¡La inquisición zurda! ¿Existe el delito de opinión?
Con la llegada de los «progres» al gobierno, hay un celo especialmente llamativo de proteger a Francia Márquez, quien, al parecer, no soporta la opinión, ni las comparaciones, ni mucho menos la caricaturización de su ser. Sin embargo, los mismos que piden la hoguera para los «herejes» que se atreven

Con la llegada de los «progres» al gobierno, hay un celo especialmente llamativo de proteger a Francia Márquez, quien, al parecer, no soporta la opinión, ni las comparaciones, ni mucho menos la caricaturización de su ser. Sin embargo, los mismos que piden la hoguera para los «herejes» que se atreven a señalar alguno de los rasgos de la vicepresidente, en el pasado lanzaron insultos, infamias e injurias contra aquellos que no comulgaban con sus ideas.
En el marco de la gran marcha nacional, Esperanza Castro fue entrevistada por un canal abiertamente aliado de la Primera Línea, con equipos que incluso están marcados con pegatinas de la campaña de Gustavo Petro y Francia Márquez.

Ella cometió el despropósito de asegurar que la vicepresidente es un simio y a renglón seguido sostuvo que los negros no tienen educación y son delincuentes.
¿Ofensiva la opinión de Esperanza Castro? Sí, sin duda. ¿Delictiva la opinión de la ciudadana? No. El marco legal, sin interpretaciones sesgadas, indica que ella no cometió ningún delito, pues al final de cuentas, es la opinión vertida en el marco de la libre expresión. En este sentido, en Colombia, la ley indica que la discriminación no se relaciona con hacer este tipo de comentarios chocantes: para incurrir en el tipo penal, se requiere impedir el ejercicio de un derecho.
Obviamente el escándalo suscitado y la presión desde los órganos de poder llevaron a la Fiscalía a abrir un proceso. Al parecer, podría imputarle, de manera forzada, el delito de hostigamiento, consagrado en el Artículo 134B del Código Penal, que castiga a quien promueva o instigue actos, conductas o comportamientos de hostigamiento, orientados a causarle daño físico o moral a una persona.
Aunque las declaraciones son hostiles, en ningún momento está promoviendo o instigando a algún comportamiento impropio: ¡está opinando! Por lo pronto, que se sepa, en Colombia no existe el delito de opinión y por más chocante, desenfocado y cruel que sea el comentario, no está incurriendo en ninguna falta contemplada en el Código Penal, porque ella, desde su perspectiva subjetiva, considera que la vicepresidente se parece a un simio.
Sin embargo, a Esperanza Castro la quieren llevar a la hoguera de los «herejes de la derecha» con el presunto e infundado delito de actos de racismo o discriminación. No obstante, así exista el sesgo y la presión de la progresía criolla, la realidad es que ese delito implica que un ciudadano impide, obstruye o restringe, de forma arbitraria, el pleno ejercicio de los derechos de una o varias personas, en este caso de Francia Márquez o de los negros a los que se refirió.
Evidentemente, una opinión jamás será un impedimento, ni obstáculo ni restricción para la vicepresidente y, por tal motivo, la cacería de brujas y el linchamiento de las redes sociales, más allá de perseguir a alguien que manifiesta sus pensamientos y posiciones personales, no tienen asidero en la legislación colombiana.
Así las cosas, el tuit del director general de la Policía, Henry Sanabria Cely, en el que publica un aviso de «ayúdenos a identificar», al estilo de «se busca», parece un abuso de autoridad, más en un país que ha padecido, desde la llegada del oficial a la Dirección General, más de 40 masacres, homicidios por doquier, invasiones de tierras y miles de tropelías más.
¿Será que Sanabria tiene como prioridad la captura de cada presunto racista en Colombia? En el gobierno de la «potencia mundial de la vida», al parecer, los homicidios, las masacres y los delitos de alto impacto, son asuntos menores, si se comparan con la incomodidad y la sensibilidad de la vicepresidente Francia Márquez. Si es así, que comience entonces a buscar a María Fernanda Carrascal, quien calificó a Miguel Polo Polo como negro vergonzante.
Es que el general Sanabria podría abrir un nuevo grupo de trabajo, para buscar y judicializar a quienes han agredido, descalificado e insultado con odio al ahora congresista. Otro nombre para la búsqueda sería el de Robinson Díaz.
La discriminación ideológica, evidente en la actuación del director de la Policía, no se fija en nimiedades como los ataques de los que fue víctima el expresidente Duque, a quien le decían Porky, en una muestra patética de odio.

De hecho, al senador Miguel Uribe Turbay, un tuitero lo llamó la «yegua del expresidente Uribe» y, que se sepa, todavía no hay un pronunciamiento de la Policía para identificar al agresor.
Finalmente, el verdadero racismo sigue campante, mientras se vierten opiniones degradantes contra ciudadanos en las redes sociales, aunque, al parecer, hay odios buenos, comprensibles y hasta justificables como el de Víctor Ovalle Díaz, y odios que merecen la hoguera, como el de Esperanza Castro.
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