(OPINIÓN) Crónica de una muerte planificada: caso Sanitas. Por: Santiago Valencia González
A Sanitas no la quebró el mercado. Pero sí intentaron quebrarla desde el poder. No murió por causas naturales ni por incompetencia. La quisieron matar. La llevaron al borde.
A Sanitas no la quebró el mercado. Pero sí intentaron quebrarla desde el poder.
No murió por causas naturales ni por incompetencia. La quisieron matar. La llevaron al borde.
Fue una tentativa de asesinato institucional mal disimulada: aplicada con premeditación, a punta de asfixia presupuestal, discursos ideológicos y abandono deliberado. Y mientras todo se desmoronaba, el gobierno Petro seguía repitiendo su letanía del “chu chu chu”… como si el tren del “cambio” pudiera arrollar sin consecuencias a millones de pacientes.
Este no es solo un análisis técnico. Es el relato —con datos, cifras y responsabilidades— de cómo una de las EPS más grandes del país fue llevada al colapso. No por ineficiencia. Sino por decisión. Por dogma. Por politiquería.
Primera estación: antes del “chu chu chu” (hasta agosto de 2022)
Sanitas no era perfecta. Tenía deudas, una siniestralidad alta (103,5 %) y más de 11.000 tutelas en el año. Pero atendía a más de cinco millones de colombianos y respondía. En 2022 cerró con ingresos por 7,5 billones de pesos y pérdidas por apenas 295 millones. Era un barco con filtraciones… pero flotaba.
Eso sí: el sistema ya mostraba signos de agotamiento. La ADRES debía más de 800 mil millones por servicios prestados. La UPC no reflejaba el costo real de atención en salud. Y los presupuestos máximos se giraban tarde y mal.
La solución estaba sobre la mesa:
- Hacer un análisis técnico y juicioso del gasto en salud, y aumentar la UPC, en línea con lo recomendado por los técnicos (entre un 10 % y un 14 %), de forma proporcional y oportuna.
- Evaluar esquemas de respaldo fiscal temporal o capitalización condicionada para EPS solventes, como se hace en sectores estratégicos, con reglas claras y exigencias de eficiencia.
Pero el nuevo gobierno tenía otro plan. Y no incluía salvar a Sanitas. Ni a ninguna EPS.
Segunda estación: la asfixia planeada (agosto 2022 – abril 2024)
Desde el primer día, el gobierno Petro se dedicó a deslegitimar el modelo de aseguramiento. La ministra Carolina Corcho fue clara: el sistema debía colapsar para que la reforma “naciera”. Petro, entre arengas, metáforas ferroviarias y populismo en tarima, seguía con su “chu chu chu”, sin detenerse a escuchar a pacientes, técnicos ni expertos.
Las cifras hablan solas:
- En 2023, Sanitas recibió más de 160.000 tutelas. Casi el triple que antes.
- Las quejas superaron las 180.000.
- La siniestralidad subió a 106,5 %.
- Sanitas fue la EPS que más recursos recibió por presupuestos máximos en el régimen contributivo (138 mil millones)… pero los pagos fueron tardíos, desorganizados e insuficientes.
Y el hecho más revelador: en julio de 2023, Sanitas, Sura y Compensar, las tres EPS más grandes y con mejor desempeño, enviaron una carta conjunta al gobierno advirtiendo que no podrían continuar si no se corregían los problemas de financiamiento.
El mensaje era claro: sin ajustes estructurales en la UPC, presupuestos máximos y flujo oportuno de recursos, el sistema colapsaría.
¿La respuesta del gobierno? Ninguna.
Ni una sola medida concreta. Ni una mesa técnica. Solo silencio… y el “chu chu chu”.
A eso se suma la decisión de mantener congelada la UPC, ignorando todas las alertas. Como quien ve a un paciente desangrarse y le niega la transfusión. Sanitas gastaba 104 pesos por cada 100 que recibía. Y el Ministerio simplemente la dejó desangrarse.
Tercera estación: intervención, caos y sentencia (abril 2024 – junio 2025)
El 2 de abril de 2024, la Superintendencia de Salud intervino Sanitas. Lo hizo sin previo aviso, sin sustento técnico claro y sin plan serio. Dijeron que era para salvarla. Pero la dejaron peor.
Un año después, la Corte Constitucional anuló la intervención. La calificó de arbitraria, sin motivación técnica y violatoria del debido proceso. Pero el daño ya estaba hecho.
- En 2024, Sanitas recibió más de 221.000 quejas.
- La satisfacción del usuario se desplomó.
- Las pérdidas aumentaron en más de 400 mil millones.
Keralty, su casa matriz, habló de devastación. Porque eso fue: un naufragio provocado por quienes juraron cuidar la salud de los colombianos.
Y ni siquiera el aumento de los presupuestos máximos logró tapar el hueco. Aunque el monto total asignado para 2025 fue de 1,87 billones, al régimen contributivo solo se le asignaron 502 mil millones de pesos.
Según análisis citados por ConsultorSalud y estimaciones de la ADRES, el sistema requiere en promedio cerca de 300 mil millones mensuales para cubrir los servicios y tecnologías no financiadas por la UPC.
Eso significa que ese presupuesto apenas alcanza para 1,6 meses de atención.
El resto del año quedaría sin financiación. Una curita sobre una herida de bala.
Última estación: ¿Sanitas sobrevivirá?
Sanitas quedó golpeada. No está muerta, pero la dejaron al borde.
Hoy, tras la decisión de la Corte, no está salvada, pero tiene una oportunidad.
No fue la medicina. Fue la política.
No fue la gestión. Fue la ideología.
No fue un error. Fue un plan.
El gobierno no solo asfixió a Sanitas: lo hizo sabiendo lo que causaría. Quiso destruir para imponer. Colapsar para intervenir. Y todo lo disfrazó con promesas vacías y su mantra más cínico: “chu chu chu”.
Hoy, Sanitas ha dicho que hará todo lo posible para reconstruirse. Pero su destino ya no depende solo de ella.
Porque si el gobierno no acata la sentencia,
si no actualiza la UPC de forma técnica,
si no corrige el modelo de financiamiento,
y no garantiza que las EPS que funcionan puedan vivir,
entonces ahí sí no habrá intervención que valga.
Ahí sí habrá un muerto. Y no será solo Sanitas.
Sanitas fue solo el síntoma.
La enfermedad es más profunda:
Un gobierno que no escucha, que desprecia lo técnico,
y que está dispuesto a arrasar con todo por imponer su modelo.
Y eso, en salud, se paga con vidas.

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