Librerías de ayer y de hoy…librerías y libreros en las aceras y calles de la ciudad
La vida en la ciudad, evidencia también, la muerte. Las ciudades viven, pero a la vez, mueren, como los seres humanos, porque las urbes como ellos no son inmortales.
Por: Oscar Jairo González Hernández. Docente e investigador
La vida en la ciudad, evidencia también, la muerte. Las ciudades viven, pero a la vez, mueren, como los seres humanos, porque las urbes como ellos no son inmortales.
Y se tiende a creer que sí lo son, ya que seguimos o nos hacen continuar hablando de las ciudades, como si ellas no se transformaran, y no fueran transformadas por los que viven en ellas, los que mueren en ellas.
Todo ese trato con la ciudad, es, podríamos decir, de vida y de muerte. Puede ser que no estemos diciendo nada nuevo. Es indudable. No es nuestra intención hacer un tratado sobre lo nuevo en este concreto momento. No es necesario.

La ciudad es nueva para quién no la conoce, o no la conocía, o más, para quien no quiere conocerla. También, se puede decidir no conocer la urbe en la que se vive ni en la que se muere. Nadie puede forzarlo ni someterlo a ello. Como quien dice: no puedes hablar de la ciudad, pues no la conoces, no la has experimentado como yo. Cada quién vive y experimenta la ciudad como quiere, ya lo hemos dicho. Afirmarse o no en ella. Positivar su vida económica en ella, es esencial, y así, se instala en ella, como el artista que hace una instalación llamada: Ciudad barroca o surrealista para vivir en ella.
No tiene más ciudad, que la hizo en su instalación. Y así, hace muchos de los seres humanos que viven en ella. Que tienen que vivir en ellas. Y que no pueden construirlas para sí mismos. Derivas y diseminaciones esperadas e inesperadas con las que tiene que vivirla. Pero hace la manera de construir su ciudad, de hacerse en ella, resolviendo su necesidad económica.

La ciudad estable e inestable le provoca la necesidad del cómo y para qué vivir en ella. Qué oportunidad tiene, cuál es y cómo la acepta o no, como dice Aleister Crowley sobre la: Pura Oportunidad. Es como quién dice, cada uno tiene que construir su vida, sin mentirse, alrededor y desde las economías que debe resolver y que lo resuelven. La ciudad le propone y le presenta la manera de vivir.
Tiene que ser inventor, tiene que inventarse como vivir. Y sí: también como morir a su vida en sí mismo y en ella. Tenerse y sostenerse en la ciudad y en sí mismo. Es así como ese ser humano, busca la manera de vivir. Medita sobre ella. Y como medita sobre la vida en la ciudad, está meditando sobre sí mismo. Es la ciudad de la meditación y del hacer realidad esa meditación. Teoría y práctica, dicen todavía, al aislar y separar la una de la otra, cuando lo básico sería como saber fusionar y unir la una con la otra. De lo inseparable, podría ser el nuevo tratado aquí de la una y la otra. Entonces crea una realidad.
Y hace otra realidad en la ciudad. Derrota el obstáculo, para alcanzar la transparencia. No lo destruye el obstáculo porque no se obstina en él. Corroe los hierros que son la barrera, hace corrosión sobre ellos, y los destruye. Y así la vida de la economía, del sustentarse para sostenerse. Y construye librerías en las aceras. Y se hace librero en esas aceras, sin que le preocupe si es el causante o no de un problema para los otros seres humanos, que viven en la ciudad, que necesitan movilizarse tranquilamente por ellas.

No cede sino a la tentación del orden. No puede ser tentado por él, ya que está en la necesidad de sostener su vida. Y los libros y las aceras, son su medio, su vehículo y su instrumento para hacerlo. Tiene los libros para ello. Y sabe que los libros que más se venden, son aquellos libros que abordan los temas de la autoayuda, y los exhibe sin más, la vitrina es la acera misma. Acera y libros, son un espectáculo exuberante, lo hace exuberante la cantidad de libros que ayudarán a vivir, que servirán de apoyatura a la vida de otros seres humanos.
¿Y será que a ellos como libreros de hecho, esos libros, les autoayudan y son apoyatura para sus vidas, también que los consumidores de ese tipo de libros?. Todavía no lo sabremos. No hemos hecho esa tarea. Quedemos así: No lo sabemos. Y entre los libros clásicos de autoayuda, ve también, para su desconcierto mayor (Conciertos del desconcierto. Manuel Giraldo –Magil) las obras de Marco Aurelio, Séneca, Epicteto y Epicuro (Obras base de su formación filosófica) Medita como el meditabundo sobre el alcance de esas obras en los seres humanos de esa ciudad en la que vive, en la que quizá, morirá, y se dice a sí mismo: que estos libreros en las aceras de la ciudad, pueden contribuir a acerar el espíritu y materializar la vida (sus vidas) de ellos, desde que pueden saber por medio de ellas, las obras, y los libros, como vivir bien, como saber vivir; conocer el saber vivir del que nos habla Nietzsche (Gaya ciencia), que quizá mañana, para su desconcierto mayor, sea una obra más de las que se exhiban y se vendan aquí, entre los libros de autoayuda, en las aceras y calles de la ciudad. La ciudad de la flexión y la inflexión.
Noticias relacionadas
Félix Ángel dice del dibujante y grabador Óscar Jaramillo
¿En qué momento, circunstancias y condiciones de su vida, se relacionó con el Maestro Óscar…
Durante el puente, Medellín tendrá una amplia agenda cultural con conciertos, comedia, teatro y exposiciones
La ciudad contará con una variada programación de eventos entre el 15 y el 17 de mayo, con…
Marketing para Médicos: El manual estratégico de Carlos Betancur para potenciar la salud en la era digital
¿Cómo destacar en un sector salud cada vez más saturado? El experto Carlos Betancur Gálvez lanza su…