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Mario Ángel Quintero: «Siete es un número resonante sin ser musical»(siete retablos)

¿Por qué los llamas Retablos? ¿Qué es, en qué consiste el Retablo, es el Retablo una escena, como una escena teatral? Me voy más por el lado de las pinturas que cuelgan sobre la pared detrás del altar.

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Redacción IFM
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Mario Ángel Quintero: «Siete es un número resonante sin ser musical»(siete retablos)


Por: Óscar Jairo González Hernández

¿Por qué los llamas Retablos? ¿Qué es, en qué consiste el Retablo, es el Retablo una escena, como una escena teatral? Me voy más por el lado de las pinturas que cuelgan sobre la pared detrás del altar. La idea, como la de los íconos rusos, es representar la membrana que separa mundos. Por eso hay tanto dorado en esos iconos. Se supone que es el resplandor desde el otro lado. Hay algo traslucido en esa membrana. Nos permite una vista, borrosa, casi onírica, de una lógica cósmica.

Pensemos en la idea expresada por Paul Klee que el arte es un lente, es algo que me permite ver. Klee pensaba que la mejor manera de exhibir cuadros sería sobre los lados de cubos gigantes. Así, uno tendría la impresión que las pinturas eran ventanas que permitían ver los mundos que estaban dentro de cada cubo. Sin duda hay algo de la escena teatral en estos retablos, hay configuraciones, jerarquías, figuras en una relación emblemática y supuestamente reveladora.

Quisiera volver al aspecto onírico de estas miradas a través de la membrana entre mundos. No hay ventana que distorsiona más que un espejo. Es ese momento en que quien observa el cuadro lo asume como algo ajeno que llega la epifanía. Se formulan inquietudes y dudas acerca de este ser extraño y su comportamiento. Cuándo al fin volvemos a reconocer nuestros rostros ocurre un desequilibrio inquietante que nos lleva a estados de identificación entre nosotros mismos y lo extraño, lo que Freud llamaba Unheimliche. Ese extraña magma siempre está en flux, siempre está en movimiento. Eso crea un efecto de desenfoque, de versiones, de palimpsesto. Hay un ejemplo notorio en el Retablo de la Cosecha, el cuento parece terminar, luego se devuelve, y termina de nuevo.

¿Por qué siete (7) Retablos, qué propende desde allí, qué busca provocar, qué teoría lo mueve o lo llevó a ello? Siete es un número resonante sin ser musical. Los días, los mares, los continentes, los colores del arco iris, siete últimas palabras. También mis siete retablos son un guiño de afinidad a las nueve novelas de Osman Lins (1924-1978). En la literatura del cercano oriente antiguo, e inclusive, en la literatura israelita, el número siete representa algo lleno o completo. En el Nuevo Testamento el siete representa la unidad de las cuatro esquinas de la Tierra con la Santa Trinidad. El número siete aparece muchísimo en el libro de Revelaciones.

¿Qué sentido tienen aquí en estos Retablos-Relatos, que usted concibe desde una intención de la naturaleza o símbolo, las indicaciones en relación con el mundo de las frutas (Arcimboldo)? La fruta es el escenario de la gestación. La puntuación del poema que es el mundo adscriptivo se percibe como un reguero de úteros. El contacto vernal y sexual de flores ya ha ocurrido, y hemos pasado a lo hinchado y veraniego. Matriz como frasco sellado, como herida, como cráneo que gesta agresión, como fibra, como algo insecable. El trono de la Reina de lo podrido está en el mercado de frutas.

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