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Óscar Jairo González Hernández: “Mi método para contrarrestar todo ello es la irritación crítica”

¿Cuáles son desde su punto de vista y experiencia personales las relaciones posibles entre ética y estética? No concibo sino un mundo, el mío, sino desde lo estético.

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Óscar Jairo González Hernández: “Mi método para contrarrestar todo ello es la irritación crítica”

No concibo una estructura que no esté formada sobre lo estético. Toda mi revolución consiste en diseminarme a mí mismo como esteta. No se trata de la verdad ni de la mentira, sino de la condición y el carácter estético en el que me poseo a mí mismo. No sé a los otros, pero todo comienza y se realiza en mí, o me es irrealizable, pero no me concierne sino a mí mismo. Desde allí puedo realizar mi estética, no para tranquilizarme, sino para provocarme, para perturbarme.

Todo lo que realizo en mi vida estética tiene entonces que estar sostenido o no, sobre y desde lo estético. La forma estética y el caos que es causado por esa búsqueda, que contiene un carácter también de insolente rebelión. No es necesario mostrarla o exhibirla, pero ella por sí misma desde mí, se muestra y se exhibe.

Es demasiado tratar la vida desde lo estético; tiene pruebas de radicalidad que se hacen por momentos insostenibles e irresistibles. Tiene más movimiento intermitente lo estético para mí que otra condición que se le pueda establecer a uno y que no sea determinada por uno mismo desde las intensidades de sus tensiones. Y lo estético para mí está relacionado irreductiblemente con la intencionalidad; es exhibir la intencionalidad en todo momento. Tener una estética formada es como trato de proyectar lo que estoy haciendo. Nada está oculto en ello, como dice Paracelso: “De la misma manera que hay tres personas en la Divinidad, pero no comprenden más que un solo número, así también los hombres deberían llegar a unirse en uno solo. Pero eso no ocurrirá así, hasta que se cumpla la sentencia: todo imperio que se divida a sí mismo, desaparece. De esta forma, ningún imperio desaparece hasta que no se divide contra sí mismo.

La más sabia construcción de una casa y la confederación de un imperio han de conducirse a sí mismos como actuaría una sola persona y actuar acorde con ello; de esta forma el número no puede nunca dividirse. Porque todo cuanto puede ser dividido es inestable y vano, y uno disputa con otro. Pero, regocíjate, porque tú llegarás a ser uno.”

¿Cómo interpretar en el contexto histórico actual la naturaleza del artista como intelectual? Es posible ser artista y no intelectual. ¿Es el artista un ser político? Sí o no?

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No me relaciono mucho con el tema de la historia. Intento no hacer ni estar ni interesarme por la historia. Cada uno tiene su historia. En ella se desarrolla su tarea. Es como una contrahistoria, como diría Cioran. Pero no, en mí tampoco se trata de eso. No me inclino, como he dicho, a interesarme por la historia. Contradicción en mí, que se mueve extrañamente hacia una historia, mas no entonces hacia un historicismo. Todos quizá quieren hacer historia, yo no. Tiendo más hacia una secretitud de lo que es mí, inasible.

No tener relación con la historia, la que indico, la que quizá ilustro en mis tareas académicas, pero que no son realmente las que más me interesen; interés en el sentido de la inclinación hedonista que puede tener para mí, no indicar para nada la historia. Me involucro con ella, por una contradicción, o sea, soy su contradictor. No quisiera tener historia, pero sí hay una historia para mí, que sea la de las turbulencias o de las tormentas tumultuosas.

No me veo en la historia; la he excluido de mí. Yo vivo en la inminencia de lo inexorable, en el turbulento instante, en la momentaneidad de las cosas. Y si llevo una historia o estoy en una historia, es desde la consideración de los otros, no mía. Y la visión no tiene historia, no hace historia, se rebela contra ella. La visión no tiene historia; busco la visión del vidente.

Tenemos que vivir entre los otros, pero también podemos decirnos que no vivimos entre los otros, porque hemos decidido hacerlo, sino porque se nos hizo indecidible. O indeterminable. Como artista, estoy en construcción, y es verdad, ni siquiera he iniciado mi construcción de mi artista o no. Cabe más para mí, lo de esteta, como lo he nombrado en mi libro: El libro del Tratado de la melancolía. Y en Pincel de hierba, lo que hice o lo que está hecho allí, intervenido, es todo contra mi historia, por lo que me instalé para ello, solo en dar indicios. Y los indicios son, pues, para mí del arte, de mi arte. O de mi estética.

Óscar Jairo González Hernández: “Mi método para contrarrestar todo ello es la irritación crítica”



¿Cómo puede contribuir en términos prácticos el arte, la literatura, la poesía, en el mejoramiento y resolución de conflictos sociales?

Como yo lo he dicho, nada puede hacer el arte en el cambio o la transformación del mundo. Y si lo hace, no será desde mí. Quiero decir que lo podría hacer, que habría otros que lo podrían hacer, y sería maravilloso que lo hicieran. Mi tarea es la de dar indicios, que puedan contribuir a formar una realidad otra, una naturaleza otra, que inclusive a mí no me ha sido dada, que todavía no me ha sido dada. Y sí, quizá sea dada, como los dadaístas, como el movimiento Dadá. Y no, tampoco es así, tampoco se puede imitar esto, porque dada es inimitable.

No hay academia Dadá, es lo que indico. Decía que los indicios, como símbolos, son los que corroen y oxidan hermosamente mi vida. Mis hélices de heliconias son las que hacen su proyección. Nadie las evidencia, porque no son obvias. No quiero que sean obvias, por eso maniobro mi cabeza de hélices de faisanes para ello. Tendemos, por una condición del medio donde estamos, a buscar resolver problemas, a mostrarnos en relación con los otros, para decirles a esos otros que hacemos cosas por ellos, pero ¿qué necesidad tienen ellos de nosotros? Yo no me necesito sino a mí mismo, pero no es real tampoco, tampoco es verdad, pero tiende hacia la verdad tensional de cada uno.

Nos involucran, nos hacemos involucrar, pero no decimos que no lo deseamos. Los artistas lo hacen también, todos lo hacen; pero en este momento, quizá en todos los momentos de nuestra “historia”, que son los de nuestra naturaleza (naturaleza contra la historia), no sea ello necesario. No estoy diciendo que no necesitemos de los otros, sino que no los necesitamos desde la densidad concentrada de la formación estética, en la que nada puede ser dominado ni intervenido por nadie. Es uno mismo, con su mismidad, como la llama el artista Max Beckmann. Yo también lo indicaría de esa manera, pero desde la intencionalidad estética, en la que baso lo que llamo: La Formación de Masa Tentacular de Sentido Provocado. Y ello hace que esa sea, en cada excavación que realizo en mi vida, lo que se muestre. Gesto es, nada más.

¿Aún es posible mantener la premisa platónica de expulsar al poeta de la república (de la cosa pública )?

No sé de qué se trata, en este momento. Y no lo sé, no sé qué decir, porque está en la construcción de mi intencionalidad estética. Yo he construido mi mundo, como tal, entonces no sé en qué orden o desde qué necesidad tenemos que tratar este tema. ¿Tienen temas? Pero ¿y eso a quién interesa hoy? Verdaderamente, no lo sé. O sí, a los que están interesados en el poder puede interesarles mucho, pero a mí el poder no me interesa, ni deseo tenerlo. Ni me he preparado para tenerlo. De tener una intencionalidad aquí, sería en esa relación que proponen, la del vaciamiento de mí mismo.

No tenemos todos que hacer lo mismo ni buscar lo mismo. Y es evidente que cada quien lo ha hecho así, cada artista lo ha hecho así. No tiene por qué decirse sobre ello o decirse desde ello. Es innecesario. No es de su deseo. Yo leo lo que dicen los artistas cuando los inquieren por cosas que no les interesa saber o sobre las que no les interesa pronunciarse. Y lo tienen que hacer, para mantenerse en unas relaciones que los fastidian. Y no saben cómo decirlo, cómo hacerlo saber a los otros. Mi método para contrarrestar todo ello es la irritación crítica. O decir: No sé. Platón, La República, ¿qué nos dice hoy? A mí: Nada. Y no quiero controvertir eso ahora, porque ya no está en mis tensiones controversiales, en absoluto. Yo mismo soy mi tema.

¿Cómo ven ustedes la proliferación de poetas y la banalización que los medios masivos de comunicación permiten en torno a la figura del poeta y del oficio del arte en general?

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Nadie ni nada es necesario. Esa es la verdad transparente que se forma desde uno mismo. Nos hacemos necesarios, si así lo decidimos. Nadie es si no desea serlo. Y todos tenemos ante sí el misterio. No sabemos nada, es lo que nos decimos. Tendemos a decirnos, porque es allí donde radicamos lo que podemos decir de nosotros mismos, pero no lo sabemos. Causamos ello en nosotros, pero la causa no es desconocida. Tenemos denominaciones de los seres, de las cosas, pero no sabemos qué son lo que denominamos (nominamos) de los seres, de las cosas.

Ellas se hunden en un abismo insondable. Nos son inasibles. Yo me extravío a mí mismo en esas condiciones que me establecen de asirlos. No me interesa esto de asirlas con medios que no son los de la naturaleza misma de los seres o las cosas. No sé a quién llaman así, nunca me he llamado a mí mismo de esa manera, ni artista siquiera. Y si me llamo esteta, es desde una tecné que baso en lo hidráulico, el movimiento. Eso es, es la estética hidráulica, para mí. Entonces denominarme, no dice nada en mí ni le dice nada a los otros. Quizá se queden muy tranquilos, si se trata de tranquilizarlos, que dudo mucho que de eso se trate. Y por lo mismo, entonces, no sé si ellos existen por denominarlos o no, o existimos porque nos denominamos, porque tenemos evidencia de lo que somos y lo que hacemos. En mí, ocurre de esa manera.

No sé en los otros. No puedo conocer el carácter que tienen para ello y el destino que han desencadenado en lo que son. O lo que quieren ser. Y sí los medios de comunicación, inciden o no sobre ello, sobre la cantidad de artistas que hay, debe ser porque los medios de comunicación, necesitan que haya una cantidad excesiva de artistas. El artista existe, inclusive, sin el arte, o sea, el arte en que los medios de comunicación se instalan o del que abordan. El artista busca tener el arte, pero el arte, cada vez se hace más irreal, más incomunicable y más intransmisible. No lo tendremos nunca. Y los medios de comunicación, nos dan la ilusión de que sí lo tenemos, como la historia, en cambio no es lo mismo con la naturaleza, eso es, porque es la hybris. El sentido es la physis.

¿Para qué poetas en tiempo de miseria de Friedrich Hölderlin? Para nada.

No soy hijo de este tiempo. Ni de otro, porque lo que busco extraer de mi vida, es lo indecible en lo exótico o desde lo excéntrico como si se tratara de dos estéticas, medidas por métodos, métodos que son o están en movimiento. Inconsciente oscuro y luminoso, en su invocación de la transparencia sutil, es ese movimiento. Entonces lo que se da en mí, no es como hijo de mi tiempo, sino como un rebelde contra su tiempo. Me rebelo insistencialmente contra mi tiempo, la historia, porque mis hilos de tensiones obsesivas se mueven hacia la naturaleza.

Y para ello me he eximido de hacerme desde lo que llaman realidad, para realizar trayectos incondicionados e indeterminados por la naturaleza, como ya lo he dicho. Temblar y nada más. Metódica del Temblor hacia la Visión, como lo decía Kerouac, en lo que él concreta en sus hermosos: “Fundamentos de la prosa espontánea” y nombra como el “TIMING: Nada puede detenerse si fluye en el tiempo y según las leyes del tiempo el énfasis shakespeareano de la necesidad dramática de hablar en el momento, de manera inalterable y con una lengua acuñada para siempre – nada de correcciones (excepto obvios errores racionales, tales como nombres o inserciones calculadas, es decir, no actos de escritura sino inclusiones). Para mí, ese no sostener relaciones con mi tiempo y como hijo del tiempo, se radica en que hay en mí una exacerbación del sentido excesivamente crítico. Y esa indicación irritada de la crítica, es la que me hace ser un poco como un budista zen, al revés.”

(Respuestas a un cuestionario formulado sobre la poesía y el poeta).

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