Paula Andrea Pérez Reyes: “La poesía no clausura la pérdida ni cura completamente la grieta”
¿Cuándo y en qué momento, podría decirnos usted, se le reveló, estructuró y formó la dimensión del contenido de este libro? “Réquiem desde la grieta”
Por: Óscar Jairo González Hernández
¿Por qué lo nombró así, qué es la grieta aquí, como causa y consecuencia de su decir, de su decirse, que dudas y certezas lo sostienen y mantienen en su visión del mundo, en su relación con lo extraordinario de la realidad que la excede; la cantidad del sentir, que excava o quiere excavar, del relato de muerte o no que lo posee; que dice usted al lector(a), desde su testimonio, su testamento en lo que es la membrana de su sensibilidad estética; de la relación inescindible con lo humano, con su inclinación humanista, como sus (sus) trayectos en ese sentido; es catártico o no y por qué?
Valoro profundamente esta invitación, y para responder tus preguntas decidí escribirte la presente carta. Como autora del libro Réquiem desde la grieta (2025, El Quirófano Ediciones), podría decir que este libro no nació de un solo instante; nace de la decisión de nombrar un asunto pendiente. En el 2023 en Etzatlán (Jalisco-México) conocí al poeta Daniel Montenegro, un poeta colombiano y psicólogo que, al escucharme y tomarme un par de fotos, decide acercarse para conversar conmigo. De aquella conversación me queda una profunda inquietud por nombrar una herida tan profunda como escondida, así como las grietas escondidas en las piedras.
Una acumulación de heridas, memorias y silencios que fueron sedimentándose con los años y con un duelo pendiente en la agenda del tiempo. Allí, se fue revelando lentamente aquella grieta que primero apenas se insinúa en el primer libro titulado Cuando escribo sobre el muro (publicado en el 2021), y una grieta que grita con las monstruosas voces de las Quimeras del Tiempo (publicado en el 2022 y valorado como el mejor libro de una convocatoria nacional) y luego termina atravesándolo todo y acompañándome a todas partes, así lo descubrió Daniel.
Hubo momentos decisivos: la experiencia de crecer en una ciudad marcada por la violencia, la memoria de los ausentes, los nombres borrados, las madres esperando el regreso imposible, y también la conciencia de que la palabra podía convertirse en un lugar de resistencia frente al olvido. El libro se estructuró desde esa tensión entre la oración, la plegaria y el testimonio silenciado que denomino Réquiem. Allí, la marcha fúnebre se hace presente entre la elegía y la denuncia. Por eso, aquella insistencia constante en afirmar que “el poema es una verdad que se atraviesa en mi garganta”.
Lo nombré Réquiem desde la grieta porque el réquiem es, para mí, una oración por los muertos, por mis muertos. Pero también por los vivos que continuamos cargando el peso de nuestros muertos dentro del cuerpo, y en la esquina de las culpas y recuerdos. La grieta es la herida abierta de la memoria colectiva, no es histórica, ya que esta es politizada y al servicio de los vencedores; a los vencidos nos queda la anamnesis y la memoria social. Este es mi lugar de refugio y enunciación. La ventana desde donde se miran las realidades presentes en este libro. La grieta es Colombia, es Medellín, es Segovia, es Granada, es Mapiripán, es el rostro de las desapariciones y el eco de las fosas comunes. En uno de los poemas digo: “La memoria es una grieta que permanece abierta”. Esa frase contiene el núcleo del libro. La grieta es causa porque de allí emerge la escritura; y es consecuencia porque toda palabra verdadera deja una fisura en quien la pronuncia.
Las dudas que sostienen este libro son profundamente humanas. La duda sobre cómo narrar el horror sin traicionar a las víctimas. La duda sobre si el lenguaje alcanza realmente para nombrar el sufrimiento. La duda frente al silencio de la historia y frente a la indiferencia del mundo. Pero también existen certezas: la certeza de que la memoria es un deber ético, la certeza de que los muertos continúan hablándonos y la certeza de que la poesía puede preservar aquello que la violencia intenta borrar. Por eso el libro insiste en prestar la voz a quienes fueron silenciados: “Rezo por todas las voces, presto mi boca para que ellas hablen”.
La realidad que aparece en el libro siempre me excede. Ningún poema puede contener por completo la dimensión del dolor humano. Sin embargo, la escritura intenta acercarse a ese abismo. Hay algo extraordinario y terrible en la experiencia de convivir con la muerte cotidiana, con las ausencias, con los nombres tachados de la historia. En ese sentido, el libro dialoga con la tradición de las memorias del duelo, pero también con la filosofía y con las preguntas sobre el mal, el sufrimiento y la fragilidad humana. No es casual que aparezcan referencias a Nietzsche, Wagner, Gelman, Oesterheld o Juan Rulfo. Todos ellos acompañan esta reflexión sobre la pérdida y la persistencia de la memoria.
La cantidad del sentir que habita este libro es desbordante porque proviene tanto de experiencias personales como colectivas. Hay una conciencia íntima de la muerte, pero también una conciencia histórica. El libro está atravesado por la violencia política latinoamericana, por las desapariciones forzadas, por las madres que buscan, por los desplazamientos, por los cuerpos sin sepultura. Sin embargo, no quise escribir únicamente un libro sobre la muerte. También es un libro sobre la persistencia del amor, sobre la necesidad de seguir nombrando a quienes ya no están y sobre la esperanza obstinada de encontrar todavía un horizonte. El poema “Horizontes” nace precisamente de esa necesidad de imaginar otra posibilidad para nosotros, los hijos de América Latina.
Al lector o a la lectora les diría que este libro no pretende ofrecer respuestas definitivas. Es más bien una compañía en medio del duelo y de la incertidumbre. Un acto de memoria compartida. Cada poema funciona como una plegaria, como un pequeño ritual contra el olvido. El libro quiere recordar que detrás de cada cifra hay un rostro, detrás de cada desaparición hay una historia y detrás de cada silencio hay una humanidad rota. Por eso el epílogo hecho por la maestra María Cristina Gómez Isaza insiste en “orar por el no olvido”. Mi mejor forma de abrazar y ser presencia en tiempos de pérdida, duelo y despojo, eso es para mí la poesía, mi refugio y el refugio que le ofrezco al Otro frente a la impotencia de lo trágico.
Mi inclinación humanista y levinasiana nace precisamente de reconocer la fragilidad del otro. Como filósofa y defensora de derechos humanos, siempre he creído que la dignidad humana comienza cuando somos libres y hacemos uso de la facultad de escuchar el dolor ajeno sin reducirlo a estadística o espectáculo. Este libro es inseparable de ese trayecto ético. La poesía aquí no aparece como un adorno estético, sino como una forma de cuidado de la memoria. En poemas como “Nadie”, la voz poética se convierte en todas las víctimas invisibilizadas: “Soy todos los que no son nada”. Allí se encuentra una de las convicciones más profundas de mi libro: la escritura debe abrir espacio para quienes han sido expulsados del relato oficial de la historia.
¿Es catártico? Sí y no. Sí, porque escribir permite atravesar el dolor y darle una forma simbólica. La escritura ordena el caos interior y convierte la herida en palabra compartida. Pero también no, porque hay unos sufrimientos que jamás se resuelven del todo. La poesía no clausura la pérdida ni cura completamente la grieta. Apenas la ilumina por instantes. Quizás por eso el libro termina insistiendo en que el final nunca es realmente un final, porque la memoria permanece abierta y vuelve una y otra vez sobre nosotros. En el fondo, Réquiem desde la grieta es precisamente eso: una tentativa de seguir hablando con los muertos para que el mundo no termine de olvidarlos y llevarlos así a la inmortalidad.
Al final, NO OLVIDES: EL POEMA ES UNA VERDAD QUE SE ATRAVIESA EN MI GARGANTA.
Con gratitud por la invitación y la apertura a una conversación con puertas y ventanas abiertas al puro asombro.
Paula Andrea Pérez Reyes
Abogada, filósofa y poeta colombiana.
https://invencible.net/una-voz-entre-las-grietas/
https://scienti.minciencias.gov.co/cvlac/visualizador/generarCurriculoCv.do?cod_rh=0000029256
https://scholar.google.com/citations?user=fJHlj08AAAAJ&hl=es
https://www.eluniversal.com.co/blogs/la-tierra-del-cangrejo/una-escritura-que-sana
Tengo unos ojos que hoy son la rendija
El pequeño ojo por donde miro,
La inefable metáfora de la realidad invisible.
P.A.P.R.
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