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Guillermo Crespo. Surrealismo simbólico. Exposición Cali

El pintor antioqueño Guillermo Crespo fue invitado a participar en la Primera Bienal Internacional Biodiversidad a realizar del 16 al 22 de agosto en Cali.

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Redacción IFM
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Guillermo Crespo. Surrealismo simbólico. Exposición Cali

Por: Óscar Jairo González

El pintor antioqueño Guillermo Crespo fue invitado a participar en la Primera Bienal Internacional Biodiversidad a realizar del 16 al 22 de agosto en Cali.

Hemos de emprender este insólito viaje sin tiquete de vuelta, lo haremos desde la orilla alucinante del código que rige el vacío y la vibrante estética del asco, sin el asomo implacable de la repugnancia, aquella que no puede ser modificada, siendo inamovible, ya que de hecho y fácticamente, dicho cambio sería drástico también en sus cualidades repugnantes.

El asco posee una altísima inmediatez y lo logra a través de lo nasal límbico. En la enfermedad de “Huntington» los portadores de esta despiadada dolencia pierden la capacidad de sentir asco, ya que pierden totalmente el sentido del olfato y el término de anosmia, en su interior límbico el asco es inexistente. Sucede también que en la vejez cierta proximidad a la muerte ocasione la pérdida total del olfato, en este caso se convierte la anosmia senil en un síntoma de fatal desenlace.

La fragancia del perfume, lo opuesto al desagrado, el sicoanálisis lo considera una sublimación erótica del asco anal, así, quien los entiende, pues…

Vivimos y vibramos de forma pendular entre la atracción y la repulsión, cierto funambulismo en la cuerda invisible de la estética, en ocasiones velado por la seducción del velo ondeante y perfumado, por la lujuria siempre ajena y deslumbrante de la sofisticación.

Los principios de la realidad en su fase cloacal se hacen intensivos en cierto grado de procacidad admisible, en un intensivo curso de escatología de esquina, aquella que imagina cuerpos eviscerados y admite ver la enfermedad viscosa en la incomodidad de un disfrute estético, es la paradoja de la aversión a lo inmundo que a su vez tiene estatus de ficción en la estética mórbida del asco.

«Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente los existentes- leamos nosotros los entes- aparecen y se dejan encontrar, pero no se les puede nunca deducir» – Sartre.

Cuanto enigma en este señor que no necesitó la existencia, pero estuvo ahí… A sabiendas de muchos que nunca superan su fase cloacal, toda su masa contingente y su corporeidad es un bacín cargado y denso, un escupitajo de pústulas a la cara del tejido social, fluido letal, escabrosamente fétido y descompuesto. Hay quienes son así, pero duran poco.

La gran hostilidad existencial es una tríada compuesta por la ira, el desprecio y el asco. No hay quien lo supere sin fallecer en el intento.

La carroza o «Berlina» cuando es de gala, de extremo lujo y alto «pedorraje», representa la dinámica del movimiento que se hace a través del devenir mágico, «Ourobórico» y evolutivo del círculo. Es el nuevo comienzo, representado como la verdadera acción de tomar las riendas de la vida.

Siendo la escatología esa rama de la teología que se ocupa tanto de los finales como también de la historia humana, también se le considera una condición inequívoca de lo obsceno y lo grotesco, de los desechos humanos y la muerte.

En la hipóstasis del asco lacaniano en torno de una escasa postura frente al Arte, encontramos entonces sus curiosas «tres estéticas»: La estética del vacío, La estética anamórfica, (Ver su comentario en torno del fenómeno que ocurre en la pintura magistral de H. Holbein. «Los Embajadores» y por último La estética de la letra.)

Se ha de plantear entonces el Arte como una «organización del vacío», es lo real caótico. El Arte crea una maravillosa zona de incandescencia cuando bordea el vacío, lo circunscribe y tiene el asco como su único límite.

«¿Acaso la belleza no es el último velo antes de lo terrible?»- Nos dice en sus «Elegías del Duino» el inspirado y profundo Rilke.

El encuentro con lo real en el proceso creativo, es una experiencia que nos lleva siempre al límite, es angustiante, catastrófico, incómodo y desconcertante, es un huracán que arremete con furia creando ese único momento paralizante del asombro, la insolente perplejidad de su creador en medio de las horas que en su transcurrir, delimitan el círculo infinito en la noria del olvido. Es ahí cuando «El Arte y las palabras suelen estar para velar su falta». Lacan: Y es en el universo simbólico de un descarnado y visionario Surrealismo, el lugar que permite representar lo irrepresentable en el Arte. Es la transmutación del acto creativo bajo el encanto de un sol radiante en un feérico nuevo amanecer.

Como pueden apreciar entonces, la exégesis de una obra simbólica de esta naturaleza no se podría hacer a punta de escupitajos y viscosas realidades dirigidas casi siempre al atento lector o al interesado espectador de la obra.

El repugnante suplicio múltiple de la mugre no es suficiente bajo ninguna regla, o sea que al tratar de establecer una «Estética del asco», todo su contenido haría que regurgitar sea un imperativo loable y de categoría excepcional.

Socialmente, somos esa historia de náusea donde sus elementos hasta los más limpios e impolutos tienen en su haber una nefasta oscuridad, un cenagal inmundo de putrefacción y para su comprobación solo basta con morir y quedar insepulto. Vamos en la carroza inmersa en el vórtice de la repugnancia, envueltos en la delicada fragancia «Social». Amaremos intensamente el fuego último, ya que la pudrición es para todos, sin excepción, insoportable y total.

EL LLAMADO DEL VACÍO O EL IMPLACABLE TESTIGO» TÉCNICA: Óleo sobre lienzo y Laminilla de oro MEDIDA: 110 Cm  x 80 Cm

«OBSCURUS»…

La implicación oscura del acto producto de la desesperación, como estado de la absoluta negación, solo puede ser inconsciente y originar un acto único de un solo testigo… TÚ.

La oscuridad es un atributo inseparable de la negación, prueba inequívoca y evidente del acto suicida, aquel que no se anuncia y carente de toda publicidad y de todo testamento epistolario colmado de dolor despellejado en lágrimas.

¿Qué busca el espíritu en ese después?, obviamente el vacío, como poderosa potencia de lo infinito, la totalidad de la ausencia, es una conciencia más allá del ego y la dualidad carnal, el fétido «Carnuz» existencial.

La nada como adverbio de cantidad es la más rotunda negación del concepto del «Ser”, no podemos pensar la nada por su misma inexistencia, siendo el vacío y la vacuidad una expresión de la realidad última. Entonces el vacío existe y debemos pensarlo lleno, una especie de estado de infinito, prístino y radiante, puro, es la energía no revelada del punto cero, el azar y la abstracción sin existencia real, una real dirección del tiempo en cuanto instante. El tiempo pasado es la elección favorita del olvido y la manifestación de esa otra forma de vacío, el tiempo inexistente del ayer y el mañana, solo lo «Implacabilis» del instante presente, el sentido negativo de lo implacable se manifiesta siempre en la crueldad, la falta de reconocimiento empático y la justificación de lo implacable en el lado miserable y espurreo de la ley que olvida la perfección divina de la implacable e incorruptible justicia. Hemos de considerar el vacío como la manifestación no resuelta, lo increado en el arte, la eternidad como el impetuoso e imperturbable y vasto reino del inconmensurable silencio, habitáculo siempre oscuro y asqueante y nauseabundo de la muerte.

Acudir al llamado del vacío es la certeza sensible y entrópica del artista, único ser capaz de dilucidarlo y concretarlo en cada una de sus obras, siendo estos eslabones ínfimos de lo absoluto, es el artista que araña a golpes de dolor y angustia de vacío las puertas de su muerte para el hallazgo del vacío eterno y el retorno de lo real en su obra.

Es ahí cuando el arte debe considerarse como un comienzo absoluto, discontinuo y de horror «vacui» existencial constante, ante el llamado del tiempo del instante que se asoma para morir.

«¿Oh dí, poeta que haces tú?

-Yo celebro.

Pero lo mortífero, lo pavoroso ¿cómo puedes, poeta, invocarlo?

-Yo celebro.

¿De dónde tu derecho, bajo todo disfraz, bajo cada máscara o ser verdadero?

-Yo celebro.

¿Y por qué lo sosegado y lo fogoso te conocen como estrella y tormenta?

-Porque yo celebro.»

R. M. Rilke.

Lacan, en su «estética del vacío» plantea el Arte como «organización del vacío“, siendo el significante irreductible. Vacío.

La obra de Arte es el borde siempre circular y «Ourobórico» del vacío… «El Arte es una circunscripción significante de la incandescencia de la cosa»- Lacan.

Dilucidar la jerga y lenguaje «lacanés», nos lleva a algunas percepciones del vacío como algo que solo puede contenerse así mismo en una perenne inexistencia carente de todo principio de realidad, el solo plantearlo nos llevaría a una gran encrucijada, lejos y desde el razonamiento ilógico , su concepto es inefable, he ahí la necesidad del Artista en las sociedades caóticas y demenciales, en términos de sentido, acude a la creación en sí misma del sentido del vacío, para hacer de ello su gran oportunidad de llenar con colores la eternidad del instante, reduciendo todo a la dimensión única del aquí y el ahora, el vacío que solo hace aparecer el Arte y la magia suprema de su manifestación.

La sincronicidad perfecta y confluencia del tiempo, siempre simultáneo en su eternidad, hace del Arte el instante fulgurante y eterno.

El Arte habla siempre en silencio y callado… El imperturbable llamado del vacío.

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