Cantidad Hechizada, 40 años
El Dragón Lezamiano alcanzó hace 40 años a remontarse sobre el cielo de Medellín, fulgurante, en tiempos en los que comenzaba a cernirse sobre esta ciudad la ominosa noche de los demonios.
Por: Pedro Arturo Estrada
El Dragón Lezamiano alcanzó hace 40 años a remontarse sobre el cielo de Medellín, fulgurante, en tiempos en los que comenzaba a cernirse sobre esta ciudad la ominosa noche de los demonios.
Entre 1986 y 1989 se dieron entonces tres bellos números de una revista que intentó abrir un espacio nuevo de reflexión, de creación y difusión poética inédito entre nosotros y que puso en contacto al lector tradicional de ese momento con el espíritu más alto y riguroso de la poesía del siglo XX, con los asuntos más inquietantes del mundo filosófico, artístico y poético de oriente a occidente, todavía hasta ese momento un tanto desconocidos o extraños.
Cantidad Hechizada fue durante ese vertiginoso periodo algo más que un sueño de jóvenes ingenuos: un desafío a la realidad dada, a la institución literaria y la cerrazón mental del cotarro “cultural” que, pese a la manifestación temprana de otras iniciativas (bienales, cineclubes, artistas, dramaturgos, nuevas revistas y músicos de indudable calidad), seguía siendo bastante indiferente e incluso falto de visión frente a la realidad cada vez más compleja y apabullante de la época.
En estos tres números los lectores, aún inciertos de entonces, pudimos encontrarnos por primera vez con páginas maravillosas, imágenes y textos suscitadores que lograron su “definición mejor” a la luz de la visión hechizada del gran Lezama, el dador proverbial, el propiciador de un diálogo único entre el misterio de las “Eras imaginarias” y lo real maravilloso americano. A esa visión de totalidad se sumaron también voces necesarias de poetas y artistas que en América, Europa y Asia misma exploraban otras dimensiones y experiencias, desde el surrealismo, el Tao, la Teosofía hasta las últimas vanguardias estéticas y conceptuales del siglo.

El propio Óscar González, junto a poetas como Raúl Henao, Carlos Bedoya, Eufrasio Guzmán, entre otros, conformó una suerte de alianza mediúmnica que registraba esa corriente secreta de belleza, imaginación y fervor poético. Fueron tres años en los que se mantuvo vivo ese espíritu revelador y no fue en vano.
Cantidad Hechizada alcanzó su Nadir, su más alto vuelo no para convertirse en piedra sino para transformarse y transformar una mirada, una sensibilidad que hasta ahora permanece despierta y mantiene ese fulgor, ese hechizo que abrió de algún modo otras “puertas de la percepción” entre nosotros, espíritu o fuego que persiste en desocultar todavía los secretos de la palabra, Mecánica Celeste de la poesía que aún reconocemos y celebramos, abiertos los ojos a lo imposible, al tiempo circular que vuelve a nuestras manos. Envigado, 2026

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