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Hugo Mújica: «Para mí Camus es el intelectual que piensa con su cuerpo»

¿En qué momento, circunstancia o necesidad decidió usted leer a Albert Camus?, ¿por qué, para qué y cómo?

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Redacción IFM
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Hugo Mújica: «Para mí Camus es el intelectual que piensa con su cuerpo»


Por: Óscar Jairo González Hernández

¿En qué momento, circunstancia o necesidad decidió usted leer a Albert Camus?, ¿por qué, para qué y cómo?

Me inicié en Camus cuando, en mi adolescencia, comencé a ser un fervoroso, casi fanático lector. Era la segunda mitad de los años 50 del siglo pasado y el existencialismo estaba en el aire, al menos el que respirábamos, los que comenzábamos a disentir con el sistema, con el status quo, los que empezábamos a sentir “La náusea”.

Francia lideraba la cultura y el francés aún era la segunda lengua occidental. El engagement era el santo y seña de la pertenencia a la intelectualidad, a la que yo aspiraba pertenecer. Así, porque estaba en el aire, llegó a mis manos “El extranjero” –al decirlo, ahora, me estremezco- ese libro, pequeño libro, decía lo que yo sentía sin saber decir, ese sol que cegaba, ese domingo pastoso de tedio, ese domingo y todos los días, eso sentía yo, eso mismo decía Camus, tendría, yo, 15 o 16 años, era, intelectualmente hablando, tan virgen como inocente, ese libro podría decir, fue un libro iniciático para mí, y muchos de mi generación.

Años después lo volví a leer, estudiar… nunca envejeció. En mi boca cambió el sabor, ahora menos agraz, pero el gusto de esa primera lectura perdura en mí, mi gratitud hacia él también. Luego vinieron otras lecturas, sobre todo “El mito de Sísifo”, sus primeras líneas, eso de que el único dilema verdaderamente filosófico es suicidarse o no suicidarse, lo repetí ciento de veces, y lo sigo creyendo contra tanta perorata posmoderna con la que diferir cualquier decisión, cualquier compromiso. Me vienen ahora a la memoria las frases del doctor Rieux de “La caída”, su argumento contra el Dios que no impide el dolor de un niño, la perenne rebelión contra la tan llamada como ausente justicia divina, y no obstante, tal el “imaginar un Sísifo feliz”, también aquí, a pesar de todo: la solidaridad, el sí a la vida arrostrando su finitud, también su incomprensión; esa línea y tantas otras que en mi formación me daban letra para saberme y desde ellas decirme. Leí toda su obra, la gusté y disfruté, pero sobre todo su último libro, “El primer hombre”, me ha parecido entre las páginas más “humanas” y bellas que haya leído, simples y en ello mismo irrefutables.

¿En su formación estética, ¿qué relevancia y proyección ha tenido y tendrá o no Albert Camus?, ¿Por qué, para qué y cómo?

No sé si podría marcar algún carácter específico, más bien me queda como un tono con el que fui entonando mi propia escritura, diferente en forma, pero no en el contenido, el que, diría, lleva mucho de Camus, de su escritura y sobre todo su pensar: para mí Camus es el intelectual que piensa con su cuerpo, su cuerpo histórico pero no en el sentido estrecho del término, histórico como encarnado.

Sartre, que llevaba la voz sonante de esos años, era todo un intelectual, era por antonomasia el “intelectual comprometido”, pero lo hacía desde sus principios, sus ideas e ideales. Camus, siento, lo hacía desde sus entrañas. A Sartre, sin indignar la injusticia, a Camus le dolía. Camus, más que el intelectual, me pareció siempre el hermano mayor, grande, pero cercano. Quiero decir, para ceñirme a la pregunta, Camus me transmitió humanidad, y me la transmitió en sus libros, y siempre intentó eso: estar donde escribo, poder darme desde allí, en otra medida, pero como él. Esa humanidad que ya ha comenzado a dejar de señalar lo que somos para ser el adjetivo distintivo de cada vez menos.

¿En qué forma y perspectiva lee hoy o no a Albert Camus?, ¿Por qué, para qué y cómo?

No, ya no leo a Camus, mi camino fue por otras sendas literarias, pero no por ello no está conmigo. Camus, en mi vida, fue “fúndante”, está allí, desde entonces, y está como lo que es verdadero, como aquello que ya es uno mismo.

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