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Bolívar, ¿Héroe o Villano?

Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón. A pocos días de la conmemoración del fallecimiento del libertador en la Quinta de San Pedro Alejandrino en la ciudad de Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, se presentará una serie de acontecimientos en la vida del prócer, que no son para nada heroicas, pero

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Redacción IFM
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Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón.

A pocos días de la conmemoración del fallecimiento del libertador en la Quinta de San Pedro Alejandrino en la ciudad de Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, se presentará una serie de acontecimientos en la vida del prócer, que no son para nada heroicas, pero que hábilmente la mayoría de la literatura latinoamericana ha decidido saltarse, para darle aires de superhéroe a Bolívar Palacios.

No es un ensayo para hablar en contra de quien es reconocido como el mayor libertador de la historia de la humanidad, título otorgado porque dentro de sus fines no estaba la conquista de territorio alguno, sino simplemente permitir quitar el yugo del imperio español que estaba al mando a principios del siglo XVIII en prácticamente toda Latinoamérica; lo que se busca es demostrar que incluso los más grandes, son seres humanos que cometieron errores y en muchos casos fueron tiranos en la búsqueda de sus objetivos.

Durante siglos la frase “el fin justifica los medios” dicha por Nicolás Maquiavelo, fue una excusa para alcanzar cualquier logro personal sin importar el desastre que dejó a su paso, pero en pleno siglo XX, el más grande luchador por la libertad y la no agresión, Mahatma Gandhi, cambió la frase y enseñando al mundo que “el fin y los medios no son separables”, demostrado durante su campaña por la liberación de la India del imperio británico, debido que un mal medio puede destruir cualquier campaña por noble que sea.

En uno de los capítulos del libro, “La otra cara de Bolívar, la guerra contra España” del historiador colombiano, Pablo Victoria, se presenta un capítulo dedicado a los orígenes del libertador en donde a diferencia de la creencia popular, no fueron actos de nobleza o de grandeza los que llevaron al nacido en Caracas a comenzar la campaña libertadora, sino un odio visceral hacia la corona por no darle los títulos nobiliarios a los cuales creía tener derecho de nacimiento.

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón desembarca y comienza el llamado descubrimiento de América, en esos primeros años a las tropas españolas enviadas desde la península ibérica, quienes combatieron mano a mano en contra de los aborígenes para establecerse en la región, pudieron llamarse tropas invasoras, pero “las guerras de independencia están referidas a un invasor foráneo de un territorio y a los españoles no se les podía considerar foráneos”. Mas de 300 años de mestizaje hizo que dentro de las colonias todos fueran una mezcla de nativos y europeos así que “los independentistas criollos eran hijos o nietos de españoles y, en este sentido fue una guerra de hijos contra padres” Una mal llamada independencia que lo que buscaba era que los nuevos aristócratas criollos, despojaran de poder a los aristócratas viejos y tomarse el control del territorio sin tener que rendirle cuentas a ningún Rey.

El adagio popular, los hijos son el reflejo de sus padres, se cumple a cabalidad con Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, debido a que el padre de éste “Juan Vicente de Bolívar y Ponte instigaba en actos conspiratorios contra el Rey de España” en la misma época en la cual Francisco de Miranda comenzaba a ser un reconocido revolucionario y arquitecto de la independencia del continente. Pese a eso, Juan Vicente siempre se presentaba haciendo ostentación de los títulos nobiliarios conferidos por la corte española.

El tatarabuelo del libertador, Don Francisco Marín de Narváez, tuvo un amorío con una mujer de raza negra o mulata, incluso se le atribuyen raíces congolesas; fruto de la cual nació una hija a quien llamó Josefa Marín de Narváez, la cual reconoció en el Libro de Bautismo de Hijos Blancos, previo pago de una “ayuda” al monasterio de la ciudad. Al morir Don Francisco, Josefa heredó completamente la fortuna de su padre por ser hija única, lo que la convirtió en una mujer muy rica perteneciente a la alta sociedad caraqueña, pero quien no podría aspirar a títulos nobiliarios por no poder demostrar pureza de sangre blanca por un período de al menos 100 años dentro de todos sus antepasados. Esa falta en el árbol genealógico era más que suficiente para que la Corona se negase a dar el anhelado título a los descendientes Bolívar, a lo cual otra familia muy prestante de la época, Los Palacios, -lado materno del libertador- siempre hacían mención en modo de ofensa “Advirtiendo que no es necesario hacer mención a la Marín, porque los demás ramos le sobra suficiente prueba

Los títulos conferidos vienen por un claro acto de corrupción, -parece que es innata de la región y viene con el adn español-, debido a que el hijo de Doña Josefa, futuro abuelo de Simón, Don Juan de Bolívar Villegas, “quien, por razones burocráticamente desconocidas, pagó veintidós mil ducados para comprar uno de los dos títulos de Castilla concedidos a los monjes del Monasterio de Monserrat por el Rey”, desde ese momento los Bolívar contaban con título nobiliario otorgado por la Corona España.

Por otro lado, la familia rival de los Bolívar, los Palacio, también aspiraron mediante esa argucia para obtener un título. La madre de Simón, Doña Concepción Palacios, pagó una fuerte suma de dinero, pero a diferencia de la familia de su esposo, éste nunca le llegó y tampoco recibió retorno del dinero abonado para la transacción.

Estos señores Palacios eran de la más rancia nobleza venezolana y se disputaban con los Bolívares títulos y gracias, pues aquéllos gozaban del privilegio propio del cargo de Alférez Real en tanto que los Bolívares ejercían a perpetuidad uno de los cargos de Regidor del Cabildo”. Una muestra clara que Simón nació en una familia de altísima aristocracia en el continente y lo que menos le interesaría era un cambio que pudiera afectar su condición, a menos que se introdujera en él un sentimiento antiespañol desde la cuna, cosa que claramente ocurrió “Juan Vicente heredó de su padre los resentimientos antiespañoles” por tener que pagarles por un título y por el otro lado, el sentimiento de traición hacía su madre, la cual pagó por un titulo que nunca le fue otorgado.

Los títulos nobiliarios eran exclusivos para españoles blancos, así que cuando se otorgaban a personas de otras etnias siempre se miraban con recelo y se les trataba como inferiores, es así como los retratos del libertador “quien mostraba tez cobriza y áspera y cabello achurruscado”, fueron hábilmente modificados, para presentarlo con cabello lacio, rasgos romanos y más alto de lo que realmente era. Bolívar era “un simple mortal, delgado, bajito, de apenas 1,65 de estatura y fisonomía del montón y a quien el notablato limeño llamaba ‹‹el zambo››, cruce de negro e indio”. El general Páez decía al respecto “El general es decididamente feo y detesta los españoles

Otro aspecto que se oculta de Bolívar era el expresado por el presbítero José Antonio Torres y Peña con respecto a su vocabulario “Con aspecto feroz y amulatado, de pelo negro y muy castaño bozo. Inquieto siempre y muy afeminado. Delgado de cuerpo y de aire fastidioso. Torpe de lengua, el tono muy grosero; y de mirar turbado y altanero”. Su pedestal del cual nunca descendía lo hacía una persona odiosa, altanera y humillante, “Tan altanero y grosero era que en una audiencia concedida se negó a besar la sandalia del papa Pío VII”. Además, regularmente tenía problemas porque no inspiraba confianza debido a que nunca miraba a los ojos “ya que esquivaba la mirada de sus oficiales y los trataba de manera humillante”. Un francés llamado Laffond quien lo conoció decía al respecto: “los signos más característicos de Bolívar eran un orgullo muy marcado, lo que presentaba un gran contraste con no mirar de frente, sino a los muy inferiores. El tono que empleaba con sus generales era muy altanero”; igual impresión tuvo José de San Martín, el otro gran libertador del continente: “su falta de franqueza me fue demostrada en las conferencias que tuve con él en Guayaquil, en las que jamás contestó a mis propuestas de un modo positivo, y siempre en términos evasivos. El tono que empleaba con sus generales era extremadamente altanero”

A pesar de su tez cobriza, en su primera infancia era cruel con las personas de color “se divertía en matar negritos con un cortaplumas”, no es una frase literal, pero si una frase que evidencia el placer que le daba el cometer excesos con las personas que consideraba como inferiores. Pero esa crueldad lo llevó a tomar sin remordimientos medidas bastante extremas como la encomendada el 8 de febrero de 1814 cuando ordenó ejecutar a 1200 españoles con la siguiente misiva escrita a Leandro Palacios desde Valencia, Venezuela: “En consecuencia, ordeno a usted que inmediatamente se pasen por las armas todos los españoles presos en esas bóvedas y en el hospital, sin excepción alguna” Un acto claro que hoy se calificaría como un crimen de guerra que lo llevaría a la cárcel o la pena capital.  

El libro, “La otra cara de Bolívar”, el cual está disponible en Amazon y en otras plataformas y librerías, es de obligatoria lectura para las personas que desean conocer otra versión de la historia, en donde nos presenta a un libertador mucho más humano que divino, con miles de defectos los cuales se esconden para no afectar su memoria y legado.

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