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Otra cosa que no entiende Petro: los precios de la energía

Durante el balance de los 100 primeros días de gobierno, Gustavo Petro afirmó que «no se entiende cómo, teniendo todos los embalses llenos y repletos, estemos pagando 400 pesos kilovatio hora, como si no tuviéramos agua generando energía». Haciendo un símil, ni siquiera Nicolás Maduro se ha atrevido

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Durante el balance de los 100 primeros días de gobierno, Gustavo Petro afirmó que «no se entiende cómo, teniendo todos los embalses llenos y repletos, estemos pagando 400 pesos kilovatio hora, como si no tuviéramos agua generando energía».

Haciendo un símil, ni siquiera Nicolás Maduro se ha atrevido a manifestar que no entiende por qué, teniendo una de las mayores reservas petroleras del mundo, la gasolina en Venezuela tiene un costo para los usuarios.

Ciertamente, las tarifas de luz están por las nubes, pero justificar la incomprensión en la abundancia de agua en los embalses, es buscar el muerto río arriba, pues las hidroeléctricas son parte de la generación, que es independiente de los otros factores del sistema de suministro de energía: el transporte, la distribución y la comercialización.

Así las cosas, que los embalses estén a reventar, ni quita ni pone en el transporte y distribución de energía, que incluye los transformadores que elevan la tensión, facilitando el fluido eléctrico. A partir de ese punto, la electricidad pasa por cables de alta densidad, soportados en torres de alta tensión.

Posteriormente se da la distribución de la energía hasta los sitios de consumo, usando los conocidos cables ubicados en postes y torres, esta vez con una tensión baja. De allí pasa a los usuarios. Es de Perogrullo, pero esta parte del sistema tampoco tiene que ver con la plena capacidad de los embalses.

Finalmente está la comercialización, proceso que comienza con la lectura del consumo de energía eléctrica, la entrega de la factura y el recaudo por el pago del servicio. Todas estas etapas tienen un costo, no solo por la infraestructura utilizada, sino también por el mantenimiento de la red de interconexión. Hay que anotar que los comercializadores no dependen de los embalses y, por tal razón, si están llenos, no hacen fluctuar la tarifa.

De hecho, el valor de la factura depende, en buena medida, de la bolsa energética nacional, en la cual se subasta la energía que se va a generar, transportar y distribuir en todo el territorio colombiano. En esa bolsa sí influye la situación de los embalses, pues con escases en los niveles de agua, se tiene que recurrir a las termoeléctricas o a la compra de energía en el exterior, lo que incrementa los costos.

Por todo lo anterior, la diatriba de Petro sobre el precio de la energía resulta siendo una confesión de su ignorancia, aupada por otra ignorante como la ministra de Minas y Energía, que no tiene idea de cómo funciona un sistema energético como el que opera en Colombia y en el mundo. Aunque todos los eslabones forman parte de la cadena energética, señalar a uno solo como el determinante de la escalada alcista, corresponde únicamente a una miopía ideológica crónica.

Adicionalmente, Petro sostuvo que «el diferencial, cuando deberíamos tener la energía más barata en muchos años, es especulación y yo creo que hay que actuar, que a diferencia de la carne de res, la electricidad es un insumo general que provoca un efecto inflacionario en casi todos los productos de la canasta familiar».

Lo que indica el presidente, es que existe una especulación en los precios de la energía. Sin embargo, el valor que se paga por cada kilovatio depende no solo de la generación a través de energías renovables, como las hidroeléctricas, sino también del uso de fuentes fósiles, que en Colombia generan, hoy por hoy, cerca del 14 % del total de la energía que se consume en el país.

Así las cosas, todos los factores mencionados, desembocan finalmente en la bolsa energética de Colombia, en donde cada componente es analizado y hasta disputado en las subastas. Sin embargo, en el imaginario de Petro, son las hidroeléctricas las que entran en una disputa de precios, especulando con las tarifas como si fuera Wall Street, obviando mencionar, por ejemplo, la presión que están ejerciendo las generadoras fósiles en el mercado energético colombiano.

La realidad es que hay diversos factores que inciden en la tarifa de energía y, aunque es evidente que existe un abuso en los precios finales, centrar la problemática en los embalses es un absurdo a la luz de todo lo que implica el sistema energético, cuyos actores deberían ser vinculados en un proceso coherente, para aliviar en algo la carga de los usuarios de electricidad.

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