(OPINIÓN) El general de 7 soles. Por: María Clara Posada
No es anecdótico que, cuando más necesita Colombia una voz como la de Álvaro Uribe Vélez para enfrentar a todas las mafias que hoy han permeado los estamentos de la sociedad, esas mafias decidan debilitarlo. Se equivocan de estrategia: Uribe se crece en las tormentas, y de ello ha dejado testimonio
No es anecdótico que, cuando más necesita Colombia una voz como la de Álvaro Uribe Vélez para enfrentar a todas las mafias que hoy han permeado los estamentos de la sociedad, esas mafias decidan debilitarlo. Se equivocan de estrategia: Uribe se crece en las tormentas, y de ello ha dejado testimonio en su vida pública.
En años de historia republicana, nadie con su voluntad, determinación y capacidad de trabajo ha dirigido los destinos del país. Nadie ha sido tan firme contra los criminales y tan generoso con los colombianos respetuosos de la ley. Por eso lo odian las FARC, el petrismo y el castrochavismo. Por eso lo envidian quienes se sintieron ensombrecidos por su liderazgo, desde los santistas pura sangre, hasta algunos que se hicieron elegir con sus banderas para luego traicionarlo o intentar empequeñecerlo.
Tanto incomodó Uribe a quienes vendieron los intereses de la patria, tanto se atrevió a desnudarlos públicamente y, fue tan imposible vencerlo en las urnas; que no quedó más que instrumentalizar la justicia para sacarlo del camino. Por eso, hoy Uribe es un preso político.
Sus enemigos buscan retratarlo como un hombre vencido, porque es más fácil quebrar a un derrotado que a un combatiente. Pero nada más lejos de la realidad. Uribe se peina en las tormentas. Siempre supo contra quién luchaba: mafiosos y criminales de gran calibre. Sus contradictores son minúsculos, cuyo ego vestido con ropajes estrechos y discursos de doctrina pretenciosa les impide ver que enfrentan a un hombre que los supera en estatura política, moral e intelectual. ¿Cuántos procesados se atreven a decirle a un juez que tiene en sus manos la libertad como derecho: “Con mis hijos no se meta”? Ese es su talante.
Colombia debe preguntarse si quiere a su general más importante confinado en una detención injusta o al frente de la batalla. Las elecciones de 2026 serán decisivas: estaremos rodeados por el ‘cartel de los Soles’ de Venezuela, con bandas criminales en expansión, secuestros al alza, extorsiones por doquier, sicariato desenfrenado, gobierno de inmorales y una economía inflada por capitales mafiosos. La JEP, gran legado de Santos, garantizará impunidad a los suyos y la justicia seguirá politizada. ¿De verdad vamos a permitir que retiren del juego al único líder con la capacidad probada de liderar en esta vorágine? Como dice Abelardo de la Espriella, sería como sacar al “Messi de la política” antes de la final.
La historia ofrece ejemplos elocuentes. Imaginen que los británicos, que despreciaban a Winston Churchill, lo hubieran encarcelado en 1938 por contrabando de tabaco y dejado el mando en manos de (el pusilánime de) Neville Chamberlain. Probablemente, Europa entera hablaría alemán. Esa es la magnitud del error que podríamos cometer.
Los diminutos mercenarios que hoy celebran esta persecución judicial no comprenden al gigante que han despertado. Jawaharlal Nehru fue encarcelado por los británicos y volvió para liderar la independencia de la India. Václav Havel pasó años preso bajo el comunismo y, al salir, condujo a Checoslovaquia a la libertad. Nelson Mandela soportó 27 años en prisión y, después, desmanteló el apartheid. Sus carceleros pensaban que el encierro extinguiría su influencia, pero solo la multiplicó. Con Uribe ocurrirá lo mismo: sus ideas y su ejemplo ya son patrimonio moral de la nación.
Uribe es, y seguirá siendo, el general de 7 soles: el que combate en todos los frentes, el que inspira aún en la adversidad, el que entiende que la autoridad no se mendiga, se ejerce. Sus detractores, en cambio, se mueven en la mezquindad: discursos vacíos, cálculo oportunista, poder prestado por la coyuntura. Son políticos de un ciclo; él es un estadista de generaciones. Esa es la diferencia.
El dilema está planteado: nos resignamos a un país gobernado por la criminalidad, o defendemos, con la fuerza de la democracia, a quien ha demostrado que la nación puede prevalecer. Colombia no puede darse el lujo de perder a su general de 7 soles justo cuando más lo necesita.
Postdata: La marcha de hoy no es un acto de clemencia. Es un ejercicio de defensa ciudadana. No es Uribe quien necesita a Colombia: somos nosotros, los colombianos, quienes necesitamos a Uribe. En tiempos en que las mafias dictan la agenda, renunciar a su liderazgo sería una decisión suicida.

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