La hora de los murciélagos. Por: Enrique Ramírez Yáñez
Una fábula de la mitología india – cuando digo “india”, me refiero a la gran nación asiática, no a las bandas de matones que andan por ahí, en las calles y carreteras de Colombia, amedrentando a la gente con sus amenazadores garrotes, y robando tierras a sus legítimos propietarios – cuenta que, en a
Una fábula de la mitología india – cuando digo “india”, me refiero a la gran nación asiática, no a las bandas de matones que andan por ahí, en las calles y carreteras de Colombia, amedrentando a la gente con sus amenazadores garrotes, y robando tierras a sus legítimos propietarios – cuenta que, en alguna oportunidad, hubo una guerra entre los ratones y las aves. Todos los animales tomaron partido por alguno de los dos bandos. Todos, menos los murciélagos, que reflexionaron así: podemos volar, como las aves, pero nuestro cuerpo es igual a los de los ratones: guardemos la neutralidad, no participemos de la guerra, y si ganan las aves, diremos que nosotros somos aves, porque volamos como ellas. Pero si ganan los ratones, nos proclamaremos ganadores, porque tenemos cuerpo de ratón. Acabó la guerra, y la única especie que desapareció de la tierra fue la de los murciélagos: los ratones los mataban porque los creían aves, y las aves, porque los creían ratones.
Y el gran Dante Alighieri, en su “Divina Comedia”, reservó los más tenebrosos lugares del infierno para aquellos que, en época de crisis, mantienen la neutralidad.
Esa foto del ministro Benedetti rodeado de señoras congresistas que lo miran, extasiadas y rendidas a su poder, mientras él, sonriente, se deja adular, es la mejor radiografía que uno puede encontrar de esta clase política corrupta, inmoral, apátrida, que está destruyendo al país. La aprobación, por la plenaria de la Cámara de Representantes, de una reforma a la salud absolutamente inviable, utópica, imposible de financiar, porque ni el fanático Ministro de Salud sabe cuánto costará, que le va a entregar no se sabe cuántos billones a los políticos para que dispongan de la salud de los colombianos a su antojo – hasta tuvieron el cinismo de suprimir un artículo que exigía que los directores de los hospitales se escogieran por concurso, para que sigan siendo parte del botín disponible para gobernadores y alcaldes -, demuestra, una vez más, que esta clase política – y gran parte de la empresarial – está podrida desde la raíz, que, si queremos que este país siga siendo una democracia, tenemos que erradicarla totalmente, como propone Vicky Dávila.
Tiene toda la razón el expresidente Andrés Pastrana cuando públicamente rompe sus nexos con este partido Conservador, cuyos directivos actuales convirtieron la gloriosa bandera azul en el trapo de la cocina. ¡Qué contraste con sus pares en el liberalismo, el exmandatario Santos, quien, desde la sombra, como es su estilo, mueve sus marionetas buscando acomodar a alguno de los suyos como candidato presidencial de la izquierda, y Gaviria, el patriarca que en el ocaso de su carrera ha permitido que en sus manos se deslíe la orgullosa bandera roja de otros tiempos!
Usted, lector, no tiene derecho a ser neutral, si ama a su país, si ama a su familia, si se ama a sí mismo. Se dice que los malos gobiernos los eligen los buenos ciudadanos que no votan. Si usted pertenece al 50% de los colombianos que no votan, o que ni siquiera tienen la cédula inscrita, piénselo, porque ya empezó la guerra, y usted, si cree que el asunto no le compete, perecerá, como perecieron los murciélagos de la fábula.
Es cierto que la guerra será muy desigual, pues, de alguna manera, será otra vez David contra Goliat. La Izquierda no respeta el Estado de Derecho, no respeta la democracia, usará todas las herramientas del poder para perpetuarse en el mando. Es muy triste reconocerlo, pero la clase dirigente empresarial, mayoritariamente se ha arrodillado ante el verdugo, esperando que el latigazo no sea muy fuerte, y los medios de comunicación no se atreven a criticar de frente a los dueños de las chequeras oficiales.
Solo tenemos – por ahora – las redes sociales para hacer oposición.
Si a usted le gustan mis escritos, o los de otras personas que con más calidad y sabiduría que las mías comentan la realidad nacional, difúndalos, no tema demostrarles a sus contactos lo que usted piensa.
Después, será tarde. Después nos callarán a los que opinamos contra el régimen. Después, usted no podrá expresar lo que piensa.
Como en Cuba. Como en Nicaragua. Como en Venezuela. Después, les llegará su hora a los murciélagos.

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