Magnitogorsk, un crimen de lesa humanidad que nadie conoce.
Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón. Es desconcertante que en la época actual, en donde prácticamente todo el conocimiento adquirido de la humanidad está dentro del bolsillo de cada habitante del planeta por medio de sus teléfonos inteligentes, las personas no se dignen a investigar un poco sobre

Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón.
Es desconcertante que en la época actual, en donde prácticamente todo el conocimiento adquirido de la humanidad está dentro del bolsillo de cada habitante del planeta por medio de sus teléfonos inteligentes, las personas no se dignen a investigar un poco sobre las propuestas de los líderes políticos y de las ideologías que desean implementar dentro de sus países.
En las últimas semanas, el hoy candidato más opcionado a llegar al primer cargo público del país, habla sin miramientos sobre el cambio de las políticas económicas del país, donde según sus palabras, va a migrar desde un modelo extractivo a un modelo productivo, queriéndose presentar como el candidato “verde” que desea implementar la agenda globalista presentada en Glasgow.
Un país en el cual gran parte de su salud económica depende de los recursos minero-energéticos, no puede darse el lujo de abandonar ese modelo simplemente por el capricho de un mandatario que considera que el Mercado debe ser regulado desde las más altas esferas, lo que llamó el gran Friedrich August Von Hayek, “La Fatal Arrogancia”, sustantivo que define perfectamente a Gustavo Petro.
En uno de los capítulos del libro, “La Historia Criminal del Comunismo” del historiador español, Francisco Díaz Villanueva, se presenta una planificación central desde el Kremlin que hoy se considera un desastre ecológico y un crimen de lesa humanidad; los hoy “defensores del medio ambiente” han sido los mayores ecocidas de la historia y Magnitogorsk es una evidencia palpable de ello.
Para 1928, Stalin proclamó el fin de la guerra civil y comenzó a toda marcha el proyecto comunista a su imagen y semejanza. El tirano ruso dictaba a voluntad todos sus deseos de transformación y sus subalternos únicamente se dedicaban a planear como complacer al líder, a ese modelo lo bautizaron Plan quinquenal, en donde “La economía iba a dejar de obedecer a las espontáneas e irracionales fuerzas del mercado”. Una evidencia más que clara que el comunismo desprecia lo más bonito y mágico del libre mercado, y es que gracias a ser una fuerza incontrolada y espontánea, nadie tiene que conocerlo para ser partícipe de él y las leyes de la oferta y demanda mueven los recursos de una manera más eficiente que lo que puede llegar a imaginar cualquier planeador central “si una persona a duras penas sabe que va a consumir en los próximos tres meses, estos ingenieros sociales sabían a ciencia cierta lo que iban a demandar 150 millones de soviéticos durante un lustro”
Stalin estaba obsesionado con colectivizar la agricultura y por industrializar a su país: “llevamos un atraso de 50 o 100 años con respecto a las naciones desarrolladas” lo cual era cierto gracias a las guerras y el despotismo de los zares, que no permitió que Rusia fuera pionero en el desarrollo generado por la Revolución Industrial, debido a la constante rivalidad entre los primos que gobernaban a Inglaterra y Rusia, lo que condenó al país más grande del globo terráqueo a ser un país rural subdesarrollado. El padrecito quería terminar con esa condición: “Debemos eliminar esa distancia en solo 10 años, Si no lo hacemos, nos aplastarán”
Terminar con la propiedad privada mediante el robo estatal llamado expropiación, es una tarea fácil que conlleva un esfuerzo autoritario que un tirano no tiene el más mínimo problema de cubrir, pero desarrollar industrialmente al país, es otro cuento. El desarrollo requiere de planeación, personas preparadas, sacrificio y ahorro, todo ello combinado con trabajo duro en donde las personas vean recompensado su esfuerzo, cosa que en medio del colectivismo no es posible y allí comienzan las incongruencias normales de todos los regímenes comunistas y socialistas. Para salir adelante y desarrollar sus planes necesitan desesperadamente de las herramientas del capitalismo. “Stalin aflojó las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, donde el déspota, incomprensiblemente tenía un considerable número de fans. El mismo año en que dio comienzo el plan quinquenal (1928), una delegación soviética se desplazó a Cleveland para estudiar in situ el milagro industrial americano”
Los analistas soviéticos determinaron que el desarrollo se basó fundamentalmente por la industria siderúrgica, y por ello, copiaron literalmente tornillo a tornillo las plantas de la ciudad de Gary en Indiana y contrataron por miles de dólares a ingenieros americanos que se encargaran de la construcción. La nueva “Gary soviética” iba a ser un pequeño pueblo ubicado a 1700 kilómetros desde Moscú en el medio de la nada, un lugar llamado Magnitnaya, “un apartado fuerte de tiempos de los zares bañado por el río Ural”. La decisión del sitio fue completamente adrede, debido a que ese pueblo estaba fundado sobre una gran montaña de mineral de hierro, pero ni siquiera el nombre fue respetado, no era concebible conservar el nombre de un fuerte zarista, por lo tanto, allí nació la ciudad de Magnitogorsk.
Para la construcción de la nueva ciudad se contrató a un diseñador urbanístico alemán llamado Ernst May, quien al poco tiempo renunció debido a que sus diseños no eran seguidos en absoluto, lo único importante era la construcción de las siderúrgicas, “La ciudad quedó oficialmente terminada en 1931, pero sólo la parte industrial. A la residencial le faltaba aún mucho, pero no había dinero para terminar las casas”, eso obligó a que sus habitantes fueran confinados en barracones, 100.000 personas conformadas por familias enteras, respiraban literalmente el humo de las calderas, los niños quienes no iban a las escuelas, debido a que no estaban construidas, correteaban y jugaban en medio de los hornos de fundición, “sus padres sin más derecho que trabajar de sol a sol y sometidos brutales capataces que alargaban las jornadas de trabajo para hacer méritos delante de sus jefes”. Siempre dentro del socialismos existen unas personas más iguales que otras y todos de una u otra forma buscan destacarse para ascender dentro del partido y así poder mejorar sus condiciones de vida.
El mundo conoció las atrocidades de vivir dentro de Magnitogorsk, gracias al escritor americano John Scott quien había contraído nupcias con una rusa quien había trabajado en las minas de la ciudad, en su libro “Más allá de los Urales” presentó de manera descarnada lo que significaba vivir en ese infierno en la tierra, en donde los hornos a 1500 grados de temperatura eran un lugar en donde la muerte de los trabajadores era más que común; sin condiciones de seguridad, con exigentes horarios de trabajo y sin preparación para la labor, las personas estaban condenadas. Como era de esperarse “Stalin respondió a Occidente a su estilo: cerrando la ciudad a los extranjeros. Magnitogorsk se sumió en la penumbra durante medio siglo”
Para 1960 la ciudad albergaba a unas 600.000 personas, todas confinadas a las fábricas como los siervos estaban confinados al campo; las viviendas eran sobrias y teñidas por el hollín de los hornos, los gases sulfúricos emanados por las calderas, era el aire que respiraban y los residuos industriales vertidos al río Ural, era el agua amarillenta y mal oliente que tomaban, siempre y cuando no hubiera cortes, cosa muy común durante esa época.
La montaña de mineral se agotó con el tiempo y hoy se tiene que importar el mineral para encender las calderas; unas 400.000 almas aún deambulan por el infierno magnético de Magnitogorsk, pero la estela de gases contaminantes por más de medio siglo, destruyeron y contaminaron la estepa “El medio natural ha quedado devastado hasta el punto, que el gobierno ruso lo declaró hace años como, <<Zona de desastre ecológico>>”
Pero no solamente se afectó al medio ambiente “según las autoridades locales, solo el 1% de los niños gozan de buena salud”, nacer de padres que han sido envenenados durante décadas tiene consecuencias a perpetuidad, “se hizo un estudio entre los recién nacidos y se descubrió con horror que sólo 3 de cada 10 nacen en condiciones óptimas, el resto están enfermos desde el alumbramiento”
¿Qué futuro puede tener una ciudad o un país en donde “un niño con aspecto saludable es considerado una rareza”?
Magnitogorsk es otro crimen de lesa humanidad realizado durante la implementación por la fuerza de la doctrina más asesina de la historia de cual nadie habla y mucho menos se esperará algo de justicia en su caso; simplemente los hoy autoproclamados defensores del medio ambiente, los líderes verdes que son socialistas disfrazados esconderán y venderán humo entre las masas que no se dignan a buscar en sus bolsillos y vislumbrar la realidad que conllevan sus palabras.
El libro, “La Historia Criminal del Comunismo”, el cual está disponible en Amazon y en otras plataformas y librerías, es de obligatoria lectura para las personas que desean conocer los actos más escalofriantes que se realizaron alrededor del mundo en los países en donde calaron las ideas de Karl Marx y que los hoy militantes quieren esconder.

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