Disertación sobre el yo teatral e inserciones de lo extraño: comer remolacha zodiacal o teatral
Consideraba en sí mismo, o desde la conciencia, que también se le hace inasible e incomunicable, que el teatro no existía hasta el momento en que él lo hacía o estaba en el teatro.
Por: Óscar Jairo González Hernández. Docente e investigador
Consideraba en sí mismo, o desde la conciencia, que también se le hace inasible e incomunicable, que el teatro no existía hasta el momento en que él lo hacía o estaba en el teatro. O si él mismo lo era o no. No concebía eso del teatro como la vida, eso se le hacía absurdo o no, innecesario. Mantenía como esa necesidad de lo innecesario o de llamar innecesario lo que para otros era necesario.
Tenía dudas sobre sí eso se podía vivir, eso que, llaman teatro, porque si tenía conciencia de lo inasible, era por eso mismo, que no podía asir ni asirse a sí mismo en el teatro, había que construirlo en sí mismo como una extensión, de su mundo, de su realidad. Y si era incomunicable, porqué quería saber qué era, y cómo se comunicaba.
Irreconciliable extravío con la razón. No sabía cómo tratarlo.
Era lo intratable, como quien quiere tratar o no una Remolacha. ¿Podría existir un teatro así, que abordará un tubérculo, como problema esencial o extraña manera de problematizarlo, dado que tiene que ver con el gusto, la teoría del gusto? No hacemos eso pues, para llevarle el teatro a otros, o sea, vaciar esa teoría del gusto en medio del teatro. ¿No es lo que exhibimos o nos exhibe? ¿Por qué me gusta o no me gusta la Remolacha? ¿Por qué causaría o no, esa necesidad; para qué? Tiene la Remolacha su escenario. Y hace su teatro, en su escenario natural. No necesita más. La naturaleza es su escenario. Extraer de la naturaleza su escenario dadaísta.

Ya, es que la Remolacha es en sí misma un teatro, tiene forma teatral. No es así. ¿Quién lo dice? Lo incomunicable. No se había dicho pues, que no tenía teatro (la Remolacha), eso es, no lo tiene, por lo tanto habría que construirlo. Todos se interesan más por la conciencia del yo vaciado o vaciante: yo soy quién se busca a sí mismo.
Es mi melancolía. Yo podría decir que es mía, la que tiene el poder de nombrar lo inasible y lo incomunicable teatral, en la medida en que me llena de caos, del frenético caos, del que puedo extraer mi conciencia sobre el teatro, como de la misma manera, lo puedo hacer sobre la Remolacha.
¿Por qué? Dado que la Remolacha es una realidad de la naturaleza teatral de ella misma, como de la mía que puede transformarse en ella. Es la vida en el teatro zodiacal de la Remolacha. Quiero decirme: es que la naturaleza simbólica, me propicia el moverme en un teatro nuevo, en una estética otra, porque me propone, me presenta, un problema, que debo resolver o mantener en lo irresoluble desde mi teatro del caos como turbulencia del sentir, donde me desnudo del nudo, haciéndome naturaleza como una Remolacha, hace su teatro, sin que nadie pueda saber de él, hasta tanto no la devora. O es devorado por los otros. Devorar teatro naturaleza y naturaleza humana. Disquisiciones extraviantes. Extrañas formas simbólicas de la intuición estética y teatral.

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