimiento narcótico que no solo otorgue impunidad y lavado de activos, sino que permita la preservación de las estructuras criminales de cultivo, tráfico y microdistribución de la coca.
La escogencia de Miguel Uribe Turbay como gran objetivo de la violencia selectiva tiene que ver todo con la política y la preservación del poder de parte del Pacto Histórico. Mezclaba sus incuestionables y tradicionales credenciales liberales con un destacado activismo y compromiso con el Centro Democrático. Tenía, en los tiempos febriles de la democracia de 15 segundos de Instagram, control emocional amplio en sus interacciones personales y digitales.
Coherente en el manejo de su agenda temática, se concentró en denuncias y propuestas de seguridad centradas en la retoma del territorio y el regreso a una agenda dinámica y comprometida de orden público. Manejaba, como ninguno en la oposición, sus redes sociales y su pauta digital. Estaba en contacto incesante con los ciudadanos de todos los estratos. Era incorruptible. Por todo ello, por su carisma y atributos políticos, lo mataron.

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