(OPINIÓN) Abelardo de la Espriella. Por: Gabriel Rodríguez Osorio
Cuando hace seis meses el hoy candidato presidencial Abelardo de la Espriella empezó hablar de sus ganas de ser Presidente de los colombianos y su posible aspiración a la Presidencia, le dije a su padre, mi buen amigo y contertulio Abelardo de la Espriella Juris, que si Abelardito seguía hablando co
Cuando hace seis meses el hoy candidato presidencial Abelardo de la Espriella empezó hablar de sus ganas de ser Presidente de los colombianos y su posible aspiración a la Presidencia, le dije a su padre, mi buen amigo y contertulio Abelardo de la Espriella Juris, que si Abelardito seguía hablando como venía haciéndolo no solo duro, sino diciendo con oralidad convincente, sería el Presidente de Colombia, porque lo que dice es lo que el pueblo quiere oír; soluciones a tanta inequidad e injusticia.
Que los problemas que aquejan a Colombia tienen unas soluciones prácticas, alejada del discurso político que llevaban cientos de años la clase política prometiendo, mientras crece la pobreza, la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción política y la impunidad. Problemas que sin duda se agravaron en el pésimo gobierno de Gustavo Petro. Tal vez esta sea la razón principal de querer el candidato de la Espriella aspirar al cargo.
Su discurso caló, gustó, y muchos nos dimos cuenta de que ese era el hombre que necesita en este momento la República. Es el tiempo exacto que venga un candidato no salido de la nefasta y abominable clase política, diciendo las cosas que el pueblo quiere oír, palabras venidas de un “outsider”, alejado de los clanes políticos, hartó el mismo como lo estamos todos de los partidos políticos tradicionales y no tradicionales.
La política en Colombia se convirtió en un gran negocio de donde todos pelechan. Conociendo, como lo demuestra su trayectoria profesional, Abelardo es un hombre que ejecuta sus sueños de manera muy exitosa, muchísimos logros personales y empresariales que son orgullo. Al candidato lo acompaña su conocimiento propio de la constitución y el funcionamiento del Estado, y el de saber y querer rodearse de los mejores, posee una gran oralidad, no la “veintejuliera” y mentirosa de siempre, que nos tiene hastiada y al borde de la ira, sino un discurso muy coloquial, directa, sin ambages y con breves diagnósticos, pero profundo proceder ejecutor.
Nada más delicioso oír acabar con la JEP, tribunal judicial que es una vergüenza para el 95% de los colombianos. Nada más plácido que oír poner el espejo retrovisor para ajusticiar como se lo merece Roy, Barrera, Benedetti, Montealegre, Petro y todos sus familiares y tantas alimañas que tanto daño han hecho a la patria. Castigarlos con pronta y eficiente justicia.
Nada más placentero porque se harán exploraciones de petróleo. Nada más delicioso que poner tras las rejas al personaje peor y nefasto que ha parido el suelo colombiano, Juan Manuel Santos. Nada más agradable que reducir el Estado en un 40% y limitar prácticamente su existencia solo para regular las reglas de juego y hacer justicia. Nada más exquisito que el expresidente Uribe sea su Ministro de Defensa o que Mafe Cabal sea Canciller. En fin, tantas cosas que hay que cambiar para llevar a los colombianos a la felicidad y una vida digna.

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