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(OPINIÓN) Aureliano en su laberinto. Por: Wilhelm Stefan Benavides

Ahora sí ya no les queda duda a los idiotas útiles, a la centro derechita cobarde, al centro y la centro izquierda, quienes hicieron de oídos sordos frente a todas las advertencias que les hicimos desde los sectores libertarios. Nunca tuvimos dudas de las intenciones de Petro, desde comienzos de los

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Redacción IFM
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Aureliano en su laberinto. Por: Wilhelm Stefan Benavides


Ahora sí ya no les queda duda a los idiotas útiles, a la centro derechita cobarde, al centro y la centro izquierda, quienes hicieron de oídos sordos frente a todas las advertencias que les hicimos desde los sectores libertarios.

Nunca tuvimos dudas de las intenciones de Petro, desde comienzos de los años 80, cuando comenzó a ser visible por los hechos de la invasión «Bolívar 83» en Zipaquirá.

Petro, a diferencia de Everth Bustamante, de Romseberg Pabón, de Carlos Antonio Lucio, jamás se desmovilizó. Continúo subvertiendo el orden democrático desde las sombras, sirviéndole a las FARC, al ELN y recibiendo dineros de cuanto delincuente quisiera aportar a su «lucha revolucionaria».

Su discurso siempre ha sido el mismo: llamar «democrática» a la revolución genocida comunista. Si para alguien está claro la combinación de todas las formas de lucha revolucionaria, entre ellas la subversión del lenguaje, es para Petro, el sádico psicópata sofista revolucionario comunista por excelencia.

Que todas las hordas de idiotas útiles no hubieran visto lo obvio en Petro, como cuando, al estilo Chávez, utilizaba el balcón de la Alcaldía, para dar rienda suelta a su adicción por la megalomanía psicótica y esquizoide del relato caudillista, burlándose de la Procuraduría y tildando a Ordóñez de «ultraderechista fascista», es simplemente inconcebible.

Lo que sucediió, es lo mejor que nos hubiera podido suceder: después de una semana negra para Petro, con marchas exitosas y multitudinarias, no sólo de la derecha, sino de sectores del centro y de la centro izquierda arrepentidos, hasta de sindicatos; depués de que virtualmente se le cae la reforma a la salud, cuando ve que, gracias a la presión de las marchas, el Partido Conservador y el Liberal, se comienzan a bajar del barco; cuando ve que no le funcionó su estrategia de nombrar fiscal de bolsillo, que la Corte Constitucional le frena sus descabellados decretos; cuando se da cuenta que pierde la calle, que pierde cada día cientos de miles de adeptos, que solo ven en su gobierno corrupción, despilfarro, desgreño, caos, ingobernabilidad, escándalos diarios; cuando ve que las dos mociones de censura fueron aplastantes en contra de su caótico gobierno; cuando torpemente apela a ordenarle, a su comisaria estalinista Rusinque, a allanar la Registraduría y la ciudadanía prende todas las alarmas y comprende el motivo de su obsesión de quitarle a Thomas Greg & Sons el contrato de los pasaportes; cuando le da la orden a la RTVC de matonear a la oposición; cuando todo esto (y mucho más) sucede en menos de 8 días, el sátrapa, tirano, psicópata, megalómano, polluelo de dictador, se desespera y ordena el traslado de 20 buses con mingueros del Cauca, que no tenían ni idea a qué iban -fuera de recibir algún dinero por el paseo y el almuerzo- para que llenen con un poco menos de mil personas (que solo muestran en primeros planos) la plazoleta de Puerto Rellena, y, ¡por fin, se quita la máscara y muestra TODAS sus cartas!

Alias Aureliano, en su desespero patea la mesa y opta por el «auto- suicidio», recordando las palabras de su camarada Maduro. Porque si ya había perdido a la mayoría de su electorado, luego de su debut como el nuevo sátrapa dictador chabestia criollo, los idiotas útiles que aún intentaban disimular su estrenduoso fracaso como gobernante, hoy se rasgan las vestiduras, saltan del Titanic y se lanzan al mar, despavoridos y se lavan las manos, para no quemarse con el nuevo Chávez oficial, que mal gobierna Colombia.

Todos los que nos decían a los libertarios «uribistas, paracos, ultraderechistas, hetrepatriarcales, fascistas, retardatarios, uribestias, conspiranóicos, aves de mal agüero», etc., etc., se quedaron SIN ARGUMENTOS, porque su «mesías» se ha encargado de dejarlos como lo que son: borregos.

Ya NADIE nos puede venir a decir que Petro no es dictador, que Petro «es de izquierda, pero es demócrata», que «Petro no es Chávez», que «Colombia no será Venezuela», porque no fuimos nosotros, no fue Uribe, no fu la Cabal, no fue Semana, no fue Vicky Dávila, ¡no! Fue el mismo Petro quien se encargó de hacernos a nosotros el favor, de ahorrarnos el durísimo y estéril trabajo de tratar de convencer a la mamertada de su equivocación.

Petro mismo, en persona, en vivo y en directo por el Telesur criollo, RTVC, se los dijo en la cara: «fui el comandane de la primera línea, ordené las tres tomas guerrilleras de las ciudades, los bloqueos, el incendio de CAIs la quema de policías, la destrucción de Transmilenios, el asesinato de bebés en bloqueos, la quiebra de miles de empresas y así como los amenacé con guerra urbana si no me leían en 2018 como presidente, hoy los amenazo con constituyente o guerra civil, si no me aprueban mis medidas comunistas.»

Creo que el desespero de Petro nos sirve muchísimo, porque el país hoy se une, en su inmensa mayoría, entre los que defendemos las instituciones, en contra de una ínfima minoría radical que las quiere destruir.

Petro, en lugar de dividir el país, lo que está logrando es que la centro izquierda (para no perder a sus electores y su curules) y el centro, se unan a la centro derecha y a la derecha en contra de Petro. No es sino leer los trinos de Claudia Nayibe, de Cathy Juvinao, de Katherine Miranda y compañía, de Humberto De La Calle, de Antonio Navarro, etc., etc.

Petro se atrincherará con sus radicales ultra izquierdistas comunistas, se victimizará, para intentar sobrevivir lo que le queda de mandato, si no es que le estalla el jucio por indignidad y el Art 109 en la cara. Y si llama a la insurrección y a la guerra civil, ordenando al ELN, FARC y a sus milicias petristas incendiar el país, las Fuerzas Militares tendrán que escoger a quién defienden, si al tirano o a los ciudadanos.

La ventaja que aún tiene Colombia, es que llevamos dos siglos de violencia y de guerras intestinas; 65 años de insurrección comunista; los años 80 con terrorismo del narcotráfico; con secuestros, extorsión y la violencia como parte del paisaje.

Petro con sus amenazas y caprichos revolucionarios de los años 70, en lugar de acobardarnos lo que logrará a mediano y largo plazo es hacernos más fuertes. Hoy pueda que tengamos algo de temor ante la incertidumbre, pero ese sentimiento pasará hoy, o mañana, cuando le estalle otro nuevo escándalo de nepotismo, desgreño y corrupción al peor gobierno de la historia de Colombia.

Petro PERDIÓ la calle y al menos al 70% de sus electores. Y seguirá en caída. No veo cómo vaya a repuntar, o cómo vaya a levantarse después de confesar que sigue siendo el mismo guerrillero de toda su psicótica vida y cuando ya se quitó la máscara y reconoció que es Chávez II.

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